31 de Agosto DIA INTERNACIONAL DE LA SOLIDARIDAD

Antes de definir el término es necesario establecer su origen. Este concepto proviene del término del latín soliditas que hacía referencia a una realidad homogénea, entera y unida donde los elementos que conformaban ese todo eran de igual naturaleza.

De este modo, el concepto de solidaridad describe la adhesión de modo circunstancial a una causa o a proyectos de terceros.

El término se utiliza en forma habitual para denominar una acción de perfil dadivoso o bien intencionado. De todas maneras, su raíz etimológica hace referencia a un comportamiento in-solidum, es decir, que se enlazan los destinos de dos o más personas. Por lo tanto, ser una persona solidaria no se limita al ofrecimiento de ayuda, sino que implica un compromiso con aquel al que se intenta ayudar.

El sentido más básico de la solidaridad supone que se desarrolla sin distinción, límites o condicionamientos de sexo, raza, nacionalidad, religión ni de afiliación política. La única finalidad de la solidaridad puede apuntar al ser humano en estado de necesidad. De todas formas, el uso del término ha quedado desvirtuado ante el abuso del discurso político y el denominado marketing solidario.

La verdadera solidaridad es ayudar a alguien sin recibir nada a cambio y sin que nadie se entere. Ser solidario es, en su esencia, ser desinteresado. La solidaridad se mueve sólo por la convicción de justicia e igualdad.

26 de agosto, fecha de nacimiento de la beata Madre Teresa de Calcuta, se celebró el Día Nacional de la Solidaridad, porque “su testimonio de vida, encarnado con el dolor y el sufrimiento de los más excluidos es un modelo indiscutible de servicio y amor solidario, capaz de interpelarnos individual y socialmente”.

“La solidaridad es tan propia del pueblo argentino que nos enorgullece verla surgir espontáneamente ante tantas situaciones de emergencia y adversidad -expresó monseñor Fernando María Bargalló. El dolor ajeno nos conmueve porque, ¡gracias a Dios!, aún palpitan sentimientos en nuestro corazón”.

Sin embargo, el prelado consideró que “ante la enorme pobreza y marginación que aún padecen tantos hermanos, es indudable que debemos seguir fortaleciendo y – sobre todo – sosteniendo esta solidaridad que nos define como pueblo”.

“Es importante que tomemos conciencia de que nuestra acción personal, incluso la más humilde y discreta, en la medida en que reafirma el modo fraternal y comunitario de convivencia, es un aporte precioso al crecimiento de los vínculos y de la solidaridad”, subrayó.   En este sentido, monseñor Bargalló estimó que “es necesario transformar la solidaridad en una virtud social fundamental, como definió Juan Pablo II: ‘la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común… para que todos seamos verdaderamente responsables de todos’. Sin desmerecer el sentimiento de compasión, pero superándolo, podremos construir un modo de convivencia social capaz de transformar las situaciones de exclusión en estructuras de equidad y vida digna para todos”.