UNA NOTA DE HERNÁN LEONEL
En las últimas tres décadas pasaron todo tipo de Gobiernos y no solo hago referencia a Intendentes, sino también a Concejales y Funcionarios. Vecinalistas, Peronistas, Radicales, Kirchneristas y del Pro. Algunos más carismáticos, otros un poco antipáticos y otros que no quedaron ni en el recuerdo; esto último es lo peor que le puede pasar a un político (que ni se tenga registro de su paso por la función pública).
Es de amplio conocimiento que el clavo se golpea con un martillo, pero más de uno no ha sabido superar este simple acto. Tal vez porque el clavo es de esos finito, casi invisible, sí, de esos que no tienen cabeza y los ferreteros venden por gramo. Son tan chiquitos que demandan una cierta firmeza para darle un buen martillazo. Pues, en este relato, el clavito bien podría representar a Luján y el martillo, grande y pesado, sería la política; la cual bien ejecutada daría en el clavo. Perdón por la redundancia pero no quiero que usted se pierda en mi relato.
Ahora bien, ninguno de los mencionados, logró darle un golpe seco y preciso para encaminar la cuestión. Ni ateos ni devotos. Todos quisieron ser más papistas que el Papa y pecaron de sus errores. Más de uno le dio de refilón y el clavo obviamente se dobló. Fueron más las veces que el mazo dio contra los dedos, provocando que estos se tornen morados y cansados de dolor, que las acertadas.
Así se encuentra el Barrio Ameghino hoy. Adolorido de tantas pifiadas. Afligido de tanta desidia. Cansado de frases de campaña. Así se encuentra Rumilda Garay Vega que tiene una “laguna natural” frente a su casa en vez de una vereda. “Desde que se inundó esta parte del barrio (detrás de las canchitas de fútbol “El Vagón”) fue que se formó esta laguna y jamás se secó”, comenta indignada y añade agrandando sus ojos al divisar el agua: “Si te fijas, hay un ecosistema donde podes sacar toda clase de bichos, víboras, sapos. “
Y ni que hablar de las enfermedades que esto atrae”, comenta a la pasada Nora Funes vecina del barrio. “Las ratas ya son parte del vecindario; son como mascotas”, acota mientras tira muerta de la cola a una de ellas que se encontraba en el porche de su casa.
“¿Qué pensamos de los políticos?, que aparecen días antes de las elecciones y después ni la cara les ves”, concuerdan ambas. Y agregan a coro ante la pregunta: “El Intendente (actual) nunca camino por acá”.
Al caminar un par de cuadras más, por Suipacha y Rojas, un vecino con la camiseta de Independiente saluda afectuoso y pregunta cuál era mi labor. “ah, escribí que esto es un desastre, que nos tienen marginados”. Él, como tantos otros, es un humilde laburante a quien le encantaría poder tener el frente de su casa en otras condiciones pero “lamentablemente es imposible, para que voy a pintar si el agua negra (haciendo alusión a que cuando llueve el barro sacude el frente) se encargará de arruinarlo”. “Mira lo que es la calle, ni una ambulancia puede pasar. ¿Qué hacemos en caso de una emergencia?, lo que mejor sabemos hacer. Sobrevivir”.
Me despido y sigo hasta toparme con una familia que a viva vos agradecen la difusión. “¿Sabes cómo nos facilitaría las cosas si estas cuadras son asfaltadas?, el colectivo haría su recorrido, la policía y las ambulancias pasarían ante una emergencia, los ancianos que andan con bastones y la gente que usa silla de ruedas podrían dejar de estar presas”, sí, leyó bien. Es gente que realmente está presa en sus casas. Literal. “A que van a salir, si no pueden hacer pie en el barro”, afirman.
Enrique Fresia, padre y sostén de su familia, nos cuenta, entre mates que “para salir a trabajar y llevar los chicos a la escuela es una odisea cada día y ni te cuento cuando llueve seguido ya que hay que levantarnos antes de lo debido para ver si podemos cruzar el barrio, porque luego de unas horas de lluvia quedamos aislados”.
-¿Qué se hace en esa situación?
-En mi caso no tengo opción, saco la camioneta y salgo como sea, no puedo darme el lujo de quedarme en casa y no ir a trabajar.
-¿Qué se les explica a los chicos?
-Trato siempre de hablar con ellos, de inculcarles el valor de la educación, del trabajo y del ambiente que los rodea.
-¿A qué te réferis con el ambiente que los rodea?
-A las malas juntas. Ojo que no pasa solamente acá en el Ameghino. La sociedad está pasando un momento muy malo y los chicos no están el margen de eso. Por eso, recalco que los valores son fundamentales y aunque llueva quiero que ellos vean a su padre salir a trabajar y por mi lado verlos ir al colegio. Que valoren el esfuerzo.
-¿Te imaginas un barrio mejor en el futuro?
-Ojalá, realmente quisiera llegar a estar vivo para verlo lindo. Con los servicios, con asfalto, con un colectivo que recorra todo el barrio y no la parte asfaltada dejando a la otra mitad en la nada. Lamentablemente nos acostumbramos al arreglate como puedas y no es así. Para eso están los que gobiernan.
-¿Tu opinión sobre el Intendente?
-Ninguna, no le vi la cara. Ojalá se dé una vuelta.
-¿Porqué pensas que no lo hace?
-(Se detiene a pensar, ceba un mate y acota) Tal vez piensa que no somos vecinos de Luján o que se lo va a insultar si aparece. Pero bueno, si eso pasa… será porque a veces la verdad duele y más si te lo dicen en la cara.
A los pocos días de la caminata, vuelvo al barrio y observo maquinas municipales que en el transcurso de la semana estuvieron realizando trabajos de limpieza de cunetas, colocación de caños, nivelado y abovedado, entoscado y perfilado de zanjas. Al llegar a casa recibo un mail de la Dirección de Prensa donde expresan que “se continuarán realizando mejoras para una mejor circulación
y escurrimiento de agua en los próximos días”. Espero con ansías, como todos los vecinos, que esto no sea una simple y casual tarea de campaña y continúen trabajando para mejorar, realmente, el estado crítico de un barrio que se encuentra al límite, en todo aspecto posible y abarcativo que esta palabra tiene como disparador ya que, tantos Gobiernos han pasado y están transcurriendo su mandato y ninguno pudo lograr lo que David; derribar al gigante. Y eso que en este caso es al contrario, el gigante debería ser el bueno y David el débil, el villano y el malo de la película. Un simple David no puede ser clavado con un martillo, que en teoría es más fuerte, cuenta con más recursos y puede transformarse y reinventarse tantas veces quisiera y al unísono incrementar sus fuerzas. Pero así estamos, con los pies embarrados, con historias parecidas a David y Goliat pero a la inversa, con lagunas que pronto serán ríos y con un clavo que se ríe cada vez que el accionar político o mejor digamos, cada vez que el martillo (para continuar con la metáfora) le pifia en su pegada y golpea a los vecinos.