Y, finalmente, se lanzó el calendario electoral 2017.
La política tiene sus encantos, pero ninguno puede ser más atractivo que la participación eleccionaria.
Y, dentro de este aspecto, nada supera el significado de una lista de candidatos, como máxima expresión de la participación ciudadana.
Al cierre de esta edición, precisamente, se agita el bolillero de la fortuna, se mocionan y se tachan nombres en casi todas las agrupaciones políticas, se especula con incorporaciones de último momento, se intenta armonizar pretensiones y, por último, se aguarda la decisión de quienes manejan la lapicera que escribirá no sólo los nombres bendecidos, sino también el orden en el que quedarán anotados.
Algunas fuerzas tenían prácticamente definida la nómina de candidatos para competir en las urnas. Otras no tanto, aunque el plazo venza el próximo 24 de junio.
Es que no todos los sectores llegan cohesionados a esta instancia. Más bien reina la disputa de intereses, posicionamientos y poder.
Esto se hace muy visible en el territorio justicialista, en todas sus variantes, que evidencia una fractura manifiesta entre la ortodoxia partidaria, el kirchnerismo, y otras expresiones del sector.
La situación que se aprecia en el orden nacional, con el enfrentamiento entre Cristina Fernández y Florencio Randazzo, sirve para alinear dirigentes de segundo y tercer orden, pero también para enfrentarlos casi irreconciliablemente.
No sólo las posibilidades que puede tener cada candidato definen la posición de los Intendentes, legisladores y cuadros dirigenciales en general, sino también sus roles y necesidades, las presiones a las que se ven sometidos, y las ventajas que pueden tener en el futuro si se alinean en el bando triunfante. Aunque pueda parecer una postura especulativa, que sin dudas lo es.
Mientras tanto, las cabezas de cada sector político siguen negociando para que algunos participen y otros resignen sus pretensiones.
¿C.F.K. candidata? ¿Diputada en lugar de Senadora? ¿Su real objetivo son los fueros que le garanticen inmunidad ante su comprometida situación judicial? Todo el mundo sigue los acontecimientos lleno de preguntas.
¿Candidatos como Aníbal Fernández, D’Elía o Guillermo Moreno, escondidos o borrados del horizonte electoral?
Mucho para disimular entre el séquito que rodea a la ex –Presidente de la Nación, acorralado por denuncias, juicios y riesgo de ir presos, pero que –finalmente- mantienen protagonismo y de alguna manera son el foco de la prensa.
A nivel local la situación parece ser todavía más confusa. Corren versiones de todo tipo y van y vienen los nombres de integrantes de listas todavía no definidas.
¿Prince participará como candidato? ¿Es creíble que descienda un escalón de la política para volver al Concejo Deliberante como concejal luego de haber sido Intendente varios períodos? ¿Repetirá la vieja táctica de mantener la expectativa hasta el último momento y luego ser el titiritero?
Hay quienes sostienen que “Miguelito” persigue múltiples propósitos, uno de los cuales tiene una ubicación destacada: quitarle chances electorales a Leonardo Boto.
En su entorno sobran pretensiones, pero también un tradicional acatamiento a la voz del líder. Lo que no abundan son figuras de peso que traccionen una lista.
Sin embargo, resuenan lanzamientos precarios –en afiches, versiones y comentarios, pasacalles u otras formas de anuncio electoral- que repiten aspiraciones de Molinero, Ariel Notta, César Siror, Facundo Romero, y otros.
En una confusa ensalada de precandidatos y líneas internas justicialistas, la definición esencial radica en el alineamiento con el kirchnerismo o en un posicionamiento que enfrente a los “k”.
Esta vez el paisaje del justicialismo –en todas sus expresiones- se muestra más complicado que de costumbre.
¿Mientras tanto, qué pasa en Cambiemos?
El histórico acuerdo entre la Unión Vecinal y la Unión Cívica Radical, que fuera acompañado inicialmente por Acción Ciudadana, más tarde por el Gen y el socialismo, y actualmente por el Pro, sigue constituyendo la alianza política más sólida a nivel local.
Sostienen los propios dirigentes de ambas fuerzas que, luego de superadas las desconfianzas naturales del primer tramo de marcha común, la integración se consolidó con el paso del tiempo.
Los resultados exitosos hicieron el resto y el Frente Cívico Vecinal se ofreció a la ciudadanía como una alternativa política capaz de enfrentar al localmente desprestigiado justicialismo, responsable de más de veinte años de gobierno municipal con desastrosos resultados.
La opción no sólo constituye una fuerza que agrupa sectores ciudadanos de centro e independientes no atados a ningún partido político, sino que es la única opción que se muestra con posibilidades electorales de derrotar al histórico oponente.
Hoy por hoy –se sostiene, a baja voz, en los interiores de las sedes partidarias- que ya estarían definidas las listas de cada fuerza y su integración en una sola que represente al Frente hoy conformado por el vecinalismo, el radicalismo y el macrismo.
