UNA NOTA DE HERNAN LEONEL
Así se siente Oscar Garré. Si bien, ganó todo como futbolista tocando el cielo con las manos tras consagrarse Campeón del Mundo con la Selección, no pierde la humildad y su rol en un país donde esto no suele ser lo más frecuente. El amor hacia su familia. Su paso por Ferro, su idolatría por Bilardo, Maradona y Messi son algunas de las cosas de las cuales la tinta se encargará de hacerles acercar para conocer a fondo a un emblema que desde hace un tiempo se mudó a Luján y ya se siente como un vecino más.
En el taller mecánico, atendido por “Tato” Dieta y Sergio Molina, ubicado en Humberto entre Avellaneda y Juan B Justo se dió, más que una entrevista, una charla; de momento informal, con risas y anécdotas, y al unísono de carácter formal cuasi paternal. “Tomamos unos mates y hacemos la nota, ¿dale?”, comenta a la pasada Oscar mientras se acomoda para dar inicio a la entrevista. Mi recomendación para con usted… prepare el mate y lea tranquilo sin que nadie lo interrumpa. Nos vemos al final.
-¿Por qué Luján?
-Me vine para estos lados por la tranquilidad que siempre supo tener esta ciudad (aunque hoy está complicado en todos lados y Luján no se encuentra ajeno a eso). Además mis hijos ya formaron su correspondiente familia y con mi señora decidimos hacer un cambio de aire, y ya que ella tiene muchos familiares acá nos vinimos.
-¿Por qué jugador de fútbol?
-Yo creo que se nace con el deseo de ser jugador, el potrero fue fundamental para formarme. Creo que soy un afortunado de haber llegado a primera y conseguir muchas cosas jugando al fútbol.
-¿Crees que se perdió el potrero?
-Las nuevas tecnologías han incidido mucho, la sociedad está cambiando. Otro factor importante es la inseguridad que estamos sufriendo, y eso hace que los padres tengan miedo de dejar ir a sus hijos a jugar a la canchita del barrio.
-¿Te forja el potrero como persona?
-La calle te forma, te educa. A pesar que uno puede tener muchos estudios, yo siempre digo que lo que aprendes en la calle no te lo enseñan los libros. Por otro lado, la familia también te forja eh (añade levantando el dedo índice de su mano). Antes había mucho respeto hacia ellos y ni que hablar hacia la maestra. Hoy, esto no se está viendo.
-¿Y qué se ve?
-Una sociedad que ha cambiado, en la cual los valores culturales se van perdiendo y el deber cívico cuasi también. Estamos al revés.
-¿En qué sentido?
-Los hijos dominan a los padres. Los alumnos a los docentes y si lo trasladamos al fútbol… vemos como las barras dominan a los clubes y los futbolistas a los entrenadores.
-¿Trabajaste de chico?
-Sí, porque mi papá se enfermó y mi madre se volvió el sostén de la familia. Nunca pasamos necesidades pero se nos había puesto bravo. En mi caso, a los 14 tuve que salir a trabajar de lo que encontrase y ojo con chistar.
-¿Los primeros botines?
-Me los compré trabajando. La salimos a pelear como familia. Por suerte somos muy unidos.
-¿El debut en primera?
-Algo maravillo y triste porque mi papá fue el que más me había apoyado y lo perdí seis meses antes. El destino quiso que mi viejo me vea desde arriba.
-¿Qué recordás de ese equipo, de ese grupo?
-Tuve la suerte de jugar en Ferro y de conocer a un grupo humano increíble. Unos muchachos muy buenos y un DT (Victorio Spinetto) que apostaba a la juventud. Fueron muy solidarios para conmigo, los consejos, las charlas. Siempre tomé lo mejor de cada uno.
-20 años de carrera no los tiene cualquiera. ¿Coincidís?
-Jugué hasta los 38, un montón comparado con la edad promedio que se retiran hoy en día. Tuve la suerte de tener una vida ordenada, de apoyarme y contar siempre con la ayuda de mi mujer (Rosa) lo que me permitió enfocarme en mi carrera y formar una linda familia.
-¿En qué momento de tu carrera sentiste que estabas para jugar en la selección?
-A los 22 salimos en familia a festejar el Mundial obtenido en el 78. Algo que me emocionó un montón. Ahí ya quería pertenecer a ese grupo, a representar a mi país, pero claro, me faltaba experiencia. Al tiempo conseguimos estar en lo más alto con Ferro y eso, más el cambio de entrenador y la restructuración del plantel hicieron que Bilardo me citara por primera vez.
-¿Sensaciones luego de la citación?
-Cuando pisé por primera vez el predio que está en Ezeiza y me calcé la casaca dije: de acá no me mueve nadie. (Risas)
-Es otra cosa ¿no?
-Es un mundo distinto, a veces la gente no entiende que a uno lo eligen entre miles de jugadores y que tenes que estar a la altura y rendir al máximo.
-¿Te exige más?
-Muchísimo más, uno pasa a ser jugador de elite, un jugador a nivel mundial.
-¿Te daba vidriera ya en ese entonces?
-No como ahora pero sí. Pasas a ser reconocido a nivel local e internacional. En Europa pasaban los goles de River y Boca y para de contar. Hoy te pasan hasta el Torneo Federal; es otra cosa.
-Qué selección cuestionada eh.
-No te das una idea, la prensa nos mataba, la gente no nos quería ni ver. Bilardo era el tipo más discutido y a pesar de que había ganado todo con Estudiantes empezó una campaña de desprestigio contra nosotros. Para colmo no habíamos empezado bien las eliminatorias, el equipo no brillaba, salvo Maradona, entonces se dieron un par de cosas para no estar reconocidos.
