La carrera electoral 2017 ya está lanzada.
A partir de la conformación de las listas de candidatos para la disputa en las urnas, cada partido o alianza de partidos alinea sus competidores.
Los esperan dos pruebas de fuego: las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (P.A.S.O.), en el mes de agosto, y las elecciones generales de octubre, en las que se definirán los verdaderos y definitivos resultados expresados por la voluntad popular.
Ya es historia cómo se arribó a cada una de las nóminas que competirán electoralmente. Ya resultan inútiles los lamentos por el fracaso de algún acuerdo electoral, o de la frustrada incorporación de algún candidato que fuese decididamente superior al que se inscribió para integrar determinada lista, u otros aspectos mejorables.
Sin dudas, algunas candidaturas no dejan de sorprender, no porque pueda negárseles el derecho de ser elegidos, cualquiera sea su posición en la lista que ocupan, sino porque cuesta entender que ciertas fuerzas políticas hayan dejado de lado figuras con más condiciones, resignando posibilidades en una disputa electoral incierta.
En tanto, otros sectores parecen haber decidido poner toda la carne en el asador, no sólo por considerar que la elección 2017 será el trampolín de posicionamiento para las de 2019, sino además para dirimir fuerzas en una interna que les permitirá liderar un espacio fortalecido.
Es que los dirigentes y militantes partidarios de cada agrupación, en especial quienes conducen y orientan la toma de decisiones, transitan laberintos políticos desconocidos desde afuera, andando por los sinuosos pasillos interiores de su propia fuerza política.
Muy interesante, aunque no el único, es el panorama del justicialismo local, virtualmente atomizado detrás de posiciones disímiles y de aspiraciones de liderazgo político, vanidades personales y ambiciones de poder.
El choque que se avecina en las primarias del mes que viene se ha transformado en la mayor incógnita y, al mismo tiempo, en el punto de interés más significativo de la contienda electoral, tanto para propios como para extraños.
En este rincón, diría algún relator deportivo de un cuestionado deporte, vuelve a intentar suerte Leonardo Boto, actual concejal y derrotado candidato a Intendente Municipal en 2015, vencido en forma contundente por el actual Jefe Comunal, Oscar Luciani.
Boto milita en las filas del kirchnerismo, con apoyo de dirigentes de “La Cámpora”, circunstancias que se volvieron en contra del dirigente al momento de votar, al igual que su condición de “foráneo”, que termina siendo un factor al que no se adapta el paladar lugareño. Prueba de ello fueron las consecuencias valorativas efectuadas por la gente respecto del gobierno de Graciela Rosso, en manos de funcionarios que no conocían nuestro medio pero que tomaban decisiones políticas como si supieran.
En el otro rincón el regreso de un histórico del justicialismo, Miguel Ángel Prince, ex Intendente municipal por varios períodos.
Su figura, pese al desgaste que acumula, producto de sus cuestionadas gestiones al frente del Municipio y su liderazgo por carisma, no por conducción, y mucho menos por su administración, aún sigue siendo convocante, sobre todo para quienes no se encuentran representados por la otra opción partidaria.
También arrastra Prince el cuestionado acompañamiento de figuras repetidas, muchos considerados sólo sobrevivientes a la sombra del líder pero incapaces de generar una gravitación política por propios merecimientos, sino todo lo contrario, a veces constituidos en una suerte de contrapeso para la imagen partidaria.
¿Qué intentan cada uno de los conductores, cabezas de listas? Boto quiere demostrar dinamismo, capacidad, planificación para el futuro. Tal vez le falte la fuerza de la convicción, ya que para algunos sectores - sobre todo independientes- y hasta para algunos de sus propios seguidores, suena a discurso repetido que busca efectos electorales de corto plazo.
Aunque muestra más profesionalismo en la organización de la campaña electoral, su comparación “mano a mano” con un peso pesado del peronismo, como es Prince, lo debilita ante los ojos de aquellos que presienten la dureza de una confrontación sin cuartel.
Miguel, o “Miguelito” - como se lo conoce popularmente-mueve los hilos del titiritero y juega a la política, saboreando el movimiento de cada pieza que él conduce.
Estratega reconocido, parece esperar -como el torero- el momento más propicio para definir, de un golpe, la suerte de la disputa. Pero el tiempo pasa, y el veterano competidor en el ruedo taurino tiene algunos kilos de más, algo que Boto ha medido cuidadosamente.
