¿DIVERSIDAD EDUCACIONAL? o ¿Diversidad educacional?

Una Nota de Hernan Leonel
El diccionario nos dice que DIVERSIDAD es un término derivado del latín que implica desemejanza, diferencia, variedad, heterogeneidad, entre otros. Dependiendo también de distintos autores podemos decir y enfatizar que es un oxímoron y que choca con el significado de igualdad, equidad, inclusión [sic] haciendo efímeras algunas de dichas palabras que tanto suelen estar “adornando” las adecuaciones curriculares, ergo Justicia Curricular , ergo accesibilidad curricular y que parecen no más que tinta volcadas en un documento. Dependiendo el partido de turno tendrá mayor o menor relevancia, cuando es sabido que hace años ya deberían dejar de ser simples palabras para convertirse en políticas de Estado independientes de los políticos que cada cuatro año rompen los acuerdos didácticos y garabatean el marco general del diseño curricular para la educación sin tener presentes las necesidades educativas. Por ende, ¿hablamos de diversidad con mayúsculas o lo hacemos con minúsculas?

Si bien se enfatiza que cada estudiante manifiesta necesidades educativas en función de su propia individualidad, no debemos olvidar que la población escolar es parte de un tejido social en el que coexisten diferencias estructurales en cuanto a las características individuales, raza, etnia, cultura, religión, condicionamientos económicos, que da como resultado una segregación escolar. Esta situación interpela a la comunidad educativa replanteos profundos y respuestas distintas, se podría decir, entonces, que lo que se requiere es un sistema educativo con capacidad de integración. El Ministerio de Educación y sus ministros hasta los directivos y docentes y la comunidad toda debemos comprender que la atención a la diversidad debe constituirse en un elemento cotidiano y habitual y no debe representar medidas excepcionales que se adoptan para determinados estudiantes.

 Respetar la diversidad supone una exigencia, un requisito básico y fundamental de todo sistema educativo en el cual se deba procurar brindar una educación adecuada a las características de los estudiantes y evitar así que se generen desigualdades educativas, ya que el derecho a aprender de todo ser humano y el respeto por lo que es y por lo que es capaz de ser y hacer.

En este sentido es necesario mencionar la brecha digital que plantea la coyuntura actual frente al COVID-19. Las escuelas ofrecen un mal llamado “acompañamiento pedagógico” impuesto a los estudiantes y sus familias de manera unilateral, exigiendo un sin número de actividades que muchas veces se tornan difíciles de cumplir y sostener.

Dando por hecho un piso material y tecnológico existente con el que muchos alumnos ni docentes cuentan. En este sentido, la escuela vuelve a plantearse como una estructura rígida que plantea que todos los alumnos respondan de igual manera ante una situación social, familiar, histórica singular y de mucha incertidumbre.

Urge generar una escuela cada vez más abierta, flexible, crítica y pluralista, un espacio donde se pueda desarrollar, potenciar y formar de diversas maneras a las personas, para lo cual es fundamental avanzar hacia un modelo de escuela que supere la visión de que todos los alumnos deben aprender de la misma manera, saber lo mismo y al mismo tiempo, que todos deben responder igual ante distintas exigencias.

Y si de exigencias hablamos, no podemos no mencionar la manera arcaica en las formas de evaluar. A lo largo del tiempo hubo y hay varios enfoques, uno es el conductista y el otro es el constructivista. Al primero se lo entiende como resultadista, es la forma menos pedagógica que un docente puede tener para evaluar ya que no considera los errores como parte del aprendizaje y solo se basa en que el alumnado interprete lo aprendido mediante una medición/ evaluación para verificar el “dominio” de los contenidos; mientras que en el enfoque constructivista, valga su palabra, tiene como intención ir construyendo los aprendizajes del alumnado considerando a la evaluación como una herramienta más y no la principal forma para justamente evaluar. Dicho enfoque acepta los errores y los considera fuente de aprendizaje como forma de andamiaje a través de la retroalimentación continua entre el docente y el alumno/a.

