PERSONAJE DE LUJÁN PEDRO CALVO (74): FIERRERO. AMANTE DE LOS AUTOS ANTIGUOS

Una Nota de: Hernán Leonel
“Las carrocerías, como todo en la vida, cambian, pero el corazón es y será el mismo”

Si algo bueno tiene la ciudad de Luján, además de su idiosincrasia, los años de cultura, la Basílica, el cruce de rutas, el turismo, las peregrinaciones y el reconocimiento Mundial es la gente. Los vecinas y vecinas que tanto aman la ciudad y que sus nombres son parte del colorido de la misma. Es el caso de Pedro Calvo, uno de esos pintorescos personajes de antaño con lo que uno se puede pasar una tarde entera escuchando sus miles de vivencias y quedar perplejo ante su sutil forma de contar sus anécdotas. Él, como tantos otros, ya son parte de Luján. Él, como tantos otros, ya es parte de lo grande que fue Luján y él, como tantos otros, ya son parte de lo que será Luján. Es que son esas personitas que por siempre quedarán en las charlas de café. En el inconsciente colectivo del “¿Te acordas cuando…?” Y claro que uno se acordará de este agradable sujeto y de su pintoresca forma de vestir a bordo de un auto antiguo. De su forma alocada de manejar, de su mirada graciosa y de su paso firme y elegante mirar. Más de una vez, pudimos verlo manejando una Baquét descapotable Chrysler DeSoto de 1931. Un auto descapotable de estilo único que tiene 8 cilindros línea 5900 CC y que además posee 2 carburadores Stromberg doble cuerpo. “Es una auto del cual me enamore”, relata Pedro cada vez que hablamos de un auto estilo coupe.

¿Por qué la marca DeSoto?

La marca fue en honor a la memoria de Hernando DeSoto (1496 – 1542, explorador español que descubrió el rio Mississippi). En realidad, respondía a la moda impuesta por la General Motors que había empezado a poner marcas a los automóviles basados en personajes de la historia de la conquista de los Estados Unidos, con el Cadillac y el LaSalle. Ese año, al mismo tiempo, Chrysler estaba en negociaciones para adquirir la compañía Dodge, proceso que fue muy difícil y que no fue concluido hasta final del año, cuando logró comprarle la emblemática empresa propiedad de las viudas de los hermanos

John y Horace Dodge. En estas circunstancias en 1929 Chrysler tiene dos marcas en el segmento medio: Dodge y DeSoto.

-Si bien la gran depresión de 1929 hace que Estados Unidos se vea envuelto en una crisis financiera, dos años más tarde la compañía lanza un nuevo modelo al mercado. ¿Qué características cambiaron?

-En esas épocas mucho los autos no cambiaban, lo modernizaban un poco. El DeSoto pasó a contar con un capot más largo y un radiador más angosto y el tablero de instrumentos pasó a ser ovalado. Las carrocerías, como todo en la vida, cambian, pero el corazón es y será el mismo.

-¿Quién te enseñó a manejar?

-Fui un autodidacta (risas). Un día agarré la chatita de mi viejo y salí a dar una vuelta con mi prima. Me dijo: “¿Vamos a pasear?”, y de ahí no paré más. Es que cuando me subía con mi papá me fijaba los movimientos que hacía y los fui copiando.

-¿Se puede decir que fue el inicio de una pasión?

-Claro, es que los autos son eso, una pasión; Pero ojo, no me gusta tener autos guardados eh. ¿De qué me sirve tenerlo de punta en blanco y no utilizarlo? No, si lo tengo lo uso. Lo manejo. Lo cuido pero lo manejo.

-¿El secreto para que siempre arranque?

-Simple. Usarlo. No hay mucha más vuelta que esa, sea un auto o una motocicleta. Hay que ponerlo en marcha y salir a dar una vuelta. Sea el modelo que sea, del año que sea y de la marca que sea. Necesita rodaje, calle. Caso contrario se lo dona a un museo y que quede guardado pero si es mío lo voy a manejar hasta el cansancio (risas)

-¿Qué te llevó a comprar un DeSoto y no otro?

