Año a año los vecinos de Luján somos testigos del mismo conflicto: las paritarias entre los gremios de empleados municipales y el gobierno municipal.
Básicamente las negociaciones muestran un solo aspecto en el que la confrontación emerge inevitablemente, como es el de un aumento de sueldos, que es parte esencial del temario.
No es ninguna novedad que los sindicatos pretendan aumentos salariales, a veces inalcanzables. Lo contrario sería la noticia.
Tampoco sorprende que, cada vez, intenten que la patronal ceda y que los trabajadores obtengan un beneficio mayor el que se les ofrece.
Nada de eso puede parecer extraño, pero lo que no ha dejado de llamar la atención, al menos en años anteriores, son las patéticas situaciones que debimos contemplar y que no sólo han recibido el rechazo de la comunidad, sino que hasta han alterado el paisaje urbano.
No está mal recordar la carpa instalada en la Plaza Colón, frente al edificio de la Municipalidad, por los sindicatos,
gracias a la autorización del Concejo Deliberante que consideró el tema como un asunto urgente y de interés público.
No pocos vecinos se preguntaron por qué los Concejales no trataron de la misma manera y con idéntica celeridad otros temas.
Nunca hubo respuesta.
Pero la instalación de la carpa, con sus consecuencias indeseables como las molestias producidas al entorno, olores, ruidos, gritos, suciedad, pancartas y otras, no fue la única forma de manifestar perjudicando a transeúntes y vecinos.
También hubo manifestaciones, marchas, movilizaciones, batucadas, quema de neumáticos que dañaron el pavimento, etc.
¿Qué sucederá este año?
Es la pregunta que flota en el aire a pocas horas de concluir la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo, que pusiera un paño de agua fría al conflicto.
La respuesta sigue siendo incierta.
De un lado el ejecutivo municipal, que efectuó distintos ofrecimientos.
La mejora salarial definida por el gobierno local ató el aumento anual a la inflación que se registre en el año. De esta manera los sueldos municipales no perderían capacidad adquisitiva.
Asimismo, se proponen mejoras en el premio a la asistencia, a la capacitación, retribuciones no remunerativas, garantías salariales, sueldos no inferiores a la línea de pobreza.
Una batería nada despreciable, sobre todo si se considera que en los últimos tres años el gobierno de Luciani otorgó aumentos a los empleados municipales del orden del cuarenta por ciento en cada año, y que actualmente la escala de salarios de la Municipalidad de Luján está entre las mejores de la provincia de Buenos Aires.
Por otra parte - aunque esto enoje a los sindicalistas desde los despachos oficiales se repite, una y otra vez, que hace cinco años que los trabajadores cobran sus haberes en tiempo y forma, no como ocurría históricamente hasta el inicio de la actual gestión de gobierno, entre otras mejoras en las que figuran pases a planta permanente, reconocimiento de categorías, concursos de jefaturas.
Las voces oficiales también repiten que ningún gobierno reconoció tantos derechos y otorgó tantos beneficios a los empleados municipales como el actual.
Sin embargo, desde la otra vereda los sindicalistas vienen rechazando sistemáticamente cada una de las propuestas efectuadas por el ejecutivo municipal.
La postura gremial es mantener el reclamo de un aumento del cuarenta por ciento que - al decir de los funcionarios negociadores del Municipio- resulta imposible de afrontar con las arcas municipales.
Más allá del incremento pretendido, los sindicatos no efectúan ninguna propuesta para alcanzar alguna manera de financiarlo.
Simplemente se limitan a una exigencia sin sustento. La postura gremial, intransigente, ha dilatado o estancado las negociaciones imposibilitando un acuerdo.
¿Cuál es el panorama sindical, según se conoce? Allegados al gremialismo afirman que la interna sindical es muy dura y que apenas se sostiene la coincidencia de los sindicatos por la necesidad de demostrar fortaleza.
El Sindicato de Trabajadores Municipales, liderado por el histórico y desgastado Samuel Enrique Peñalba, se muestra como el más combativo, aunque muchos afiliados dudan de las decisiones gremiales y de las curiosas gestiones políticas del dirigente, que en años anteriores arrojaron magros resultados.
Pero, aun así, la posición de Peñalba obliga a los otros sindicatos a seguirla o a quedar rezagados en la representación de sus afiliados. Al menos así lo sostienen, en voz baja, representantes gremiales de la Asociación de Trabajadores del Estado y del Sindicato de Empleados Municipales, que se muestran más proclives a alcanzar un acuerdo lo más pronto posible.
Para peor los trabajadores no han podido cobrar ninguno de los aumentos de sueldos ofrecidos por la Municipalidad, porque cada propuesta fue categóricamente rechazada por los dirigentes gremiales, haciéndola inaplicable.
De esa manera, las escalas de salarios no se modificaron en el primer cuatrimestre del año y los empleados municipales, se han visto privados de cobrar mejores remuneraciones.
¿Cómo sigue el conflicto?
Corren muchas versiones al respecto, casi todas sin fundamento alguno.
Desde el sector gremial se preanuncian nuevos paros, protestas con movilizaciones y acompañamiento de otros gremios para abultar el apoyo al reclamo, corte de calles, quema de neumáticos, discursos virulentos, pancartas, pasacalles, carpa en la Plaza Colón, declaraciones de concejales identificados como amigos políticos de los sindicalistas.
Desde el gobierno municipal se podría llegar a tomar medidas que reduzcan privilegios de los dirigentes gremiales, según trascendidos, algo que preocupa a los sindicalistas que se han aprovechado por años de su condición para vivir sin trabajar, en nombre de sus representados. Así, con dureza, lo expresan numerosos trabajadores.
A este complicado panorama se ofrece, como alternativa, la posibilidad de un acuerdo salarial casi inmediato, aunque en general se le brindan menos chances de concretarse que a las medidas de conflicto.
En definitiva, un suspenso repetido como año a año.
Mientras tanto los servicios públicos esenciales, como los de salud, recolección de residuos y otros, se verán deteriorados si recomienzan las medidas de fuerza, y los vecinos serán quienes sufrirán las consecuencias.
La gente apela a la responsabilidad de todos, al esfuerzo de los funcionarios pero también a la cordura de los gremialistas, a que se efectúen propuestas serias y respuestas razonables, en ambos casos con estudios y fundamentaciones que las respalden.
Todo el mundo sabe que un año electoral complica cualquier gestión o tratativa, porque la política está presente.
Pero lo que no debe admitirse es la confusión de los intereses partidarios con el desempeño de funciones representativas, porque en ese caso el dirigente actuará como gestor al servicio de un partido político y no de los intereses generales que representa.
¿Hasta cuándo seguirá la expectativa de conflicto o de acuerdo?
Todo el tiempo que haga falta, siempre que se respete el derecho a recibir los servicios públicos, que tienen los ciudadanos de Luján que pagan sus impuestos, casualmente con los que se recauda el dinero para pagar los sueldos de los empleados municipales que, si hacen huelga, no les prestan esos servicios.
Paradójicamente, las medidas de reclamo más fuertes - como las huelgas - atentan contra la recaudación del Municipio y, por lo tanto, ponen en riesgo el cobro de los salarios por parte de los trabajadores.
Una situación difícil, aunque repetida.
Un momento para la reflexión, aunque probablemente vuelva a reiterarse, como año a año. ¿Conflicto o acuerdo? . La moneda está en el aire.