UNA NOTA DE MARGARITA ELIAS

Desde hace años, las calles de Luján recobraron vida gracias a la huella que fue dejando el joven Lucio Ricciardulli quien habló con HDO sobre lo que es el “Street Art”.
Rostros, figuras geométricas, colores. Impacto visual. ¿Minimalismo? No. Su antítesis. Será porque hoy toda forma de comunicación se hace a gran escala: enormes letreros luminosos, titulares en mayúscula, imágenes que ocupan toda la tapa de una revista… Sucede que en una localidad como lo es Luján, uno no está acostumbrado a ver algo tan llamativo. Y no, la Basílica no cuenta. A esta ciudad tan remota e histórica por donde se la mire, desde hace algunos años se la empezó a percibir diferente. Las paredes tan insulsas y frías comenzaron a transmitir y a provocar sorpresa para los vecinos. Por la zona de la Terminal, por la Avenida Humberto Iº, desde negocios, gimnasios, bares, hasta casas de familia, el movimiento urbano del “muralismo” ha pasado por aquí para impregnarse de forma indefinida. Para algunos esto sucedió de la noche a la mañana, pero en verdad es un trabajo de varios días entre planificación y realización. La mayoría de los enormes “graffitis” que podemos ver sobre todo en lo que es la zona céntrica, fueron realizados por Lucio Ricciardulli.
Es el mayor de cinco hermanos, hijo de María Alejandra y “Hueso” Ricciardulli.
“Algo se debe haber heredado seguramente”, comentaba a la periodista mientras sus ojos se distraían tratando de observar los detalles de un trabajo que estaba realizando en el momento de la entrevista. Algo muy propio de los artistas: no sólo darle lugar a la improvisación sino también corregir los pequeños errores, esos que - en verdad - al ojo común pasan inadvertidos. “En mis trabajos trato de improvisar todo lo que más pueda, porque si no, me aburro. Trato de seguir una base, respetar algunas cosas del diseño y después es también lo que se va dando en la pared”, comentaba respecto de su forma de labor.
Desde chico se interesó por el dibujo y su paso por la Escuela Industrial y su incursión en la carrera de Diseño Industrial, sumado a los talleres culturales en los que participó, fueron útiles para sumar conocimientos y herramientas necesarias para ir perfeccionando sus obras cada vez más.
“En realidad es un ejercicio como cualquier profesión, es algo que se tiene que practicar”, aseguró el artista. De los lienzos y los bastidores, Lucio pasó a un desafío más grande como lo es una pared, aunque él asegura que “es lo mismo sólo que cambia la escala”. Hace ya unos siete años que el mayor de los hermanos Ricciardulli se dedica a pintar murales. “Empecé usando aerosol que era lo que más me llamaba la atención y me terminó gustando. Hasta que me di cuenta que podía trabajar de eso. Esto me llevó a conocer a otra gente, hacerme amigos, entré a festivales por el interior del país como por ejemplo en Salta o Mendoza… Cada vez hay más movida y se mueve más el tema del arte callejero”, comentaba. Y quienes lo conocen saben que esas “obras de arte callejeras” le pertenecen. “En lo personal, no lo noto pero todo el mundo se da cuenta que lo hice yo tal vez por los colores que utilizo. Me gustaría que no fuese así, que sean todos distintos y que no se note tanto. Eso diría que tengo más versatilidad”, expresaba con total humildad el joven que dejó espacio para la broma diciendo: “Si pintase en blanco y negro dirían que la estoy pasando mal, que soy un depresivo”.
Sus manos embebidas de látex de exterior y aerosol, sus tímpanos cubiertos por auriculares que esparcían música para aflojar y su look distendido con buzo y visera para atrás lo definen como un propio artista del 2000. Pero además de su simpleza externa, quedó a flote su simpleza interna. “No creo ser un referente para los otros, aunque bueno, también hay cierto grado de responsabilidad. Yo no quiero que venga un nenito y vea una pared lisa o toda escrachada con cualquier cosa. Es distinto que vea un mural y llegue a la casa y quiera ponerse a pintar o a dibujar, ya eso suma”, reflexionaba el pionero del “streetart lujanense”. Pero no sólo se dedica a trabajar individualmente sino que también da talleres para otros jóvenes aficionados al dibujo sobre los procesos, las técnicas hasta hacer el montaje en la computadora para mostrarles a los clientes cómo será el resultado final. Hoy Lucio se encuentra trabajando de sol a sombra y repensando una nueva serie para volver a presentar en sociedad como obra e idea personal. Como reflexión final, el artífice dijo: “El arte callejero te permite tener una relación más directa con el receptor. Tal vez pintando en mi casa con bastidor tengo que hacer una muestra o las subo a internet para que lo vean los demás pero en la calle se multiplica mucho. A la gente le llega más. Es otra la relación, es más afectiva. Desconfigura un poco lo que uno está acostumbrado a ver en la calle: paredes todas grises, escrituras políticas, y de golpe ver algo de muchos colores, a gran escala, esas cosas a lo que uno no está muy acostumbrado”. Para ver una de sus obras no hay que pagar una costosa entrada en un museo sino sólo salir a caminar por los barrios y abrir bien los ojos porque nunca se sabe con qué nos puede llegar a sorprender este talentoso artista.