UN TROTAMUNDOS REPLETO DE HISTORIAS: “BRUJA”

Una nota de   Hernán Leonel
Recuerdo que cuando comencé a estudiar periodismo, Marina Deporta una gran profesora quien ahora es colega y con quien hablo de vez en cuando, nos enseñó que al momento de realizar una entrevista lo importante era ir preparado. Buscar información sobre la persona, saber con lujos y detalles sobre su vida, su obra.

 Luego pensar que le vamos a preguntar. Ir con varias anotadas en una libreta. Crear una atmósfera, sentirse y conectar con el otro. Y nunca pero nunca ir sin saber que voy a ir a buscar. Más de 15 años después fui en búsqueda de una entrevista tan solo con el apodo de un personaje de nuestra ciudad con un único dato: “Seguro que no te vas a aburrir”. Pedí prestado el auto, agarré el grabador y me fui al Juan 23. Aún la pandemia era algo que pasaba en China. El calor gobernaba la ciudad y solamente se hablaba del nuevo gobierno, la pelea por el campeonato y el alcohol en gel salía dos monedas. De todas las cosas que aprendí con Marina solamente una fue la que respeté, además de haber llevado el grabador. Pude conectar rápidamente con el entrevistado y crear un ambiente donde prácticamente el mundo parecía pertenecernos.

Silvio Oscar “Bruja” Mazzonelll (72).

Nació en Mercedes. En Capitán Sarmiento fue donde se crió con zurrapa. Trabajó como panadero en Torres. De ahí se fue a Buenos Aires donde trabajó como cadete, luego se vino a Luján y empezó trabajando en un telar en el quinto. Como no tenía donde parar,

Se fue a vivir de prestado a lo de un amigo. Del telar, Pasó a trabajar en una fábrica de alimento balanceado, de ahí pasé a otra una fábrica donde , fui el primer empleado y el primer accidentado. “Cuando quise hacer juicio por la mano pero no midieron bola”. Fue así que se fue al Puerto de Buenos Aires donde se hizo pasar como operario oxigenista y un tal cacho Gómez me dio una mano para reparar barcos y terminó como secretario privado. Para un trotamundos nada peor que estar de oficinista, razón por la cual después se embarcó como peón cuidador de ganado. “A través de la singladura pude sacar la licencia y gracias a poder embarcar recorrí el mundo a los 22 años”.

 Hoy está jubilado como Jefe Superior Fluvial y tiene su propio taller de autos pero antes se sacó el lujo de competir en el TC Bonaerense y estuvo a poco de salir campeón.

 Volviendo a las aventuras, la “Bruja” nos cuenta que: “. Limpié, fui cabo fueguista. A través de la singladura pude sacar la licencia y gracias a poder embarcar recorrí el mundo a los 22 años.

Mi primer viaje fue a Australia donde nos quedamos 13 meses.

  Zulema (su mujer) ya estaba embarazada”. Dice mientras se toma la cabeza para luego continuar. Cuando“volví, mi hija Carina tenía seis meses y dos días”. “Ya en Argentina y luego de haber realizador una huelga en Singapur me echan”.

 Añade y comenta que: “En 1971 no trabajé. Decí que tenía ahorros, pero era una de meter mano en el bolso y sacar. Durante ese periodo aproveché para correr el Gran Premio con Jorge González. Él era el piloto y yo el acompañante. Cuando volví de la aventura mi mujer me dijo: “Vos quédate con el auto que yo me quedo con la nena”. Me puse en lista en el sindicato y de ahí no paré más. Me volví a embarcar en una empresa extranjera donde trazaba la línea por toda Europa”..

“¿Dónde me iría a vivir?” (Hace una pausa para acomodarse el arco de los lentes) “A Finlandia” (no duda, no parpadea)

-¿Por qué?

-Estuve en Suecia, en el Mediterráneo, Turquía, Bulgaria, Rumania, pero la forma de vivir de los finlandeses es muy parecida a la nuestra pero con cultura y educación que es lo que nos falta a nosotros. Si acá en vez de adoctrinar a un país se lo hubiese educado hoy no nos basurea nadie.

-¿Hablas del peronismo?

