DESPIERTE SEÑOR PRESIDENTE, DESPIERTE

Escribe: Hernán Leonel
Pese a haber ganado las elecciones con un margen para nada despreciable y de tener que lidiar el primer año de mandato con una pandemia que recién ahora está dando tregua, el presidente Alberto Fernández no logra generar confianza puertas para afuera y desde adentro lo tienen rodeado. La vuelta al Fondo Monetario Internacional divide aguas.

El gobierno no solo fracasó en su intento de frenar la inflación, sino que los precios están viviendo una disparada histórica. Y Argentina tiene hoy las tasas de interés más altas del mundo. Atrás quedaron las promesas de campaña donde el por entonces candidato kirchnerista trataba de desligarse del ala kirchnerista diciendo que él no era Cristina, que su gobierno sería moderado, que venía a dejar de lado la grieta y establecer lazos comerciales con las industrias, el campo y vincular al país con el mundo todo. En otro renglón, ahora tachado con marcador, quedó la parte del discurso que decía: “Voy a recomponer las jubilaciones un 20%” (Las jubiladas y los jubilados que tan mal la pasaron con el Gobierno de Macri, volvieron a ser ajustados con el Gobierno del Frente de Todos. A fines de 2019, el oficialismo suspendió la movilidad jubilatoria y en su lugar otorgó aumentos que fueron menores); “Vamos a ocuparnos de que el hambre se termine” (A estadísticas de hoy, las cifras aumentaron a 20 millones); “Voy a ayudar a que las exportaciones crezcan” (“Tenemos la maldición de exportar alimentos”, comentó la Diputada Vallejos. “La Argentina tiene una desgracia, que a veces se piensa que es una bendición”, señaló Vallejos en su cuenta de Twitter). El mismo día que asumió, el Presidente leyó una parte del discurso que decía: “Sin una justicia independiente del poder político, no hay República ni democracia, solo existe la satisfacción de jueces pendientes de satisfacer el deseo del poderoso y a castigar sin razón a quienes lo enfrentan” (Por eso mismo la Oficina Anticorrupción anunció su retiro como querellante en las causas Hotesur y Los Sauces que tienen en vilo a Cristina).

  Para seguir dividiendo las aguas, el presidente Alberto Fernández sigue firme con su proyecto de ley de Reforma de la Justicia, que impulsa la unificación y duplicación de los juzgados federales y la designación de un consejo de expertos (espero que no sean los mismos expertos que asesoraron al Presidente en la lucha contra el COVID) para que asesore al Poder Ejecutivo.    La reforma del Gobierno busca ampliar y reordenar la justicia federal en todo el

país. La Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) comenzó este miércoles a enviar cartas documento para intimar a 220 jueces/zas, fiscales/as y defensores/as que tramitaron su jubilación para que opten: o renuncian y se jubilan de verdad o siguen en sus cargos y retiran el trámite jubilatorio. ¿Duelo de titanes? Poder Ejecutivo contra Poder Judicial. Veremos cómo sigue la pelea. Recién empieza el año y aún resta definir qué, cómo y cuándo se hacen las elecciones Legislativas. PASO a PASO.

   En el mientras tanto, el país se va disolviendo lenta pero inexorablemente, hay que ser voluntariamente ciego para no advertirlo aunque no hay peor ciego que aquel que no quiera ver, sino pregunten en la calle a los puesteros de La Cámpora que te anotan en el “listado” para vacunarte contra el COVID 19. Ojo, de vacunación saben los muchachos y las muchachas camporistas de los movimientos revolucionarios que pelean contra el capitalismo fervientemente aunque la mayoría usa smartphones para la inscripción. ¿Dónde quedaron los descamisados guevaristas boina cubana de papel y lapicera? Pero no nos vayamos del eje que veníamos. El país sufre la inoperancia política mientras el ciudadano de a pie va deslizándose hacia la pobreza extrema. El campo, la industria, los servicios, los emprendedores, ven cómo se los expropia para ampliar la economía asistencial, sin estímulo alguno ni compensación que permita continuar generando riqueza. No se puede sostener más a la mitad de la población sin que estos generen valor, recursos y solo se limiten a respirar y transitar el día a día mientras la otra mitad debe producir, esforzarse, generar el triple para terceros que se sientan a esperar. El dame debe ser desterrado.

