Se repite cada año, cíclicamente, para esta época del año, una huelga que organizan los gremios de empleados municipales.
Otra vez el Intendente Luciani ha de inaugurar el período de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante - que comienzan el próximo 1º°de abril - en medio de una medida de fuerza de los trabajadores del Municipio.
Paradójicamente, es el Intendente que más beneficios ha otorgado a los empleados, asegurándoles la estabilidad a quienes por más de tres lustros de sucesivas gestiones populistas permanecían como contratados temporarios, pagándoles sus haberes con puntualidad suiza, otorgándoles aumentos salariales que superaron los máximos obtenidos en toda la provincia, mejorándoles las condiciones de trabajo, equipándolos con vehículos, maquinarias y herramientas nuevas, y otras mejoras.
¿La respuesta? Huelgas, paros, protestas, la instalación –en años anteriores- de una deplorable carpa en la Plaza Colón, propaladora de olores, ruidos, suciedad, humo, gritos, agravios. Algo que la gente repudió en forma prácticamente unánime y que no se descarta este año.
Sin embargo, la carpa -solicitada por el Sindicato que encabeza el conocido Samuel Enrique Peñalba, que fuera funcionario princista y luego saltara el cerco para integrar el sector de Leonardo Boto-fue autorizada por el Concejo Deliberante, con el voto de los concejales opositores al Frente político gobernante.
Para apoyar la iniciativa de Peñalba y posibilitar que colocara la carpa en la Plaza, frente al edificio de la Municipalidad, los concejales opositores declararon el pedido como una cuestión urgente y de interés público. Desde los despachos oficiales y otros sectores de opinión, sostienen que fue un verdadero disparate, que marca el nivel de aquellos que lo votaron y ocupan las bancas como representantes del pueblo.
En los últimos años, el Intendente dio a los trabajadores municipales aumentos salariales superiores al 40%. El mayor de la región.
Pero - nos decía un veterano político local - “no hay peor sordo que el que no quiere oír”, en alusión a la actitud de los gremios, cuyos dirigentes responden, mayoritariamente, a expresiones políticas justicialistas.
Está claro que el objetivo perseguido es dañar al gobierno, transformándose en la más dura oposición política. El reclamo gremial viene después, es sólo una excusa para las protestas indefinidas, cuanto más extensas y ruidosas, mejor.
Como ocurre año a año, la postura de los dirigentes sindicales es pedir un aumento impagable, para luego negociar con algún margen y, mientras tanto –con la gente ilusionada por cifras deslumbrantes pero inalcanzables- iniciar un repetido “plan de lucha”. Por supuesto, al reclamo se lo acompaña con protestas, jamás con propuestas.
En lugar de debatir ideas, proponiendo medidas concretas, aportando posibles soluciones, con imaginación, capacidad, inteligencia, por el contrario apelan a las bombas y a los bombos, a los cortes de calles, quemando neumáticos, instalando una carpa repudiada por los vecinos, y “apretando” a quienes optan por su derecho a trabajar.
Entre tanto hay movimientos y posicionamientos gremiales entre los dirigentes, que se producen debajo de la superficie.
Los tres gremios que encabezan las medidas de fuerza - Sindicato de Trabajadores Municipales, Asociación Trabajadores del Estado y Sindicato de Empleados Municipales - se acompañan con recelo, pues temen quedar descolocados ante los afiliados, pero –por detrás- revelan posiciones diferentes, se critican entre sí, y hasta descalifican el accionar de otros dirigentes. El mayor blanco de las críticas y los cuestionamientos es el secretario general del S.T.M. Samuel Enrique Peñalba, que sufre el desgaste de muchos años de gestión gremial, pero sigue al frente de su agrupación.
Además de las diferencias entre los tres sindicatos, particularmente en el que encabeza Peñalba, se preanuncia una dura confrontación interna. Este año, el joven abogado Sergio Reinante - un empleado municipal no vidente- se anima a enfrentar al viejo caudillo, del que muchos ya se han cansado.
Mostrándose firme, pero con la suficiente dosis de respeto como para saber dialogar, no buscando el conflicto sino la solución, con capacidad para negociar, Reinante se diferencia claramente de Peñalba, no sólo en su formación sino en sus modos.
Y va sumando adhesiones de aquellos trabajadores que están cansados de las marchas de protesta que a nada conducen, pues perjudican a todos en lugar de facilitar algún acuerdo.
Mientras tanto, el gobierno municipal guarda un discreto silencio, y los sindicatos rechazaron las propuestas de aumento salarial que consideraron insuficientes, al igual que los ofrecimientos superadores que les hicieron después.
El pasado viernes 17 los gremialistas organizaron una movilización – marcha de protesta- frente al edificio municipal, pero –ante el temor a no recibir suficiente apoyo de sectores de trabajadores que no se ven representados por Peñalba y sus más cercanos colaboradores- incorporaron otros gremios a la movilización (Suteba, Atilra ).
La protesta gremial “engordada” con participantes ajenos al reclamo fue ruidosa, pero nada productiva. Encontraron que la Municipalidad cerró sus puertas para evitar el ingreso de los manifestantes con sus bombos, y –agotada la protesta- éstos se retiraron sin mayores inconvenientes.
¿Cómo sigue un conflicto más político que gremial? - es la gran pregunta. De uno y otro lado tejen hipótesis y procuran acercar posiciones, sabiendo que en algún momento se arreglará, luego de que los sindicalistas cumplan con su propósito de desgastar al Intendente.
Cinco años cobrando sus sueldos en término parecen no importarle a los dirigentes que “olvidan” quince años anteriores en los que se los pagaban “en cómodas cuotas”. Otra vez rompen las negociaciones paritarias antes de que terminen las conversaciones entre las partes, demostrando que prefieren el camino de la confrontación antes que el de los acuerdos.
¿Gremialismo o política? Sin dudas, esta última, y de la peor, la política sectorial y partidaria escondida tras un reclamo laboral, usando a los trabajadores como instrumentos para enarbolar banderas ajenas a sus aspiraciones y necesidades.
A lo que hay que agregar
que algunos delegados gremiales no son, precisamente, ejemplos de trabajo, sino todo lo contrario. Ni muestran conductas que los hagan modelos de dirigentes, pues se llevan por delante las leyes y luego se amparan en la protección que les dan esas mismas leyes para eludir las sanciones que les corresponderían por faltar al trabajo, por no cumplir sus obligaciones, por faltarle el respeto a sus jefes y compañeros de trabajo, y muchas otras razones.
Tal vez se venga un cambio dirigencial, como lo reclama la sociedad toda. Tal vez llegó el momento de renovar representantes, de mostrar condiciones que hoy no se ven. Tal vez la gente comience a pensar.
No se trata, simplemente, de Peñalba o Reinante, sino de una forma de liderazgo, de un reclamo hecho con respeto o del forzado corte de calles y la toma de dependencias municipales, del diálogo o la quema de neumáticos que rompen el pavimento que se hizo con el esfuerzo de todos, de la huelga anticipada ignorando las negociaciones en marcha, en lugar de que un paro sea la última medida de fuerza.
No es uno u otro, sino un estilo u otro, una forma u otra. Tal vez se esté trazando un límite invisible entre el pasado y el futuro. Si así fuese será por el bien de los trabajadores municipales, pero también porque la comunidad lo quiere.