-Exactamente. Ojo que no soy un fanático eh. Soy Radical con toda la jeta, pero sé que se equivocaron. En Luján cuando le tocó gobernar a una administración radical y solo se preocupaban por el centro y Jáuregui perdieron. Lo mismo pasa a nivel nacional. Acá si no gobierna esa bandera (peronista) no se puede gobernar. Pero mejor volvamos al deporte.

-Dale. ¿Cuándo empezaste con el taller?

-Fue un negocio mal hecho con un Fiat 600. En una oportunidad, me empezó a ir bien económicamente y mi mujer compró un lote en el barrio Juan 23. Fui el primero en abrir cimiento. No había nada. Era un gran campo el barrio. Nos hicimos la casa con mi señora. En una escapada a la costa con un 128 apenas llegamos a mi mujer le agarró hepatitis. Cuando volvimos vendí el 128 y compre un 600 que estaba todo roto. En uno de los viajes a Europa, unos brasileros nos robaron la mercadería. Y lo que había quedado nos lo hicieron tirar. Cuando abro uno de los contenedores veo un par de agujereadora, ¿cómo las voy a tirar?, me las traje, una la cambié por el 600 pero no tenía el título. Cuando lo consigo lo vendo pero con la inflación que había en ese entonces la guita no me servía de nada. Algo tenía que hacer para que no se evaporara. Es así que compré el lote de al lado de casa. Es acá que construí el taller. (Comenta con orgullo mientras su mirada se pierde perpleja por el lugar, como recorriendo cada pedacito del mismo)

-¿Reparas todo tipo de vehículos?

-Sí, pero los autos de carrera son mi debilidad.

-¿Hincha de?

-Simpaticé por Chevrolet pero mi corazón está con Ford. Hasta el 2006 competí con esa marca en el TC Bonaerense.

-¿Qué te gustaba de ser piloto?

-Me quise sacar el gusto. Toda la vida me gustaron los autos. En 1994 con José Luís Molina y el loco Muzo nos juntamos y me dieron manija para competir. Me compré el auto y fui a debutar a Mercedes. Pero no me dejaron correr porque al auto le faltaba de todo para estar habilitado, con decirte que el cinturón de seguridad era una cosa parecida a una soga (risas). Me agarró un ataque tremendo. Devolví el auto, discutí con medio mundo pero quería correr. Fue así que hice un asado con amigos y nos decidimos a comprar uno distinto. Por fin pude competir. Me saqué las ganas en el TC regional y después me pasé al bonaerense donde terminé cuarto. Lástima que me pegaron en una carrera sino salía campeón.

-¿Por qué dejaste?

-Un cúmulo de situaciones y el factor económico fue el determinante. Pero para entretenerme sigo con los arreglos en el taller.

-¿Qué representa el taller?

-Mis amigos me dicen, ¿para qué seguís laburando? No gano fortuna pero vivo bien. De todas formas, si decido cerrarlo, ¿qué hago? Me la pasaría en casa mirando televisión. En seis meses me voy para el otro lado, pasa el colectivo con la puerta abierta y me lleva. Entonces digo, ¿para qué lo voy a cerrar si acá adentro me divierto y la paso bien?

-Recorriste el mundo, trabajaste prácticamente de lo que te gustaba, tenés tu casa, tu taller y tu familia.

¿Qué te queda por hacer?

-Siempre quise hacer un viaje a Europa con mi señora. Cuando navegaba no podía. Después la nena era chica. Creo que es momento de realizar esa aventura con ella.

-De tantos viajes te debe quedar alguna que otra anécdota…

-El segundo viaje que hice fue en 1974 a Alemania y con cinco vagos más nos fuimos a ver Argentina-Brasil y perdimos 2 a 1 (el gol de la Selección lo marcó Brindissi de tiro libre). En esa época Filiol era el tercer arquero. Lo dejaron jugar a él de titular porque el 1 no quería pasar papelones ya que había que dejar que los brasileros ganaran para que se clasificaran. En 1977 me hice amigo de un gallego que  me llevó a Bélgica donde conocí a Carlos Reutemann que estaba parado al lado del BT 44.

El “Lole” por aquel entonces competía en la Formula 1 y era tapa de cada revista deportiva. Quien habría pagado lo que sea por una foto con él. Pero claro, la “Bruja”, sus contactos, sus viajes y la pasión lo acercaron por esas cosas que simplemente tiene la vida.