Momentos. Toda actividad tiene sus momentos. El deporte, el arte, la ciencia, el estudio, el trabajo. También la política.
En cada caso hay etapas bien definidas, una preparación, un esfuerzo, un camino, un calendario, un resultado.
Y, aunque la atención de la mayoría de los espectadores está puesta en aquellos momentos que despiertan el interés general, como un partido de fútbol, una muestra de pinturas, o una elección presidencial, los preparativos previos son seguidos por un gran sector de la comunidad, sobre todo por los más entendidos.
Y, en el caso de la política, también por los adversarios que competirán en las urnas y quieren saber, lo antes posible, contra quiénes.
Es un ejercicio que se repite cada dos años, aunque sea un período que muchos consideran demasiado corto, pues año de por medio estamos votando y, a veces, quienes gobiernan postergan decisiones que pueden causar un impacto electoral negativo, por lo que difícilmente asumen esos riesgos.
Casi irónicamente se dice que un año se gobierna y el siguiente, popularmente conocido como “año electoral”, se hace campaña.
Apreciación más o menos exagerada, lo cierto es que los preparativos para la competencia electoral de este 2017 ya comenzaron, poco visiblemente todavía, pero con movimientos continuos para las distintas fuerzas.
El tema central, como siempre lo es, y que aparece en la cumbre del interés político, es la conformación de las listas de candidatos, con las que cada fuerza intentará no sólo obtener la adhesión de la ciudadanía, sino mostrar sus capacidades, representatividad, nivel de dirigencia, prestigio.
Por cierto, la designación de quienes integrarán las listas de candidatos de cada sector político no es nada sencillo, si se hace responsablemente, pero mucho más complejo resulta elegirlos si deben contemplarse factores que condicionan a cada fuerza para hacerlo.
Una lista de candidatos puede escribirse en minutos sobre una mesa de trabajo, por veteranos dirigentes políticos. Aun cuando sea un método poco democrático.
Pero la tarea se complica cuando, en una fuerza política, debe acordarse con otros sectores internos, cuando debe respetarse el denominado “cupo femenino” y, finalmente, cuando el partido integra un frente con otras agrupaciones que también elaboran sus listas para unificarlas respetando cierto orden o ubicación, conforme las pretensiones de cada una de las fuerzas aliadas.
En ocasiones, más que un dirigente político se requiere un matemático que calcule probabilidades, corrimientos, proporciones, etc. que permitan concretar acuerdos posibles y, al mismo tiempo, no diluyan las aspiraciones de cada agrupación participante.
Luján también permite comprobar que la arena política ya está llena de aspirantes, aunque algunos no se vean con demasiadas chances electorales.
El frente gobernante, actualmente conformado por la Unión Vecinal, la Unión Cívica Radical y el Pro, presentan algunas incógnitas, aún no aclaradas, en torno a los nombres que integrarán las listas de candidatos.
El vecinalismo guarda hermetismo respecto a quiénes podrían ser postulados como sus representantes para reforzar su bloque de concejales. Por un lado se miden imágenes y carismas, mientras por otro se procura el aporte de conocimientos y la participación juvenil.
Si bien no hay líneas internas formalmente definidas, los afiliados a la Unión Vecinal, reparten sus opiniones a las que algunos se animan a sumar críticas por ciertos desempeños públicos en el gobierno municipal.
El radicalismo, en cambio, tiene claramente delimitados dos sectores que están dispuestos a disputar el espacio político en el cual militan.
La confrontación interna, lejos de ser juzgada inconveniente, seduce a los radicales, que históricamente han hecho de ese mecanismo un ejercicio casi permanente en el escenario de la vida partidaria.
A su vez, el Pro, que a los ojos de los vecinos aparece como el sector minoritario de la sociedad gobernante a nivel local, parece dispuesto a “pelear” lugares expectantes en las listas de candidatos, con el apoyo explícito o implícito de dirigentes partidarios del nivel provincial, y aún nacional.
La integración de los tres sectores –vecinalismo, radicalismo y Pro- en una lista única es casi el producto de un cálculo algebraico a través del cual se garantice a cada parte una proporción y una posición que satisfaga sus objetivos políticos para lo que viene.
No menos dificultoso aparece el tejido de una lista opositora que pudiera integrarse bajo una preanunciada pero nada fácil unidad. La referencia está dirigida a los sectores justicialistas que atomizan la representación política en el Concejo Deliberante.
Una fractura a todas luces insalvable se vislumbra claramente entre el Frente para la Victoria –hoy por hoy el sector más descalificado en la visión de la ciudadanía- y el Frente Renovador, que pretende diferenciarse para evitar ser arrastrado por las críticas, el desprestigio, las sospechas y las denuncias que envuelven al “kirchnerismo”.
Pero las divisiones y líneas internas no concluyen en la mencionada fractura entre dos sectores, sino que se agiganta visiblemente sólo con mirar las bancas y los múltiples varios bloques unipersonales que existen en la legislatura municipal.
Para mejor, casi todos ellos tienen aspiraciones de reelección que, para algunos, apenas si alcanzan la categoría de sueños, por no calificarlas de “alucinaciones”.
También cabe tener en cuenta, en la geografía justicialista, la existencia de otros dirigentes que hoy no tienen representación política a través del desempeño de cargos públicos, pero en cambio gravitan en las decisiones del sector. Algunos de ellos aspiran, nuevamente, a ser candidatos partidarios, y acompañan al “caudillo en las sombras” que, esta vez, parece haber anunciado la posibilidad de volver al ruedo. Aunque, en rigor de verdad, pocos lo crean.
También debe computarse la presencia de agrupaciones minoritarias –casi todas ellas con militancia en la denominada “izquierda”- a las que no se les reconocen mayores logros que no sea su magra participación electoral, pues ningún pronóstico les asigna chances para alcanzar el piso que les permitiese obtener representación en el Concejo Deliberante.
Las apariciones públicas de estos sectores pueden verse, reiteradamente, en ruidosas manifestaciones callejeras, que ofrecen un limitado protagonismo democrático y un creciente repudio de quienes ven impedidos sus derechos por cortes de calles y otros actos de ese calibre.
Una participación política de escasa repercusión electoral.
En pocos días se aguardan novedades importantes, y sabrosas, como conocer los nombres de quienes serán “cabezas de listas” y de quienes los seguirán, sobre todo a partir de sus identidades partidarias, puestos y ubicaciones.
Todo un tema que se dirimirá en las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (P.A.S.O.) previstas para el mes de agosto y que consagrarán a los ganadores en las elecciones generales convocadas para el próximo octubre.
La carrera electoral se acerca. Los preparativos ya están presentes.
Lo importante es que la ciudadanía elija, ejerciendo su derecho a votar. Y que las urnas sirvan –una vez más- para escuchar la voz del pueblo.
Cualquier resultado será decisión de la comunidad en su conjunto. Y aunque no sea verdad que el pueblo nunca se equivoca –pues la suma de equivocaciones individuales conduce, si supera cierto límite, a un error general- al menos será la consecuencia de una expresión democrática.
Lo importante es la maduración popular, el voto reflexivo y responsable, como único camino para no cometer más esas equivocaciones que postergan el acceso a un mejor futuro.