UNA NOTA DE MARGARITA ELIAS
Gran referente del folklore, la tierra y el vino. Dejó una huella muy importante en la historia musical y social que será difícil de borrar.
Fue vecino de nuestra localidad y amado por todo el país.
Se fue un 13 de enero. Su alma dejó esta tierra. La tierra de la Virgencita de Luján, nuestra Patrona. El barrio de Plumas Verdes, cercano a la Basílica, fue su lugar en el mundo durante estos últimos años. Logró hacerlo su hogar.
Su edad era 91, pero el espíritu era siempre el mismo: buen sentido del humor, estimado y desarrollando su talento en cuando daba la oportunidad.
Nació en 1925 en el chaco santafecino, en el pueblo de Las Garzas.
La tierra corría por sus venas. Hijo de José Rodríguez y Feliciana Cereijo de Rodríguez, española. Su verdadero nombre fue Eraclio Catalín Rodríguez y desde muy jovencito empezó a descubrir su vocación por crear canciones viviendo y sintiendo la realidad de su pueblo.
A pesar de su arraigo al contexto donde vivía, se comprometió con sus vivencias y el duro vivir del gaucho argentino y viajó a probar suerte a Buenos Aires a los diecisiete años, con el sueño inalterable de realizarse como cantante. Así fue que durante meses y mesas estuvo cantando tangos, boleros y todo tipo de canciones para poder tener para comer… hasta fue marinero.
Con el tiempo pudo imponer un estilo sin igual, donde prevalecía canciones folklóricas comprometidas con el amor, los trabajadores, las injusticias y la lucha contra todo tipo de regímenes autoritarios. Es así que en su camino se encuentra con el maestro Herminio Giménez quien lo contrata para cantar en su orquesta y nace el “Cantor”.
Fue uno de los pioneros, inaugurando el famoso Festival Nacional de Folklore de Cosquín, en la provincia de Córdoba, en 1961 y su participación se hizo un clásico donde miles de hombres y mujeres cantaron, bailaron y aplaudieron su obra.
Su público se masificó y logró salir del país con su música, hasta llegar a Moscú, entre otros lugares del mundo.
Por el contenido de sus letras, Guarany debió abandonar la Argentina en la década del ‘70 ante las reiteradas amenazas y atentados realizados a él, su familia y sus pertenencias.
Un largo y duro exilio en España no logró doblegar ni su fortaleza ni el cariño de sus seguidores; aunque la dictadura argentina hizo desaparecer todos los discos editados hasta ese momento, el pueblo folklórico se ingeniaba para tener siempre la música del ídolo en sus oídos y corazones.
Horacio volvió a la Argentina el 5 de diciembre de 1978 aunque una serie de hechos desafortunados siguieron atormentándolo hasta conciliar la calma en el 83 con el gobierno democrático.
El romance con su gente, quizás inexplicable que se generaba cada vez que el “Cantor” subía a un escenario, tiene en sus raíces, más que en su entonación, en una plena identificación con las letras de sus canciones y el sentimiento expresado en cada nota que sale de su garganta.
Amante del buen vino creó, antes del exilio, en su casa del barrio de Coghlan, el famoso y bien conocido “Templo del Vino”, donde agasajó por muchos años a sus amigos… y hasta le dedicó canciones y melodías.
Logró establecer su lugar en una estancia en la finca “Plumas Verdes” eligiéndola como su lugar para vivir. Tanto amor sentía por el lugar que le dedicó un CD grabado en su sello discográfico EMI-ODEON, a esta ciudad que lo albergaría hasta su muerte.
Querido y recordado por todos, Horacio Guarany fue una de esas personas que quedarán en el inconsciente colectivo cada vez que suene el folklore...