Desde fines del año pasado, 2017 se preanunciaba como un camino de tránsito complicado, en el que la clase política se expondrá a superar algunas pruebas difíciles.
El calendario electoral, fundamentalmente, se presenta como una gran incógnita que todavía parece lejana para el gran público.
Paradójicamente, la gran preocupación de los dirigentes, como es la agenda política, no está aún en la agenda cotidiana de la gente, que tiene otras preocupaciones, en especial la inseguridad, la economía, el elevado costo de mantener una casa, que son prioridad en el interés de la comunidad.
El panorama nacional hace oscilar, como un péndulo, el humor social, que se debate entre la sensación de frustración con el nuevo gobierno y el espanto que produce pensar en la posibilidad de que volviese el anterior.
La intranquilidad que traen los problemas, las dificultades, y los miedos, no contribuyen a la superación de la conocida “grieta” que nadie puede negar y que se ha instalado entre nosotros.
Luján forma parte de un todo que es campo de confrontaciones y disputas. Sus habitantes han perdido la capacidad de asombro ante hechos lamentables y dirigentes que no están a la altura de sus responsabilidades.
La política es un campo de pruebas que muestra deplorables ejemplos. El gremialismo es otro teatro de operaciones de la peor especie. La gente común sólo tiene el triste rol de espectadores impotentes, prisioneros y víctimas de los excesos, de la mala educación, de la mediocridad.
Poco a poco, hasta los más entusiastas militantes de quehaceres sociales y participantes de instituciones de la comunidad, van perdiendo las esperanzas, las ganas, la fe.
Mientras tanto, las aguas se van agitando con el correr de los meses. Mayo es un escenario propicio para los preparativos políticos. Ya las distintas fuerzas están pensando en los posibles candidatos que integren sus listas, pero también en la conformación de alianzas, algunos en uniones tan hipotéticas como utópicas, otros en el milagro de alcanzar un imposible piso electoral que jamás alcanzaron.
Hay de todo en la viña del Señor, pero, con aciertos y con errores, la política no se detiene. Es demasiado importante para pocos como ajena para muchos, pero influyente y condicionante para todos.
Los observadores especulan en torno a la posible celebración de acuerdos que se anuncian pero no se concretan. Hay demasiadas cabezas de ratón como para lograrlos, algo que se aprecia, claramente, en el justicialismo.
Las aspiraciones personales sobran, las vanidades encandilan, las autovaloraciones rebalsan los límites de lo razonable, la pobreza dirigencial impera. A nadie beneficia ese panorama, pero tampoco nadie cede ni resigna pretensiones.
Muchos son los nombres que suenan como precandidatos a concejales, que provienen de distintos sectores internos y exhiben respaldos políticos de significación que, en la mayoría de los casos se desvanecerán antes o después de las primarias de agosto. Al menos la historia así lo muestra.
Del lado del gobierno se mantiene consolidada la alianza entre el vecinalismo y el radicalismo. Ambas fuerzas han superado paulatinamente diferencias históricas y – se asegura- han aprendido a complementarse en la acción política y en la gestión de gobierno. El Pro se sienta a la misma mesa de las decisiones pero gravita menos de lo que sus dirigentes aspiran.
Aun con el desgaste de gobernar, por primera vez el sector liderado por el Intendente Oscar Luciani ha obtenido el apoyo de los gobiernos nacional y provincial, emprendiendo un programa de obra pública impensado por su volumen e importancia.
Tercia el “massismo”, cuya suerte parece estar echada entre quienes disputarán el triunfo palmo a palmo, en las urnas. Entre “Cambiemos” y el kirchnerismo, el Frente Renovador ve dificultado su crecimiento, presa de una amenazante polarización.
Pululan, además, en torno a fantasías electorales, grupos de izquierda, algunos identificados como movimientos sociales, cuyo protagonismo se reduce, en general, a alguna que otra aparición ruidosa en la calle, que produce más molestias a los vecinos en general que interés por saber el motivo de la manifestación.
En ese panorama, parecen más interesantes las P.A.S.O. -en las que pueden “cruzarse” internas interesantes- que las elecciones generales de octubre, en la que se preanuncian dos opciones que sobresalen sobre el resto.
Para colmo, en el mazo se barajan muchas cartas repetidas, algunas que vienen de reiterados fracasos.
También en el gremialismo la vidriera es muy pobre. Pueden dar testimonio los funcionarios municipales que participan de las negociaciones paritarias convocadas por el Intendente.
Los desgastados dirigentes de los gremios que representan a los empleados de la Municipalidad no aportan ideas, ni propuestas, ni soluciones, se afirma desde los despachos oficiales.
Además, la pobreza dirigencial se enfrenta en internas sindicales, tan feroces como actuadas y llenas de falsedades, disputándose el poder por el poder mismo, por la figuración que los gremialistas exageran pero que es pobremente apreciada por la comunidad.
Así lo demuestran, año a año, las actitudes de los dirigentes sindicales, que sólo saben recurrir a los cánticos agraviantes, a la quema de neumáticos en las calles, a impedir que se presten los servicios públicos, a amenazar a sus propios compañeros que quieren concurrir al trabajo.
Dirigentes que han vivido sin trabajar, que embarcan a sus afiliados en planes de lucha sin salida, que con sus actos caminan en el límite de violar las leyes, a los que no se les ocurre una idea, dirigentes que dan lástima.
Es lo que piensa gran parte de la población, cuesta muy poco comprobarlo, aunque la gente tenga miedo de manifestarse públicamente contra sectores que se consideran de riesgo, y que para algunos son “cuasi mafiosos”.
Difícilmente se avance mucho, o muy rápido, en el crecimiento del país, con una clase dirigencial tan pobre.
Si no hay una renovación que incorpore a la vida política y gremial a nuevos dirigentes, preparados y honestos, sólo cabe esperar un milagro.
No se trata de impedir los reclamos sociales, sino de cultivar el diálogo inteligente, aportar propuestas, buscar consensos, no arengando a los gritos sin contenido, ni apelar a la mentira, escondiendo sus verdaderos propósitos –dañar políticamente al adversario- detrás de una protesta sindical.
Los problemas no se resolverán con esa metodología. Tampoco con dirigentes que mantengan esas prácticas. En verdad su incapacidad para desempeñar un rol destacado los lleva a querer sobresalir produciendo el caos, que es lo único que son capaces de hacer.
Claro, no todo es responsabilidad de esos dirigentes. También lo es de quienes los eligen, y de quienes no participan, posibilitando, con su indiferencia, que permanezcan siempre los mismos en el control de los gremios.
Un 2017 complicado. Un año en el que, mes a mes, se irá calentando el almanaque.
Como para estar atentos. Comienzan a agitarse las aguas.