OREMOS. EL SHOW DEBE CONTINUAR

Escribe: Hernán Leonel
La ineptitud del Gobierno Nacional y Popular con el manejo de la pandemia es un oxímoron. Fracasó cuando asumió el riesgo de someter a la población a la cuarentena más larga jamás vivida. Habiendo sido cuasi cavernícola una medida

Como la vivida el año pasado desolló a propios y extraños con el discurso instalado. ¿Salud o economía? Dio a elegir el Presidente quedándose con la primera y dejando totalmente de lado que había que tener un orden de ambas. ¿Lo recuerdan no? Claro que sí. Y está claro también que ninguna de las dos fueron posibles controlar. Argentina está acariciando una cifra de muertos por COVID que pone en jaque a la administración camporista. Y no digo peronista porque lejos está de ser un gobierno que pelea por los que menos tienen. Si fuese lo contrario, hubiesen vacunado a los

abuelos primero y no a los militantes de un rango de edad que sirve para la burla y la obscenidad.

¿Cómo entender a lo consejeros del Presidente quienes explicaron que el drástico pedido de renuncia a Ginés González García fue un gesto de liderazgo de Fernández (Alberto, no se confunda) que sirvió como mensaje a los diferentes referentes del Frente de Todos? Fácil.

El ministerio de Salud era uno de los principales organismos del Estado en el que “La Cámpora” no había logrado designar a funcionarios en los cargos jerárquicos. Y además, Ginés, se llevaba mal con el ministro de Salud de Buenos Aires, Daniel Gollán, y también con su viceministro, Nicolás Kreplak. Para colmo, tenía más afinidad con su colega porteño, Fernán Quirós. Sor Cristina pidió su cabeza y ésta fue entregada en bandeja a su majestad quien, sin más, citó uno de sus salmos frente a sus discípulos y les  dijo: “No fue magia pero nos sacamos de encima de Ginés”. Acto seguido se escuchó: “Oremos. El show debe continuar”. Y lamentablemente el show continuó. Volvieron las restricciones, volvió lo que aún no se fue que es el año pasado. Vivimos en un trance psicodélico del cual no podemos despegarnos. Mientras el mundo le empieza a decir adiós al COVID, acá transitamos ola tras ola. Y lo peor es que ya no hay forma de sustentar económicamente a la mitad del país que no vive del Estado y que ve como poco a poco su balance es cada día un poco más negativo. Ya no hay hojas de debe y haber. No tiene sentido alguno. Y más aún cuando la administración que hoy está en la Casa Rosada devaluó el peso y relajó ciertos controles sobre el capital " en un esfuerzo por preservar las menguadas reservas". Reservas, que dicho sea de paso, llegaron a las arcas de Estado a través de la liquidación del campo. Sí, una vez más el motor agropecuario se puso el país al hombro. Pero ojo, que de acá a septiembre ya avisaron que se van a sentar en los silobolsas y dudo que larguen una moneda. Mientras tanto, el Gobierno espera que las súper medidas que se van a presentar… digamos… cuando pase lo de… y venga aquello que por ciertas razones aún no llegaron, una vez que todo eso suceda, dichas medidas aflojarán la presión sobre la moneda, que no flota libremente. Pero la Argentina necesita mucho más para controlar la inflación y otros problemas económicos subyacentes que han llevado a inversores y ciudadanos comunes a no apoyar el peso, es tal el descrédito que es lógica pura la depreciación por la moneda y que varias empresas se vayan del país y que tantas otras no tengan el incentivo necesario para invertir. Razón por la cual, y aunque suene repitente, el campo se muestra como la única y verdadera variable generadora de riqueza genuina.