Prince arrastra un pasado de militancia indiscutible, pero de cuestionables resultados. Sus gestiones han sido muestras de una mala administración, que reconocen hasta algunos de sus ad láteres que se animan a expresarlo.
No pocos recuerdan que dejó el Municipio endeudado y sin parque automotor, que los trabajadores municipales cobraban sus sueldos en cómodas cuotas, que en su primer mandato terminó destituido por mal desempeño –decisión tomada por concejales de su propio partido que concordaron con la oposición- y que pareció irse sin tomar conciencia de su responsabilidad de administrador de dineros públicos.
Hoy vuelve al ruedo con su historia en la mochila, que todos reconocen. Militancia sí, eficiencia no.
Pero más allá de la visión más objetiva de los observadores imparciales, también es innegable la existencia de factores subjetivos, personales, anímicos, intenciones.
Porque, según afirman algunos militantes cercanos a uno y otro líder de las listas a confrontar, existe un manifiesto grado de intolerancia entre ambos.
Prince –se afirma- quiere derrotar a Boto y “borrarlo” políticamente del escenario local. De tal forma lideraría el justicialismo y se constituiría en el referente más importante para la unificación de los sectores disgregados.
Más aun, se dice que su actual participación encabezando una lista podría ser tan sólo una candidatura testimonial con ese objetivo.
Boto se ve ante un gran desafío y, como afirman algunos de sus allegados confidencialmente, también ante un gran sueño: derrotar a Prince, demostrando que el futuro vence al pasado. Habrá que ver si la estrategia teórica culmina siendo exitosa en la práctica.
De lo que no hay dudas es que la confrontación del justicialismo en las P.A.S.O. será, como en el fútbol, el partido de la fecha.
Por otro lado, el Frente Renovador local sufre las consecuencias de una anunciada polarización entre Cambiemos y el kirchnerismo. Guibaud y compañía son espectadores del fenómeno y confían en la tracción que la lista de Massa pueda producir en el orden local, pues sólo les queda “flotar” en medio de la angustiosa situación que protagonizan.
Algunos analistas afirman que ciertas decisiones de su bloque de concejales, o la poco sustentable –y hasta poco explicable- postura de oposición dura, han disminuido las simpatías por este sector político en nuestro medio.
Lo cierto es que, hoy por hoy, el Frente Renovador constituye una opción debilitada ante el electorado lujanense.
Los concejales Fattorini -de afirmaciones explosivas y poco confiables-, Musso –que mantiene un prestigio sustentado en sus educados modos, propuestas y convivencia política- y Pasqualín, cuyas contradicciones asoman en torno a sus votos y a sus compañías- se erigen en débiles alternativas electorales, que preanuncian una efímera vigencia.
Cambiemos mantiene su homogeneidad, ha conformado una lista única de candidatos integrada por el vecinalismo, el radicalismo y el Pro, concurriendo unido y consolidado a las elecciones.
Las incógnitas no se colocan a corto plazo en este sector político, sino en 2019, donde deberán definir su candidato a Intendente.
En esa ocasión las pretensiones de continuidad del actual mandatario, Oscar Luciani, constituirán un factor gravitante para decidir la cuestión.
Desde el radicalismo se viene hablando de la alternancia, el vecinalismo parece ignorar el tema, y desde el Pro existen serias dudas, pues si bien coincide en la utilización de esa metodología de cambio, no comparte que el candidato que sustituya a Luciani sea de la U.C.R., sino del riñón del “macrismo”.
La izquierda ofrece el tradicional panorama de grupúsculos incapaces de conformar una opción atractiva para los electores afines. Las distintas expresiones ideológicas encarnadas por las fuerzas políticas de izquierda se caracterizan por resaltar sus discrepancias en lugar de sus coincidencias.
Así, año tras año, van camino a la atomización que, finalmente, terminan debilitando su participación electoral, impidiéndoles alcanzar el piso electoral exigido por la ley para acceder a una banca legislativa.
Un atrayente camino a transitar. Un interesante panorama para observar.
Preparativos, sordos enfrentamientos, personajes ocultos, promesas, sonrisas, gestos de simpatía, tapizan los pasillos interiores de los partidos en competencia. Cuando se abra la puerta de acceso, se conocerá la verdad. Por suerte, sólo el pueblo tiene la llave.