Un tema eterno sin resolver en Luján es la Terminal de e Ómnibus. Los problemas no nacieron hoy ni en los últimos años, vienen de larga data, pero los diferentes gobiernos los sigue agravando por falta de ideas, de gestión y de compromiso. Siendo una de las terminales con más movimiento de pasajeros de la República Argentina es a las vez una de las más abandonadas donde prima la falta de servicios, la suciedad e inseguridad de los pasajeros. Una terminal que debería generar recursos extraordinarios para nuestra comunidad y cuyo aporte a las arcas municipales llega en algunos meses a tan solo la ínfima suma de $14000 en todo concepto. Una terminal que en las peregrinaciones supera los 600 servicios de corta y media distancia y no es capaz de ejercer “los derechos de ocupación o uso del espacio público” que debiera dar dividendos a nuestra comunidad ya que engloba los derechos por uso de andén en la terminal; y a la vez todos los derechos percibidos por la ocupación temporal o permanente del espacio público que tiene un fuerte crecimiento con motivos de espectáculos o puestos que respondan a necesidades de peregrinaciones.
También incluye la habilitación de locales comerciales, agencias de remises, taxis y además de la utilización de la vereda en general, zonas de reserva de estacionamiento exclusivo, exhibiciones publicitarias, todo lo relacionado a la ocupación del espacio público.
Haciendo un poco de historia fue en 1962 cuando se construyó la Estación terminal de ómnibus para la cuidad de Luján, resultante del primer premio de un concurso, organizado por la Sociedad Central de Arquitectos.
La función principal de la Estación, era además de servir, principalmente el transporte a la capital de los habitantes de esta población, y a los numerosos visitantes de la Basílica.
El propósito fue proporcionar un techo que cobijara a los pasajeros con un comedor - confitería y locales comerciales. El protagonista del diseño, fue la estructura de la cubierta, que cada unidad de la misma se manifestaba como un “paraguas”, cuyas laminas en forma de catenarias era resultado de colgar un marco perimetral.
La continuidad de tres segmentos de seis unidades cada una, completaban el conjunto. El tanque de agua se construyó adyacente para liberar su presencia que hubiera correspondido sobre la cobertura.
Las columnas se realizaron de color negro, incorporado al hormigón que las diferenciaba de las láminas que trabajaban a la atracción, presentándose ambas formalmente como protagonistas de la obra.
Esta obra diseñada y dirigida por la genialidad de los arquitectos Llauró-Urgell, no fue bien concebida desde el punto de vista de su ubicación ya que se edificó en la parte más baja de la avenida Nuestra Señora de Luján y a consecuencia de ello en innumerables ocasiones fue alcanzada por los desborde del río Luján y por ende toda su actividad se ve paralizada y su funcionamiento de traslada normalmente a la avenida Humberto 1ro. Este inconveniente no solo es funcional sino también estructural ya que las reiteradas inundaciones (y especialmente en los últimos cuatro años) ha hecho que se comiencen a aflojar las losas de cemento de su piso, generando unos baches enormes, que sumado a los colectivos de gran porte que llegan a nuestra ciudad, produce la imposibilidad de transitar con vehículos pequeños y los arreglos que se realizan son apenas un maquillaje del trabajo que realmente de debiera realizar.
Cuando hablamos de “funcionalidad” también nos referimos a los servicios de tendría que otorgar este importante centro transbordo de pasajeros.
Muy lejos quedaron las prestaciones que esta terminal otorgaba, hace ya más de 50 años, a los turistas y ciudadanos que diariamente pasaban pasar por allí.
En primer medida desapareció la gran confitería y restaurant, quedando solamente una especie de buffet al paso.
Sus baños son los mismos que en la década de los sesenta, pero en pésimas condiciones edilicias y de salubridad, y solamente higienizados por particulares, que a voluntad del viajero juntan moneditas para la compra de cloro para de “desinfección” de los sanitarios, debiendo ser la Municipalidad de Luján el organismo que tendría poner en condiciones dichos baños y con personal propio la mantención de los mismos.
Otro padecimiento que sufren los pasajeros que a diario pasan por allí es, la inseguridad. Ya van muchas denuncias de robos, arrebatos y lesiones, un drama que no se puede controlar, a pesar que en el piso superior funciona el centro de monitoreo para la seguridad urbana y es el centro de congregación de la Policía Local, algo inexplicable, si se trabajara con la responsabilidad adecuada a la obligación del estado de brindar protección y resguardo al ciudadano.
Y por último debemos describir el mal mantenimiento de la parte edilicia de esta gran obra pensada en el año 1960. Los locales comerciales abandonados con sus vidrieras partidas, los techos llenos de goteras, los pisos rotos, los relojes no funcionan, los baños arruinados (ya antes mencionados) y la suciedad invadida por donde se mire. Un ejemplo de la mala gestión comunal donde además del mal funcionamiento se le suman las concesiones vencidas de los locales comerciales y con la consecuente falta de recaudación paras las alicaídas arcas comunales.