NOTA DE MARIA TERESA TARTAGLIA
- ¿Por qué Luján conmemora como una fecha fundacional el 17 de octubre?
El 17 de octubre de 1755 el gobernador don José de Andonaegui elevó la población de Luján en Villa de Nuestra Señora de Luján por ser esta milagrosa Señora su primera fundadora. Luego el Rey Fernando VI, por Real Cédula del 30 de mayo de 1759 lo ratificó.
Por esta razón este es un hito fundacional de nuestra historia local.
HAGAMOS UN POCO DE HISTORIA
SOBRE ESTOS SUCESOS.
El origen del nombre Luján tiene diferentes enfoques : la muerte del capitán Pedro Luján, sobrino del Adelantado don Pedro de Mendoza en la batalla de Corpus Chisthi en un encuentro con los indígenas, luego de la primera fundación de Buenos Aires, batalla desarrollada en las márgenes del río Luján y cerca de la desembocadura en el Paraná, y luego la teoría del nombre de” Río de Huyan” o “ Río Schuyan”, asociando estas denominaciones a los indios lojaes.
De estas opiniones el Dr. Jorge Juan Cortabarría en su libro “Orígenes de la ciudad de Luján”, expresa que queda establecido que el capitán Luján es un personaje histórico, era sobrino del adelantado don Pedro de Mendoza, cuya madre se llamaba Constanza de Luján y que tesis como la indigenista deben ser desestimada.
Don Juan de Garay, fundador de la ciudad de la Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires, distribuyó las primeras tierras para estancia sobre el río Luján (24 de octubre de 1580). El reparto explica Jorge Juan Cortabarría sólo comprendió los terrenos situados entre el Paraná y lo que hoy es el partido de Pilar. Lo que actualmente es la ciudad de Luján fue otorgado a comienzos del siglo XVII, entre 1607 y 1628 aproximadamente, a don Miguel de Rivadeneyra, quien en el censo de 1615 figuró como uno de los pobladores más recientes de Buenos Aires. En 1640 el propietario de la estancia de Rivadeneyra era el sargento mayor don Marcos de Sequeira quién falleció en 1643, siendo su heredera su esposa, doña Ana de Matos y Encinas.
Dicha protagonista se convierte en una pieza fundamental de estos acontecimientos que estamos relatando. Será esta dama quien logra que la imagen de la Pura y Limpia Concepción llegue a nuestro pago de Luján. Dicha imagen que vino desde Brasil( San Pablo) junto a otra de María con el Niño Jesús en brazos iban ambas en camino a la capilla de una estancia en Sumampa( 1630)y desde el puerto de Buenos Aires llegaron a la estancia de la familia Rosendo- González Filiano,( Villa Rosa, Pilar) donde ocurrió la detención milagrosa de la carreta. La imagen de la Pura y Limpia Concepción se quedó en el lugar y doña Ana de Matos compró dicha Imagen al quedar el lugar desprotegido por la ausencia de Rosendo de Oramas. Ya María demostró sus prodigios y Gracias y eran muchos los peregrinos que llegaban al lugar, asediado por los indígenas y perros cimarrones.
Quien vendió la efigie milagrosa fue el maestro Juan de Oramas y Filiano, cura rector de la Catedral porteña, así lo afirma Jorge Juan Cortabarría en el libro mencionado anteriormente. Había quedado junto a María el negro Manuel que también fue comprado por Ana de Matos y trajo la imagen a su estancia sobre el río Luján. La imagen la compró en un valor que no fue menor a doscientos pesos (valor de una estancia). Ana de Matos en su último testamento( 1697) expresó que la imagen la había adquirido a través de una compraventa. El Negro Manuel fue comprado en cien pesos.
En 1671 Ana de Matos trasladó la imagen de Nuestra Señora a su estancia y la colocó en un cuarto de la casa, hasta erigirle un oratorio separado y entre los años 1677 y 1685 le edificó una capilla de ladrillo. Fue inaugurada el 8 de diciembre de 1765 y se llamó capilla de Montalbo por don Pedro Montalbo quien, agradecido por la salud recibida de tan buena Señora y Madre, se radicó en el pueblo de Luján y se convirtió en el primer capellán de la Virgen.
