Aprobación en la instalación de cines junto al hipermercado en zona inundable que impediría el buen escurrimiento del río en una gran inundación

La valoración de la política es esencial para rescatar a un actor fundamental en el desarrollo democrático: los partidos.
Un elemento indispensable en el análisis del estado actual de dichos actores es ubicar los factores de poder que influyen y deciden en su composición, funcionamiento y decisiones, tanto estructurales como de candidaturas. Ese es un verdadero mal que ha carcomido estas instituciones.
Si aspiramos a construír la democracia, entendida como esa experiencia inacabada que busca el bien común, la equidad, mejores condiciones de vida para todos, y rematamos este deseo con tener un Estado fuerte, con instituciones consolidadas, dando cumplimiento a sus funciones, equilibrando las desigualdades, respondiendo a las necesidades de la población y con un entramado legal acorde a los anhelos sociales, necesitamos una clase política que esté a la altura de estas demandas.
Esta clase política enrolados en partidos tienen que tener por principios recoger y articular las necesidades y problemáticas identificadas por sus miembros y simpatizantes, socializar y educar a los electores y a los ciudadanos en lo que concierne al funcionamiento de los sistemas político y electoral y producir valores políticos generales. Encontrar el punto de equilibrio entre distintas demandas y convertirlas en políticas generales. Alentar y movilizar a los ciudadanos para que participen en las decisiones políticas y transformar sus opiniones en alternativas políticas viables. Servir de medio para que los ciudadanos hagan llegar su voz al gobierno. Reclutar y capacitar candidatos para que puedan ocupar cargos públicos, por eso se considera que los afiliados son fundamentales para mejorar la calidad del sistema. Pero estos principios que son fundamentales para la democracia se ven vulnerados principalmente por la poca participación social o militancia política que se registra en estos últimos años, además de que los partidos se caracterizan por su alto nivel de centralización en la toma de decisiones, sobre todo con respecto a las candidaturas y por lo tanto Los partidos que quieren ahorrarse los gastos que implican realizar asambleas, administrar la entidad y reclutar líderes y afiliados. Además, terminado el proceso electoral el líder a nivel local no tiene incentivos para mantenerse en el partido ni para conservar la organización.
Esta estructura local, que es predominantemente caudillista, no le pertenece al partido, tiene dueño, que al pasar las elecciones se negocia con otros, por lo que nos estamos moviendo hacia un modelo político transaccional. Ni la ideología ni los planteamientos programáticos ganan las elecciones.
En los partidos, quien paga, manda; el que controla recursos, controla las candidaturas y gana elecciones, y es muchísimo el dinero que se necesita para ganar las elecciones.
Este modelo ha llevado a tener intendentes y concejales que pasaron a enriquecerse patrimonialmente y vemos a diario como van tomando decisiones que no tienen nada que ver con mejorar la calidad de vida del ciudadano, sino implementar políticas poco claras, como la colocación del estacionamiento medido que podría llevar a perder dinero a las arcas municipales, como la de legislar para aprobar un Código de Ordenamiento Urbano entre gallos y medianoches (a finales del 2013), como se permite la construcciones de cines sin estudios de impacto ambiental y en zona inundable.
Pero la sociedad también es culpable. Somos tolerantes, no cuestionamos y votamos a sabiendas de que no estamos eligiendo.