Otra vez vivimos un año de elecciones, para muchos una alegría, para otros una molestia reiterada que se repite muy rápido.
Sin embargo, votar es sin dudas una fiesta. Es como hacer cumbre en la montaña de la democracia, descorchar la mejor botella, cualquiera sea su contenido, celebrar la participación más que el resultado.
Cada dos años somos consultados y nos expresamos en las urnas, de un modo u otro, pero hacemos oír nuestra voz, aunque más de una vez no se la tenga en cuenta.
También es comprensible la decepción o el cansancio.
Políticos eternos, candidatos repetidos, promesas reiteradas hasta el cansancio, ideas escasas, antecedentes para ocultar, “mudanzas” partidarias para formar alianzas poco digeribles, son sólo algunos de los aspectos criticables por el ciudadano de a pie.
Poco parece importarle a muchos políticos que, fieles a su estilo o a una costumbre arraigada, mantienen sus discursos vacíos o multiplican las críticas destructivas sin que esbocen alguna propuesta medianamente atractiva o novedosa.
Finalmente, todos transitan un calendario electoral que presenta una suerte de doble vuelta, ya que contempla una primera confrontación –el próximo 13 de agosto- en las denominadas elecciones “primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias” (P.A.S.O.), y el 22 de octubre las elecciones generales, que definen los resultados para ocupar las bancas en juego en la renovación legislativa.
En medio de una grieta política notable, que divide las aguas de la opinión pública entre un pasado kirchnerista liderado por la ex –presidente Cristina Fernández, y un presente de “Cambiemos” que conduce el actual Presidente Mauricio Macri, llegamos al primer acto electoral con un clima de indiferencia que invade grandes sectores sociales más allá de los participantes y militantes activos de cada sector, partido o agrupación.
Si bien no hay cambio de gobiernos, ni a nivel nacional, ni provincial, ni municipal, se están poniendo en juego las bancas del Congreso Nacional, de las Legislaturas Provinciales y de los Concejos Deliberantes, lo que no es poco. Se está definiendo, en gran medida, la representación popular, las voces que se harán oír en nombre del pueblo.
Y la opinión pública se debate entre mantener el rumbo fijado por el actual gobierno, o volver a la política del kirchnerismo, que se mostraba como un espejo de Venezuela. La opción –aunque algunos la fomenten, otros la “maquillen” y otros la sufran- es lo que marca la característica esencial de esta elección.
Lamentablemente los terceros van a ver afectada su participación por una disyuntiva de hierro: voto K o voto anti K, rechazo al gobierno o voto de confianza al gobierno. Así de simple, con Massa aferrado a un inamovible tercer puesto y un Randazzo que no crece en las expectativas que genera su magra cosecha, según las encuestas.
La balanza oscila.
En un platillo carga los errores –a veces hasta torpes- de un gobierno nacional al que parecen faltarle funcionarios con solvencia en áreas claves.
En el otro platillo, el fracaso de una política decadente sembrada de corrupción que quiere volver para solucionar lo que no pudieron o no supieron resolver cuando fueron gobierno.
En pocas horas más sabremos lo que piensa la gente.
En tanto Luján también transita entre un camino de desinterés y una amenaza de tenaz disputa que despierta el entusiasmo de los más informados.
El plato fuerte de las primarias es el choque entre el ex –intendente Miguel Angel Prince y el concejal Leonardo Boto, ambos kirchneristas.
El veterano dirigente del justicialismo local, varias veces jefe comunal, ha lanzado un slogan muy simple, pero contundente y –sobre todo- de un significado en el que se mezcla la emoción de sus seguidores con la agresividad hacia su adversario. En tres palabras: “somos de acá”, Prince expresa –sin decirlo- que Boto es un foráneo que quiere hacer pie en Luján, aunque hasta ahora sin suerte.
Sobre ese enfoque se ha generado una usina de rumores, a partir de la cual no pocos sostienen que ser “de acá” no significa ser bueno, ni eficiente, ni siquiera recomendable.
Ser de acá puede ser una condición beneficiosa, pero no garantiza nada.
Así lo sostienen seguidores de Leonardo Boto, quien ha venido haciendo una campaña silenciosa pero persistente.
Las predicciones –y algunas apuestas- están a favor del ex –intendente, pero en las últimas horas los cálculos que se hacen son más austeros, pues algunos sondeos indican que se habría reducido el margen de ventaja de Prince sobre Boto.
Lo que preocupa al caudillo es el éxodo de dirigentes que ha sufrido su sector, lo que abre una incógnita llena de incertidumbre, que desafía la lógica de la política.
El triunfo de uno u otro puede traer otras consecuencias internas, ya que el grado de intolerancia recíproca se manifiesta a voces.
Por otro andarivel transita Cambiemos el mismo camino hacia las urnas, pero con la diferencia de que no habrá confrontación interna en este sector, a partir de la conformación de una lista de unidad que encabeza el radical y actual concejal Fernando Casset y que ha obtenido la aprobación de las distintas fuerzas que componen este frente político: la Unión Vecinal, la Unión Cívica Radical, y el Pro, y cuya figura principal es el actual intendente Oscar Luciani.
Cambiemos llega a las urnas con un apabullante plan de obras públicas jamás visto en Luján y el desgaste de casi seis años de gobierno municipal y la actitud sistemática de la oposición unida de dañar la imagen del intendente y de su gestión de gobierno.
Algunos analistas sostienen que, hoy por hoy, el único objetivo de los concejales de la oposición es desgastar a Luciani.
Buscan o reiteran a diario algún motivo para los discursos agresivos, las movilizaciones y el escándalo, lo demás parece importar poco.
En ese contexto, el gobierno responde con más obras y –se dice- su estrategia no es esforzarse para las primarias, sino apostar fuertemente al resultado que pueda obtener en las generales de octubre.
De lo que no hay dudas es que el electorado tiene una opción que condicionará los sufragios. O vota Cambiemos o vota kirchnerismo.
Seguir o volver. Lo demás son expresiones válidas desde lo político, no desde lo aritmético.
Y si bien la gente vota más con el corazón que con la cabeza, hoy tiene mucha información para decidir.
Y cada vez avanza más el voto cerebral sobre el emocional.
¿Alcanzarán las obras y la honestidad del actual Intendente?
¿O prevalecerá el folklore popular de los bombos que parece reemplazar contenido por ruido?
¿Superará Boto y su pretendida imagen de preparación, a la mística casi desordenada de Prince?
¿Qué papel hará el sector de Massa y la no totalmente digerida adhesión de Margarita Stolbizer?
¿Randazzo será aplastado por la máquina kirchnerista que no lo perdona?
Estos interrogantes, y muchos otros, tendrán respuestas al abrir los sobres, al anochecer del domingo 13 de agosto.
Unos festejarán, otros se lamentarán.
Celebremos todos.