-Hace un par de años que decidí cómpralo luego de sobreponerme a una enfermedad. Cuando la superé no dudé un instante y lo compré. Uno porque me gustaba y dos por el precio. Siempre lo que compro tiene que ser de mi gusto y de un precio que también me guste. Si están esas dos condiciones elementales… lo adjudico.  Además siempre quise tener un auto de este estilo porque además me entretiene. Es un desafío poder restaurarlo y una vez que está como a uno le gusta la sensación es aún más placentera.

-Una vez que lo tuviste a gusto… imagino que habrás realizado algún que otro viaje

-Por supuesto. Son esos lujos que te da la vida.

-¿Dónde fuiste y con quién?

– Fui a San Rafael, cañón del Atuel con mi hija como copiloto pero con custodia.

-¿Cómo es eso?

-Por las dudas nos seguía mi yerno en una camioneta.

-¿Cuantos kilómetros realizaron?

-Unos cuantos y a un buen ritmo

-¿Velocidad crucero?

-Mira, tranquilamente a 100 kilómetros por hora. Lo que pasa es que a la ida tardamos más porque tomamos un camino de tierra que va por la montaña. Las piedritas para este tipo de vehículo pueden ser letal. Pero se la bancó bastante bien. Tene presente que es un auto cuyo piso es de madera, los ruidos son distintos, no tiene aire más que el que te pega cuando vas en velocidad que es

una de las cosas más fascinantes que tiene un descapotable, esa sensación de libertad. Lo único que te pega el sol y fuiste. Por eso es necesario conducir con gorro, camisa mangas largas y si es necesario guantes. En invierno se la pasa mejor porque el motor te emana su calor y te recubre el cuerpo, pero en el verano es toda una aventura. Es más, en los días pesados de calor salgo a la mañana temprano o a la tardecita. Y en invierno con una buena campera ni lo sentís al frío.

-¿Competiste alguna vez?

-¿Te referís a autos de carrera?

-Sí.

-No. Me hubiese encantado pero es un deporte muy caro.Mantener un auto para competir, arreglarlo prácticamente todaslas semanas y el gasto de ponerlo en un circuito se me hace imposible.

-Pero te hubiese gustado

-Me hubiese encantado. Me apasiona la velocidad.

-¿Motos?

-También (comenta abriendo los ojos como plato). Tengo una Kawasaki KZ1000 de 1978. Esa sí está juntando polvo (agrega mientras se dibuja una sonrisa en la comisura de sus labios).

-Raro

-Pasa que me caí una vez y cuasi me obligaron a colgar el casco, quesea dicho a la pasada no lo llevaba puesto como tampoco lacampera ni los guantes.

-Lindo habrás quedado

-(Risas) Me ardía todo. Agarré la entrada por la ruta 5 para entrarpor Lorenzo Cassey como hacía siempre, salvo que esta vez me dejéengañar por la velocidad y terminé saltando el cordón y cayendo ala vereda. De ahí mujer (Gloria) y mis hijos (Nacho y Paz) mesentenciaron. Con el auto medio que también tienen miedo pero esmás seguro (risas) además pocos se suben. Mis amigos mucho noquieren pero a los que les gusta la aventura están tocando el

timbre día por medio.

-¿A quién te gustaría dejarle el legado, la tradición y la pasión?

-Mi nieto es chiquito aún. Mi yerno le gusta mucho. Tal vez mi hija y

él sigan con esta pasión.

-¿Y si te lo vienen a comprar?

-Es como las pinturas, el arte. No tienen un precio de mercado. Tegusta, pones lo que te piden y te lo llevas. Igual, no es dinero lo quete motivan estos autos sino la aventura que podes emprender almanejarlos.

-¿Qué te dice la gente cuando te ve manejando un auto antiguo en el centro de Luján?

-Me preguntan por el modelo, me saludan, me brindan su alegría.

-Pero a veces te he visto saliendo marcha atrás y más de unoinsulto al aire.

-(Risas) No tienen paciencia. Igual no reniego. Son los menos que te dicen algo. A la mayoría les parece simpático.

-¿Vos o el auto?

-Ambos.