UNA NOTA DE MARIA TERESA TARTAGLIA
UN VIAJE POR LA HISTORIA
Encontramos en el recuerdo del bicentenario del Cruce de los Andes un motivo de evocación, que inspira reflexiones sobre nuestro pasado y el porvenir al cual estamos convocados.
La vida del Gral. Don José de San Martín, su gesta militar, su conducta personal, son para nosotros un ejemplo trascendente. ¿Qué es lo más admirable de San Martín? Son muchas las facetas que podemos encontrar dignas de subrayar.
Por ejemplo los estudiosos de la Ciencia Militar destacan la audacia de sus concepciones estratégicas, la habilidad para hacer de la nada un gran ejército, la disciplina y el espíritu que supo imprimir al Regimiento de Granaderos que formó en Cuyo.
Otros historiadores destacan su hombría de bien, la veracidad de su palabra, el sentido del honor que marcó su trayectoria, la sobriedad de sus costumbres, el desinterés personal de su actuación, su carencia de ambiciones.
Otros historiadores se sienten seducidos por la concepción de libertad por la cual luchó y por la idea de que la Patria era la América toda.
Fue también un gran político y diplomático, y lo demostró cuando regresó a Europa, logrando que se reconociera la independencia de América.
Pero una forma de humanizarlo y sentirlo más cerca nuestro, es recordar sus visitas a la Villa de Luján. Dos veces llegó a esta Villa: en 1818 y en 1823.
Imaginemos a Luján en aquél momento: era un poblado, con casa sencilla y ranchos, y tenía el título de Villa desde 1755. El centro lo formaba la plaza Constitución, hoy llamada Plaza Belgrano, rodeada por calles descuidadas y zanjas profundas. Tenía dos edificios importantes: uno religioso “el templo” de Nuestra Señora de Luján, Santuario mandado a construir por Don Juan de Lezica y Torrezuri (inaugurado el 8 de diciembre de 1763); y otro edificio civil, el Cabildo, un típico edificio español de estilo colonial pampeano, austero, sencillo, de dos plantas, con arcos de medio punto, pórtico, balcón concejil, campana para llamar al pueblo. La casa que se destacaba era la llamada “ Casa del Virrey”, donde funcionó hasta 1812 el “ Real Estanco de Tabacos”, en 1803 había pasado a depender de la familia Pereyra Mariño y desde 1828 a 1834 vivió el Dr. Francisco Javier Muñiz, con techo de tejas musleras, a dos aguas, zaguán y una pieza alta con pequeño balcón. Edificios que hoy pertenecen al Complejo Museográfico Enrique Udaondo.
La vida en la Villa era tranquila, pero no monótona, por la cantidad de peregrinos que venían y los viajeros que pasaban por el camino Real .Aquí vivían españoles, criollos, negros, pardos, mestizos, indios tapes y pampas..
San Martín llegó a Luján, en mayo de 1818, venía de Chile, iba a Buenos Aires donde se entrevistaría con el Director Supremo Don Juan Martín de Pueyrredón, con el fin de conseguir medios económicos para continuar la campaña Libertadora al Perú. Venía victorioso, luego del triunfo en Maipú ( 5 de abril de 1818), con la cual había asegurado la libertad de Chile.
El pueblo de Luján lo recibió con alegría y respeto, junto a los Cabildantes. El General fue al templo, donde lo esperaba el cura Rector, Presbítero Francisco Argerich. Rezó ante Nuestra Señora de Luján, oró por la Patria, agradeció los triunfos, vio las dos banderas ofrecidas por el General Manuel Belgrano a la Virgen luego de la victoria de Salta y se emocionó, como lo escribió en una carta, porque dichas banderas le hablaban de triunfos, derrotas, sacrificios y entrega.
El General siguió a Buenos Aires para cumplir su misión y también para visitar a su esposa y a su hija.
Avanzamos por los caminos de la historia y llegamos a diciembre de 1823, en esos días la Villa de Luján, recibió nuevamente al General Don José San Martín. Pero era otro momento en la vida del Gran Capitán. Había logrado la liberación del Perú, solo faltaba el Alto Perú, pero no tenía medios para conseguirlo. Por eso se había entrevistado con otro Grande: Simón Bolívar en Guayaquil, entre los días 26 y 27 de julio. Los temas que trataron fueron secretos, hoy los conocemos por los hechos que ocurrieron. Lo real es que San Martín entregó su ejército a Bolívar, para que éste completara la campaña libertadora. Luego partió de Lima a Chile, para dirigirse a Buenos Aires, pasando por la Villa de Luján.
El 3 de agosto de 1823, había muerto su esposa Remedios Escalada. Cuando San Martín llegó a Luján, su ánimo estaba abatido y triste. Solo la calidez del pueblo y la fe en la Virgen pudieron ayudarlo.
Nada había cambiado aquí. El Presbítero Argerich, volvió a recibirlo. Ya no estaban los cabildantes, porque los Cabildos habían sido suprimidos en 1821, y reemplazados por un Juez de Paz, que en ese momento era Don Jerónimo Colman, quien lo recibió oficialmente.
El General oró frente a Nuestra Señora de Luján y probablemente le haya pedido fortaleza para enfrentar y superar esos momentos de prueba y dolor. También había decidido su partida a Europa junto a su hija Mercedes.
Luego de su partida de Luján, el periódico porteño “El Argos”, publicó una nota: “tenemos la satisfacción de anunciar que luego de pasar por Luján, arriba a nuestra ciudad, el General Don José de San Martín. Nadie puede sentirse indiferente a la presencia de un héroe que ha coronado a la Nación con tantos títulos y laureles. Su alma es más grande que la fortuna. Mucho le debe la Patria al Libertador”.
Cuando San Martín llegó a Buenos Aires, visitó la tumba de su esposa y encargó construirle un mausoleo, con esta inscripción: “Aquí yace Remedios Escalada, esposa y amiga del General San Martín”.
Si seguimos avanzando por los caminos de la historia podemos transitar los mismos lugares que San Martín aquí en Luján, ésta ya no es una Villa, sino una ciudad desde 1893, podemos avanzar por la plaza, el cabildo, ya no está el Santuario de Don Juan de Lezica y Torrezuri y lo reemplaza la hermosa Basílica, pero sí está la misma Imagen de Nuestra Señora ante la cual rezó San Martín. Voy al mismo Cabildo, ya no están los cabildantes, ni el Juez de Paz, pero en el Museo encontraré los testimonios , objetos que pertenecieron al General San Martín: su poncho, el arca de caudales del ejército de los Andes, la caja estuche de roble con adornos de bronce en la cual guardaba su uniforme, su mate, su bastón de madera de la India, un relicario de su esposa, la carreta quinchada utilizada en el campamento del Plumerillo, y otros elementos que nos acercan a la vida de quien hoy recordamos. Ellos nos sirven para unir nuestro presente con el pasado, para proyectar el futuro.
No olviden que así como el pueblo de Luján recibió con orgullo y emoción al Libertador de Chile y Perú, nosotros hoy debemos detenernos a pensar, qué podemos realizar para el bien de nuestra Patria y de nuestra ciudad, desde el lugar que nos toca ocupar , sobre todo con pequeñas acciones , imitando las virtudes y ejemplos del General San Martín, que parecerían que hoy no son tan comunes como: la honradez, sencillez, amor a la verdad, desapego a la riqueza, sacrificios, humildad, renuncia a bienes y premios que significaran riqueza.
¡VIVA LA PATRIA!