En 1682 doña Ana de Matos le donó a ésta una manzana circular, cuyo centro era la capilla en construcción, y un cuarto de legua de estancia en la otra banda del río Luján para que con lo que se lograra de su producción se costeara el culto de María. En la escritura expresó que si la Virgen se trasladaba a otro lugar, la merced quedaba sin efecto y pasaría a los herederos correspondientes.
Monseñor Juan Antonio Presas escribió en su libro “Nuestra Señora en Luján y Sumampa, Estudio crítico- histórico 1630-1730”, que la zona del Santuario y su comarca se fueron poblando cada vez más, y las exigencias de los fieles se fueron multiplicando, y llegó un momento que para no chocar con las leyes jurídicas y canónicas establecidas, el Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires tomó la resolución de crear en el lugar una Parroquia. Así se hizo efectiva en la sesión del Cabildo del 23 de octubre de 1730. Desde esa fecha, al Capellán tocó velar el culto a la milagrosa imagen y la atención espiritual de los peregrinos, y al Párroco la inscripción de bautismos, matrimonios y defunciones, la catequesis de los pobladores del pago y su partido.
Jorge Juan Cortabarría afirma que la jurisdicción territorial se extendía entre los ríos Paraná, Las Conchas( actual Reconquista) y la Cañada de la Cruz.
Recordemos que el 6 de septiembre de 1663, el gobernador José Martínez de Salazar ordenó que el tránsito entre la capital rioplatense y el Interior se hiciera por la Guardia de Luján, que está junto a la estancia del capitán Juan de Rocha, con esta resolución se procuraba combatir el contrabando y aumentar los ingresos fiscales. La Guardia estaba en la banda occidental del río Luján, cerca de la localidad lujanense de Carlos Keen. Hacia marzo de 1756 la Guardia fue trasladada a las proximidades del santuario de Nuestra Señora de Luján, donde se construía un puente por iniciativa de don Juan de Lezica y Torrezuri. Fue inaugurado en 1758.
La cantidad de peregrinos, romeros o novenantes ante Nuestra Señora de Luján era cada vez mayor. El padre Jorge María Salvaire escribió que era tan considerable el concurso de gentes, que no bastando las casas del pueblo para hospedar a tantos forasteros , se repartían éstos en todas direcciones ; y como era devoción de muchos estarse en el santuario, se sentaban unos en los alrededores de la Capilla, a orillas del río los otros, formando para ellos enramadas, o levantando carpas de lona, tiendas portátiles y hasta toldos de cuero, de modo que, durante todos aquellos días de fiesta, este lugar parecía una población considerable.
Los días de mayor concurrencia eran del 6 al 8 de diciembre, Semana Santa y días festivos.
Una figura olvidada por mucho tiempo y rescatada de la historia de Luján por historiadores lujanenses fue la de doña Magdalena Gómez de Díaz Altamirano, quien había heredado de su marido (Agustín Díaz de Altamirano) la estancia comprada por su esposo (1712) al capitán Gregorio de Matos, quien la había heredado de su madre. Magdalena Gómez estableció en su testamento del 3 de febrero de 1742 una declaración que nos permite conocer el origen de la planta urbana de Luján. Estableció que por la hostilidad e invasiones de los indígenas, el Señor Gobernador y Capitán General le solicitó un retazo de tierras frente a la Capilla de Nuestra Señora para que se poblase y decía que era su voluntad que se pueblen las tierras y se donara al Rey una cuadra para la plaza.
De esta forma encontramos a través de la donación de Magdalena Gómez de Díaz Altamirano el origen de la plaza denominada Real, Constitución y luego Belgrano.
¿Cómo surgió el Cabido de Luján?