Esto último pocas veces sucede ya que se sigue evaluando de forma numérica y con un examen como única medida/ herramienta para acreditar una materia sin tener en consideración el recorrido del alumno/a durante todo el transcurso del trimestre, semestre o año.

No importa su participación, solo se busca su error y marcar los mismos sin devolución o razón alguna. Sólo se toman en cuenta como relevante, aquellos conocimientos consolidadosy no se hace un enfoque en los aprendizajes adquiridos, algo que es netamente fundamental para que el alumnado no se transforme en un simple “repetidor” de conceptos y se dé lugar a su propio criterio crítico.

 Aquí también debemos pensar que la finalidad de la evaluación debe ser un todo, una mirada global del desarrollo productivo del alumnado, mirando y objetivando su problemática (si es que existiera) y atendiendo la misma.

Evaluar de forma cualitativa y no de forma cuantitativa. Partiendo desde casa y haciendo escala en los sistemas educativos, debemos dejar de pedirles a los alumnos que sean proactivos y productivos para pasar a pedirles que sean creativos. Existe un consenso entre especialistas sobre lo importante que resulta activar los procesos creativos y materias como música, plástica y educación física se vuelven esenciales en coyunturas críticas como la que nos atraviesa.

Una vez que lleguemos a distinguir esos dos procesos, cambiaremos el significado de la palabra “evaluación”.

Volviendo al eje de la nota, la integración escolar puso de manifiesto que determinadas formas de encarar la educación en función de la diversidad en la escuela y especialmente en el aula, no son las más apropiadas para responder a las necesidades educativas de todos los estudiantes, especialmente de aquellos que por algún motivo requieren de alguna atención especial comprendiendo que los términos igualdad y diferencia no son términos excluyentes sino complementarios.

El ámbito educativo está lleno de conceptos y términos que comúnmente asumimos en forma a-crítica e irreflexiva y que asiduamente evolucionan o desaparecen y que terminan por convertirse, en muy poco tiempo, en un hermoso eslogan vacío de sentido y significado. El concepto “diversidad” se suma a este abrumador panorama terminológico que, si no se lo interpreta en su cabal sentido y se lo aplica como tal, corre el riesgo de desvalorizarse y desaparecer con la misma rapidez con que se impuso en el discurso pedagógico.

Al unísono, la superación de las barreras que impiden el pleno desarrollo de una educación inclusiva es una cuestión que tiene que ver con el día a día en la escuela, el esfuerzo constante y la implicación de toda la comunidad educativa: profesionales, alumnos y padres. Implica cambios de mentalidades en todos los actores implicados, no sólo en los profesores, y una actitud más decidida de los responsables de las políticas educativas a la hora de proporcionar los recursos necesarios y de poner en marcha leyes y normativas que garanticen plenamente la igualdad de oportunidades en el aula.

LA DIVERSIDAD EN EDUCACIÓN generalmente se ha utilizado y se sigue utilizando en el ámbito educativo, con un total reduccionismo (SIC). Ya lo dijo López Melero (catedrático emérito de Universidad de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Málaga, España 1993) “El concepto de diversidad (….) no se refiere sólo a hándicap, sino a todos los colectivos menos favorecidos de la sociedad,(….) que por una causa u otra están situados en la frontera o fuera del sistema olvidándose intencionalmente que la diversidad es lo más genuinamente natural del ser humano” . es por eso que se insiste en afirmar que: La escuela debe responder a un “colectivo de estudiantes diversos” que se manifiesta a través de múltiples canales de expresión y que tienen que ver con aspectos que hacen a lo individual y a lo social.

LA DIVERSIFICAD EDUCACIONAL DEBE ESCRIBIRSE EN MAYÚSCULAS y ser el eje central del abanico educativo que nos envuelva a todos. Docentes, alumnos, padres, a la comunidad toda para que tienda puentes e integre todas las variables que un ente posee en su forma de aprender y de transmitir sus saberes y razonamientos diversos sin juzgamiento alguno.