Si nos ponemos a hilar fino, el último dato de empleo asalariado registrado de la actividad privada muestra que en septiembre pasado los empleadores declararon ante el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) 5.775.712 empleados. Es una cifra casi igual a la de octubre de 2010, una década atrás. En febrero de este 2020, el mes previo a la llegada del coronavirus a la Argentina, los puestos declarados habían sido 6.023.797, es decir, 248.085 más que en septiembre. Si se mira toda la serie de datos publicada por el Ministerio de Trabajo, que se inicia en enero de 2009, el número nunca se despegó mucho de ese nivel: el más alto fue el de marzo de 2018, con 6.322.588 empleos. ¿De qué manera contestó el Gobierno?  Con incrementos ficticios para los más necesitados. Migajas de un abultado plan deficitario, ya que el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), de hecho, significó para cada beneficiario un monto de $10.000 que fue cobrado tres veces en el período extendido entre abril y septiembre del 2020, a razón de $5000 mensuales. El tema no es repartir dinero, lo que la sociedad necesita es volver a la cultura del trabajo, del esfuerzo, del premio. No se le puede seguir dando pescado, hay que enseñarles a pescar, a producir, a valorar lo poco o mucho que se tenga pero que en  ese tener se vea la responsabilidad, el sudor en la frente y el mérito de haberlo alcanzado. Los espejitos de colores déjenlo para los cuentos de Colón. Si la plana política que hoy

gobierna el destino del país fuese un poco inteligente, se daría cuenta de que el pleno empleo es la mejor política social y la mejor política fiscal. El trabajo es el ámbito de realización personal de identidad, de intercambio social, de capacitación permanente y de producción. El desempleo no solo es una exclusión sino una negación que desestructura la vida, desidentifica, anula la sociabilidad y estanca el desarrollo intelectual. Los planes sociales deben ser utilizados estrictamente como última medida y por un tiempo prudencial mientras la persona se reencuentra sumergida en el ámbito laboral y no una herramienta clientelista de mediados de la edad media. Es que verá, hay más planes sociales, ayudas económicas que medidas reales que sean pujantes para que la economía pueda crecer.

¿Cuáles son las medidas económicas que sirvan para que las pymes dejen de tener la soga atada al cuello? ¿Cómo hace un gastronómico para levantar las deudas generadas por un año y medio de restricciones si lo único que les dicen es que le perdonan los intereses acumulados? ¿

De qué forma se le explica a miles de jóvenes que la salida no es justamente la salida? ¿De qué manera los contenemos para que el éxodo no sea una sangría? Hoy por hoy, todo se reduce al credo. Es que es eso, rezar para que no te peguen un tiro mientras te roban lo poco que tenés. Rezar cada vez que un hijo/a sale de casa.

Rezar en la parada de colectivo, en la estación de tren, en el subte, etc. Argentina se transformó en una experiencia religiosa. Mientras tanto, desde el gobierno, Cristina, Alberto, Axel y tantos más prenden una vela y dicen al unísono: Oremos. El show debe continuar. Al menos hasta septiembre/octubre. Luego… oremos pero de verdad. Porque una vez más deberemos de esperar un milagro para que el país vuelva a brotar o mágicamente se vuelva a despertar ya que verá, Argentina se destruye de día y de noche mientras todos duermen, no sé cómo, se vuelve a acomodar. Pero ojo, guarda, que un día no se despertará o se tomará la noche libre y ahí, cuando el sol asome, la verdadera Argentina se verá. Aún no es tarde pero pronto amanecerá. La pregunta es:

¿Con qué país nos queremos despertar? Si la respuesta es con la destrucción de las instituciones, sin libertad, con más empatía por los países dictatoriales y comunistas como Rusia, Cuba, Venezuela, Corea del Norte, con un sistema educativo que solo se focaliza en enseñar lenguaje inclusivo pero que no adapta sus instituciones para personas con capacidades diferentes, con artistas que cantan el Himno Nacional y le cambian la letra a favor del feminismo pero que no dicen nada cuando liberan violadores y femicidas que son afines al color político… Si esa es la respuesta y ese es el país con el que queremos despertar… pues, luego no nos quejemos si no hay sol que nos venga a querer despabilar.