-¿Cómo hacían para apalear las críticas?
-Éramos muy unidos. No nos importaba lo que nos podían decir los de afuera. Bilardo nos daba esa tranquilidad que los malos comentarios nos quitaban. Fue un proceso, el de Bilardo, que nos costó mucho poder expresarlo dentro de la cancha pero después se dio la clasificación contra Perú sobre la hora y la consagración en México tras ganar la Copa del Mundo.
-¿Cómo recordás ese Mundial?
-Fuímos la primer selección que llegó y la última en irnos. Nosotros (haciendo alusión al equipo de jugadores y cuerpo técnico) nos juramentamos que íbamos a ser los últimos en dejar México como después se dió.
-Como así se dió el reconocimiento del hincha.
-Claro. No me voy a olvidar jamás cuando el Comandante del vuelo dió una vuelta en Ezeiza, primero para el lado derecho y luego hacia el izquierdo, para que viéramos la cantidad de gente que nos estaba esperando. Fue sin dudas un orgullo muy grande. Cómo así también lo fue cuando llevamos la Copa a la Casa Rosada y fuimos recibidos por el presidente, Raúl Alfonsín para luego salir al balcón y ver la Plaza de Mayo repleta con carteles felicitando al plantel.
-¿Cómo fue vivir el partido contra Alemania en la final?
-No dormí nada (risas), no podía controlar la ansiedad. Algo normal. Ojo, ellos tenían la misma sensación eh. Igual cuando salís a la cancha ya está. Se pasa todo porque lo estás jugando. Aunque en mi caso no lo disputé por acumulación de amarillas, mi cabeza estaba concentrada en cada detalle, en cada pelota parada, en lo que podía aportar sentado en el banco. El movimiento del rival. Todo.
-¿Cuándo intuiste que la Copa se venía con ustedes?
-El quiebre se dió cuando le ganamos a Uruguay. Ya habíamos visto las otras zonas y los otros equipos y desde ahí fuimos tomando conciencia de que podíamos sortear algunos rivales y llegar a la final.
-¿El partido con Inglaterra y el gol de Diego?
-Cantando el himno se me vino a la cabeza los pibes de Malvinas. Siempre estuvimos al margen del tema bélico y queríamos ganar ese partido a toda costa pero jugando al fútbol. Luego de ganar, estábamos festejando y los jugadores de Inglaterra nos vinieron a pedir si podíamos cambiar la camiseta. Nos felicitaron, nos dieron la mano y se fueron. Con respecto al gol de Diego, creí que no le iba a dar la nafta, que no iba a poder llegar pero esas genialidades que tenía él le dieron el impulso suficiente para encarar a cuanto inglés había sobre la cancha y marcar el mejor gol de la historia. Algo muy emociónate. Estalló el estadio.
-Bilardo era tan ob…
-Sí
-No me dejaste terminar la pregunta.
-Es que era tremendo, muy obsesivo. Un adelantado. Estaba en todos los detalles. En las tácticas era muy estricto. Se quedaba horas mirando, observando al rival; capaz se acordaba de algo y te llamaba a las 3 de la mañana para hacerte saber lo que había pensado.
-¿Por qué esa camada no tuvo entrada en AFA?
-Nosotros siempre quisimos y queremos estar pero nunca nos llamaron. Será algo político. No lo sé. Ni un café nos invitaron a tomar. No hablo de medallas, ni plaquetas (que tampoco lo hubo). Si fuimos y somos reconocidos por la gente.
-¿Te gustaría?
-Me encantaría poder aportar las vivencias, charlar con los jugadores y motivarlos desde lo vivido.
-Lo viste jugar a Maradona desde adentro. ¿Cómo ves a Messi desde afuera?
-Es un crack, no se le dió la posibilidad de salir campeón en Brasil, pero quiero y creo que va a tener revancha. Diego era más aguerrido, más malo dentro de la cancha y notó a Messi que es más dócil en el juego, como así también lo es en su vida, de perfil bajo, pero sin lugar a dudas que a Maradona lo disfrutamos en su mejor momento y hoy Messi es el que marca una amplia diferencia sobre el resto.
-¿Clasifica Argentina a Rusia?
-Como no vamos a clasificar si tenemos a los mejores. Que estemos pasando por un momento malo es distinto, pero cuando estos chicos se encienden, te arman un lío bárbaro.
-¿Qué te dejó el fútbol?
-Muchos amigos, grandes enseñanzas de vida y el saber que después de haber pasado por esta profesión y de haber conseguido todo uno sigue siendo un ciudadano común. Hago la cola para pagar los impuestos como cualquiera respetando al prójimo.
-Dijiste que conseguiste todo como jugador. Como persona, ¿qué añoranza te queda?
-Salud y trabajo para mis hijos y una vida sana para mis nietos. Uno de ellos juega en las inferiores del Manches City de Inglaterra y siempre le pido a dios que me dé la posibilidad de verlo jugar en primera.
Ente mates, y rodeado de autos y herramientas mecánicas, se dio esta “charla de vecinos”. Imposible redactar todo lo que se habló, comentarles cada gesto, cada risa y cada mirada expresiva que durante el transcurso de la entrevista tuve la suerte de observar. El grabador se apagó, pero luego se siguió hablando, discutiendo y opinando sobre política, sociedad y obviamente sobre fútbol. Eso quedará para los allí presentes y para quien humildemente escribe esta nota.