  Repartir lo ajeno, aún a costa de destrozar la actividad productiva sigue siendo el plan que dicho sea de paso, ese es el único plan aunque el Presidente diga que no le gusta seguir uno. Pero… sigamos algo, no se puede vivir desde lo impensado, de lo que nos marque un GPS roto y desdibujado que un día nos marca el Norte siendo el Sur hacia donde finalmente vamos. No existe Corea del centro. Despierte señor Presidente, despierte. ¿No se da cuenta de que el país no vale? ¿Por qué será que todos quieren vender y nadie

comprar?  Irse, no venir. A la producción agropecuaria, base fundamental del financiamiento de toda la estructura industrial argentina, se le ha anulado su rentabilidad y ha perdido más de la mitad de su valor. Cabe sólo observar lo que significa el nivel de retenciones, aplicadas sobre el valor “oficial” de la divisa, para entender el empobrecimiento de las empresas agropecuarias, cuyo

capital es carcomido por una presión impositiva desbordada, muy superior a la ya apabullante presión fiscal que sufre toda la economía. Se le paga 60 pesos por dólar al que exporta, pero se le cobran 140 pesos cuando debe comprar sus insumos.

   Las fuerzas políticas y sociales que sostienen este rumbo no se caracterizan por lo ideológico, sino que conforman un conglomerado heterogéneo cuya línea unificadora es la destrucción del estado de derecho y la instalación de la ley de la selva. Rentistas autodefinidos “empresarios”, mafias varias nuevas y viejas, corporaciones gremiales putrefactas, financistas sin escrúpulos, caciques de tolderías varias disciplinadas por planes y bolsones de comida, logias políticas sin ningún compromiso con el país que sólo ven al Estado como un botín de guerra, todas ellas bendecidas por el “pobrismo” de la línea hoy hegemónica de la iglesia católica, para la para la  cual la pobreza extrema es preferible a cualquier “desigualdad”, aún aquella resultado del esfuerzo de trabajo, de la inversión productiva y del compromiso con el progreso económico.

   Aún y luego de un año sin clases se debate si se deben volver a abrir las escuelas. Un año y no hay plan para la vuelta segura de los chicos al lugar donde deben estar los chicos que es dentro de un aula. Despierte señor Presidente, despierte. Despierte a sus Ministros, despierte a quien deba despertar pero debe hacerlo. Las escuelas no son merenderos ni edificios para ejercer la constitución y darle al pueblo el derecho a voto. Las aulas no son meramente un cuarto oscuro utilizado cada dos años. Son la base de una sociedad.

    Es la piedra fundacional de lo cívico donde emerge la educación y las ansías del saber. Es el encuentro de niños y adolescentes que forjarán su destino y el de la Nación toda. La escuela no es una plaza, un bar, un ente público nomás.  Ahora si su plan que no es un plan es demoler las instituciones y llevar a la sociedad al estatismo… le debo reconocer que lo está logrando. Vivamos colgados de la teta del Estado y veamos hacia donde vamos y luego veremos cómo quedamos. Claro, para que la vaca se seque aún falta.

   Me olvidé que las elecciones son este año y dentro de dos años.

   Mientras tanto vivamos la vida aunque la polarización impulsada por la mafia corporativa del populismo la hace imposible y la banalidad con que es mirada la política por gran cantidad de ciudadanos hace el resto. Despierte señor Presidente, despierte antes de que sea demasiado tarde y el ensueño, ese trance donde conviven el surrealismo y lo tácito, sea una acumulación de presentes sin futuro ni pasado. Despierte para intentar dejar de reflejar el funcionamiento del subconsciente, dejando de lado cualquier tipo de control racional que consiste en la mezcla de imágenes creadas al azar con otras que le son obsesivas.