En pocos días sabremos si las versiones circulantes adquieren veracidad.
¿Y el “massismo”? Probablemente sea la mayor incógnita electoral de la próxima confrontación.
Este sector –liderado a nivel local por la ex legisladora provincial María Inés Fernández- ofreció con éxito como primer candidato a Federico Guibaud, actual concejal del denominado Frente Renovador.
Hoy, la fuerza parece enfrentar una fuerte polarización entre el kirchnerismo y Cambiemos, que se presentan electoralmente como el pasado y el futuro, la corrupción y la transparencia, el fracaso y el desarrollo, restándole espacio a los demás partidos.
¿Qué resultado dará entre los ciudadanos esa estrategia publicitaria de confrontación entre dos gigantes? Tal vez la suficiente –especulan en el oficialismo- como para volver a captar los votos de aquellos que –aun poco conformes con el gobierno- teman el regreso de una etapa que creían superada.
Para colmo –afirman algunos analistas- la alianza entre Sergio Massa y Margarita Stolbizer no termina de convencer a quienes –siendo seguidores de la diputada- la vieron criticar duramente al ex Jefe de Gabinete del gobierno “k”.
Para muchos una conducta incomprensible. Para otros, mera especulación electoral. En cualquier caso, una u otra conclusión produce un efecto negativo que resta en la suma de adhesiones.
También se asegura, a nivel local, que –tanto los renovadores como el Gen- no cuentan con suficientes dirigentes en condiciones de desempeñar funciones públicas relevantes, lo que dificulta la conformación de las listas de candidatos.
¿La izquierda? Siempre habrá una expresión de la izquierda para quienes adopten esa ideología. Aunque, a veces, sólo se identifique a estos sectores por la denominación que adoptan, más que por su forma de vida, sus conductas o sus principios.
La realidad ha demostrado en más de una ocasión que es difícil la convivencia entre grupos afines –por ejemplo las numerosas variantes del socialismo-o entre facciones cuyas prácticas políticas difieren notoriamente. “Una cosa es la doctrina –nos refería un veterano dirigente- y otra es la metodología de la movilización, que termina manifestándose en contra de las instituciones”.
No hace falta ir muy lejos para identificar a pequeños grupos revoltosos que nada bien hacen quedar a la izquierda nacional y democrática –a la que dicen pertenecer- y que sólo muestran actitudes violentas y antidemocráticas.
Cortar calles, quemar neumáticos, tomar edificios públicos, u otras variantes de protesta, no configuran expresiones de participación democrática, sino precisamente todo lo contrario.
Finalmente, la sociedad ha rechazado en forma mayoritaria y contundente, esa metodología. Las urnas así lo demuestran.
Sin dudas hace falta una opción que represente a la izquierda, pero que se manifieste con propuestas profundas, encarnadas por dirigentes serios, formados, criteriosos, y no por aquellos que lamentablemente suelen ser vistos como patoteros.
Todo el conjunto de expresiones políticas, de representantes partidarios, de candidatos, plataformas, propuestas, ideas, etc. terminan por confundir a la gente. Y lleva a muchos a pensar sobre qué importancia tienen las elecciones de este año.
Se trata de una instancia electoral denominada de medio término, en la que los ciudadanos no eligen cargos ejecutivos –Presidente, Gobernador, Intendente- sino legislativos –Senadores, Diputados, Concejales.
No van a cambiar los gobiernos –cualquiera fuese el resultado de las urnas- pero sí pueden modificarse las integraciones de las cámaras legislativas: el Congreso Nacional, la Legislatura Provincial o el Concejo Deliberante municipal.
Pero, además, posicionarán a algunos dirigentes y sectores políticos para las elecciones de 2019, en las cuales se elegirán a los nuevos titulares del Poder Ejecutivo nacional, provincial y municipal. Nada menos.
Como vemos, el calendario electoral de 2017 ya está en marcha y los partidos lanzados en la carrera hacia las urnas.
Pero en ese camino deberán enfrentar dos exámenes. Uno el de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (P.A.S.O.) que tendrán lugar en agosto, y luego las elecciones generales que se realizarán en octubre.
Dos pruebas de fuego que dejarán a muchos heridos y fuera de competencia. Pero habrá también un sector de ganadores, al que todos desean pertenecer.
Los próximos días permitirán conocer los candidatos de cada lista. Los partidos exhibirán lo mejor de sus dirigentes encabezando las aspiraciones legislativas para ser representados.Y la ciudadanía podrá conocerlos, saber lo que piensan, conocer qué proponen, y decidir libremente su voto, dejando de lado prejuicios y eligiendo responsablemente.
Porque la democracia no consiste sólo en elegir y ser elegido, sino tambiénen saber hacerlo.
Alguna vez deberemos votar siguiendo nuestros razonamientos y no los consejos de una publicidad de campaña.