Nuestro Himno Nacional cierra con la promesa: ¡Oh Juremos con gloria morir! y en aquellas jornadas de 1982, entre la angustia y la soledad de la distancia, brotaron de sus gargantas esas estrofas con la fuerza que inflamó sus pechos y puños en el momento que la Patria puso en sus vida.
En sus manos las armas: el fusil, el avión, el cañón, los buques, los cuerpos auxiliares y en sus cuellos el Rosario con todos nuestros ruegos para esperar su regreso.
Aquí nos inclinamos a los pies de la Madre pidiendo por ustedes y sus familias.
Hombres de nuestra Patria, bautismo de fuego de la fuerza aérea, trincheras de dolor y muerte, mara abierto en sus profundidades, para recibir nuestros hijos en sus heladas entrañas.
Hombres que lloraron, hombres por los que lloramos y no olvidaremos jamás.
Hombres que abrazaron sus seres queridos en el reencuentro tan deseado.
Hombres que con orgullos portan en sus pechos la medalla del honor al servicio de la Patria.
Esto es hacer memoria para no olvidar de lo que representa la Patria.
El padre Saenz cita: Es el hombre el que se añeja en su Patria, la Patria es en sí misma una familia grande.
Estos conceptos parecen perderse hoy entre edificios impersonales donde los vecinos ya ni se conocen entre sí, donde el desinterés, el egoísmo, la intolerancia pareciera nublar los principios de convivencia que fundamentan el crecimiento de una sociedad.
Cuando la Patria está enferma el amor a la Patria se vuelve dolor.
A ustedes niños y adolescentes de nuestro querido Luján, aquí estamos todos juntos recordando a nuestros héroes caídos en Malvinas e Islas del Atlántico sur, quienes juraron con gloria morir, aquí están presentes ellos nuestros héroes vivos que nos enseñan día a día como con su trabajo, sus estudios, sus esfuerzos, su permanente presencia, nos ayudan a tener viva la palabra Patria.
De la etapa de dolor que es la guerra debemos partir con la seguridad y convencimiento que con la paz, tolerancia y respeto construiremos nuestra Patria por la que juramos con gloria vivir y morir.