UNA NOTA DE MARGARITA ELIAS

Al mencionar la palabra “enfermedad”, estamos haciendo referencia a cualquier “alteración” psicofísica que afecta la vida del ser humano. Por eso, debemos tratar la obesidad como tal. Lamentablemente, hoy por hoy, a poco de comenzar el año 2018, todavía hay personas que juzgan a aquellos que padecen este trastorno alimenticio y un Estado que no atiende este asunto como debería: recién en agosto de 2008, la Cámara de Senadores de La Nación aprobó la Ley 26.396 proveniente de un proyecto presentado por el Dr. Alberto Cormillot en 1989, pero que nunca se puso en vigencia y, por lo tanto, la problemática se agudiza con el correr del tiempo. Según el director de la revista “Vivir mejor” y el ideólogo del programa televisivo “Cuestión de peso”, esta enfermedad les causa la muerte a 40 mil personas por año y es la segunda más preocupante después del cigarrillo. Si a estadísticas nos referimos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa de obesidad en Argentina es la más alta de América Latina.; más del 60 % de los habitantes tiene sobrepeso y la tasa de obesidad alcanza al 27%. Esta epidemia no diferencia en cuanto a sexo, edad, nacionalidad ni posición socioeconómica. Por eso, el foco está puesto, hoy más que nunca en los niños: según el informe titulado “Panorama de Seguridad Alimentaria y Nutricional” elaborado por la OPS/OMS y la FAO, en la Argentina, el 9,9% de los niños menores de cinco años padecen el problema. “Lo que estamos encontrando es que la mitad de nuestros chicos lujanenses están entre sobrepeso y obesidad en la mal nutrición por exceso”, informó la Lic. en Nutrición, María Candelaria Sarobe (M.P: 1462).“Lamentablemente, esta tendencia a la obesidad que estamos encontrando ahora, se está dando cada vez más en chicos muy chiquitos, y por eso hay que empezar a hacer la prevención en el jardín, en las primeras edades, para que puedan llegar al desarrollo con el menor peso posible, sin hacer dieta, porque los chicos no se ponen a dieta, sino que simplemente hay que enseñarles a comer”, comentó.

FACTORES Y RAZONES DE LA MALA ALIMENTACIÓN
La especialista en nutrición se refirió a una de las frases más escuchadas en la sociedad: “Que nunca falte”. Ella explicaba que esto puede ser entendible por tiempos de postguerra, en familias que vivieron la guerra muy profundamente, donde tiene una connotación histórica el tema de las cantidades, como también aquellos que vivieron pobreza extrema; entonces, por más quecueste, “poner límite a las porciones de la comida también es dar amor” y no es mezquindad. Otra realidad son los tiempos que manejan: los niños se levantan tarde porque se acuestan tarde. Por lo general, los chicos que van a la escuela en el turno vespertino, se levantan a las once de la mañana “con la almohada pegada” para comer algo (si es que comen) y van así a estudiar, y a las dos de la tarde ingieren la famosa “copa de leche”, que en verdad es más agua con azúcar como lo es el té o el mate cocido. “El consumo de calcio a través de la leche no existe”, expresó la Lic. Sarobe. “Además está esto del “no lo como” cuando nunca lo probaron; esto de darle a elegir al chico lo que quiere para comer; de improvisar lo más fácil porque, a veces los tiempos no dan entonces qué más rápido que tirar unas hamburguesas o hervir un paquete de salchichas...”, continuaba detallando la especialista. Y a todo esto hay que sumarle la “industria alimentaria” que nos lleva a comer alimentos que están hechos con muchos componentes adictivos para que consumamos en gran cantidad. La sobrealimentación, por la ingesta de comidas con alto porcentaje de hidratos de carbono en cualquier horario, se suma a las alarmantes razones.

DAR EL EJEMPLO Y REEDUCAR
“¿Qué aporte haces vos desde casa?”, pregunta la profesional a modo de reflexión. “Hay que crear un hogar saludable; una heladera saludable; dar el ejemplo uno; empezar a hacer porciones más chicas; abstenerse a lo que el adulto cocine y no andar preguntando qué querés comer y hacer dos comidas diferentes; no cocinar para un batallón si sólo son dos o tres”, aconsejaba. Como todo cambio de paradigma, no sucede por generación espontánea y se da gradualmente, pero no es imposible. “Que el chico se involucre en la cocina, que pele un tomate, que acompañe al adulto a la verdulería, que pruebe distintas verduras, que esté presente una ensaladera en la mesa, que saquemos un poco el consumo de azucares…”, continuó enumerando la licenciada. Además pidió a los adultos “ser fuertes” y entender que esta “bajada de línea” es para su bien: “La idea es trabajar siempre desde el lado de la prevención, que los chicos se ordenen para comer, que tengan un límite”, dijo. De este modo, se evitarán a futuro otras enfermedades que, por más que el chico no las vea o no las manifieste, las lleva consigo: doble esfuerzo del funcionamiento del aparato cardiorrespiratorio; hígado graso; diabetes; problemas hormonales a través de la tiroides; problemas de presión...

PONER EL CUERPO EN MOVIMIENTO
Como la comida rápida es una salida fácil, las pantallas (en cualquiera de sus variantes: tablet, computadora, televisión...) también lo son en cuanto a cómo entretener a los niños de hoy. De este modo, el ser humano, cada día que pasa se vuelve más sedentario. Para colmo, estamos pronto a terminar el ciclo lectivo, y muchos chicos van a sufrir una especie de “impass” físico. Pero aquí también, el cambio de hábitos es importantísimo. Sobre esto, la Profesora de Educación Física, Florencia Polizzo, decía: “El adulto puede aportar su granito de arena dedicándole tiempo al niño prestándole atención y diciéndole “Vamos a tal lado pero en vez de ir en auto vamos caminando”, o “Salgamos a andar en bici”, o “Salgamos a pasear”, o “Saquemos a pasear al perro”, pero de forma constante, porque no sirve que lo haga una vez a la semana”. La educadora pidió “evitar en esas salidas” las golosinas, los helados, las gaseosas y “todas esas cosas” que hacen que el chico siga engordando. Por su experiencia y trabajo diario, la profesora comentó que “se está notando cada vez más el lado malo”: se observan cada vez más los casos de niños que no quieren hacer educación física, que no tienen ganas, que prefieren estar sentados o hacer juegos que no requieran realizar muchos movimientos. “Los chicos están perdiendo el interés por la Educación Física y ahí está el trabajo nuestro, como profe, volver a inculcar esas ganas de realizar una actividad física, de la gimnasia en la escuela, de los deportes como el futbol, hockey o handball en los clubes. Ese es el rol, también, que como sociedad tenemos que volver a poner porque la tecnología lo está opacando bastante”, reflexionó Polizzo.