Encontramos aquí una figura relevante para este relato que estamos siguiendo: la de don Juan de Lezica y Torrezuri, nacido en Cortezubi, señorío de Vizcaya el 26 de junio de 1709. En 1739 fue comisionado por el rey de España para ir al puerto de El Callao, reino de Perú, para estudiar las fortificaciones del lugar. Luego se radicó en La Paz, se casó con doña Elena de Alquiza y Peñaranday administró una hacienda de cocal en la región de Yungas, cerca de la villa de Coripata. También se dedicó al comercio de mulas, que adquiría en el territorio del Río de la Plata e introducía en el Perú. Fue en uno de sus viajes a Buenos Aires donde contrajo una grave enfermedad durante la cual fue desahuciado por los médicos y vino a Luján. Al llegar a él recobró la salud, por ese motivo quedó muy reconocido a la Virgen. Ya restablecido regresó a Coripata, donde se dedicó al comercio y evangelización de los indígenas e hizo obras de altruismo y de devoción. En ese pueblo mandó a construir un templo.
En la Paz ocupó varios empleos civiles y militares, trazó caminos y senderos entre las montañas para el tráfico de pasajeros y el comercio. Regresó a España entre 1747 y 1748, y emprendió un viaje a Buenos Aires, pero al llegar a Luján enfermó de gravedad. En este pueblo, lleno de fe se encomendó a la Virgen y en agradecimiento prometió erigirle un nuevo templo.
Radicado en Buenos Aires entró a formar parte del Cabildo de la ciudad y el obispo bonaerense Dr. Cayetano Marcellano y Agramont, lo nombró patrón y prefecto de las obras de iglesia que se iba a construir en Luján.
¿Qué había pasado con el templo de Montalbo?
Aquel templo de ladrillo y tejas mandado a levantar por doña Ana de Matos, se deterioró en el tiempo. Hacia 1730 la antigua capilla llamada de Montalbo, fue designada Parroquia, pero había comenzado a quebrantarse y se veía la necesidad de levantar un nuevo santuario, que además pudiera albergar a más fieles. La construcción de un nuevo templo fue emprendido por el obispo de Buenos Aires, fray Juan de Arregui, tarea que se dificultó por los costos y materiales. La obra del nuevo templo se derrumbó en 1752, cayéndose sus paredes, y se decidió demolerlo y comenzar la construcción de otro santuario. Mientras tanto la Imagen de la Virgen se había trasladado a un templo provisorio, un salón extenso, hasta levantarse el templo que don Juan de Lezica y Torrezuri emprendió.
Este salón estaba ubicado en la actual esquina S.E de San Martín y Padre Salvaire (lateral de la actual Basílica) fue albergue de peregrinos y luego se deshizo.
Don Juan de Lezica y Torrezuri se hizo cargo de las obras del templo nuevo en 1754 y fue nombrado síndico, procurador, ecónomo y patrono de esta iglesia que se iba a levantar.
De acuerdo a donde se elevaría el templo, se tuvo en cuenta lo que escribimos en páginas anteriores al nombrar la donación de Ana de Matos en referencia a la Imagen de Nuestra Señora de Luján, y era que no podía ser sacada de la cuadra cedida por la dama, y de no hacer así el terreno donado para aquella primera capilla y la parte de la estancia en la otra banda del río y la misma Imagen de María volverían a sus herederos. Se decidió levantar el templo a pocos metros hacia el río, ( hacia el oeste), en la misma manzana en la que estaba ,frente a la plaza, aproximadamente donde hoy se alza la nave oriental de la Basílica, de acuerdo a una fotografía de 1899 y en otra de 1904, escribe Jorge Juan Cortabarría.
Este templo llamado de don Juan de Lezica y Torrezuri se inició en agosto de 1754, y su piedra fundamental se colocó a fines de dicho mes.
Se financió con aportes de fieles, venta de trigo y ganado derivado en la estancia del santuario y por solares de la iglesia que se vendieron para tal fin.Jorge Juan Cortabarría en su libro sobre el santuario ya citado, describe con detalles la obra del templo, quienes intervinieron, carpinteros, herreros, tallistas, construcción del retablo de estilo barroco, campanas, púlpito, rejas ornamentos litúrgicos, descripción del templo, el mismo visto por viajeros. Fue inaugurado el 8 de diciembre de 1763.
En este período ocurrieron acontecimientos importantes para el pago de Luján, en el cual aparece nuevamente la figura de don Juan de Lezica y Torrezuri: ya que logró a través de gestiones que el lugar fuera elevado a Villa. Inició el trámite ante el gobernador don José de Andonaegui en nombre de los habitantes del lugar. Los argumentos esgrimidos fueron el aumento de la población, la existencia de viviendas, plaza, santuario, y la defensa del indio.
Se fijó la jurisdicción de la Villa entre los ríos, Las Conchas(arriba), Areco( abajo), por el norte hasta el Río de la Plata y por el sur hasta la imprecisa frontera con los “indios infieles”.
En 1755 se realizó un censo a cargo del comisionado Domingo González y se levantó una traza a cargo del piloto Agustín de Larrea. En dicho censo debía declararse apellido y nombre de la persona a cargo de la familias, número de hijos, construcciones y de qué tipo, medidas del terreno, a quién se lo habían adquirido y otras características tales como si poseían árboles frutales o huertas. El número estimativo de habitantes fue de 260(en algunas oportunidades no se declaró el número de hijos), de los cuales 56 eran familias que vivieron en 48 casas. De la traza podemos describir su construcción en damero ubicada en la margen derecha del río, en la que se destacaba la edificación con fines religiosos y civiles, tales como la iglesia, los dormitorios y cuartos de la Virgen, las casas edificadas, la guardia, control de carretas y mercaderías, el cementerio no está ubicado en el plano pero sí descripto en el informe realizado. En el plano se delimitaron las calles, 54 manzanas para el ejido urbano, una para la plaza, y se fijaron los mojones que limita a la Villa.
El 17 de octubre de 1755 (como anunciamos antes) el gobernador don José de Andonaegui elevó la población de Luján en Villa de Nuestra Señora de Luján por ser esta milagrosa Señora su primera fundadora.
El 7 de enero de 1756 comenzó a funcionar el Cabildo de Luján.
Tuvo a su cargo una gran jurisdicción que iba desde el río de Las Conchas (hoy Reconquista) al este hasta el de Areco sur, lo que no dejaría de traer problemas, particularmente con Buenos Aires, quién perdió territorios.
Este conflicto se mantuvo en el tiempo y el Cabildo de Luján fue suspendido entre 1783 y 1787, luego le fue restituido sus funciones con los alcaldes de la Santa Hermandad (para la campaña) durante la década del noventa.
Sus funcionarios eran: un Alcalde ordinario, un Alguacil Mayor y tres Regidores que tenían las funciones de Defensor de Pobres, Defensor de Menores y Mayordomo. También estaba la figura de Alférez Real y Procurador General de la Villa. Fue nombrado para este cargo don Juan de Lezica y Torrezuri, quién tenía el honor de portar el Estandarte Real en fiestas y procesiones. Dicho Estandarte tenía de un lado el Escudo Real y del otro la Imagen de la Virgen.
Las mayores dificultades de la Villa fueron las sequías continuas, invasiones de langostas, las limitaciones debido a los enfrentamientos entre el hacendado y el labrador y las pestes( temas estudiados por quién escribe y Claudio Tuis en su libro: Aportes Demográficos a la historia de Luján).El malón del 28 de agosto de 1780 que llegó a la Villa y una peste que azotó la región, hizo que en un solo mes del año se perdieron 99 vidas (el 4, 6 %del total de la población de la época).
De esta forma recordamos este hecho fundacional de nuestra Historia local : la Villa de Nuestra Señora de Luján.
La historia continúa y se tejen entre los acontecimientos redes que nos permiten interpretarlos desde diferentes puntos de vista. Cada historiador tiene una mirada, una pregunta para hacerle al pasado. Ustedes lectores, también la tendrán. De estas preguntas surgen las investigaciones, respuestas y mensajes que nos deja el pasado. Pero conocer nuestro ayer es parte de nuestra responsabilidad como lujanenses.