En la política, como en la vida, los episodios se suceden vertiginosamente, a veces sorprendiéndonos, otras sintiéndonos conductores de nuestro destino.
En la política, como en la vida, hay tiempos para pensar y tiempos para actuar, como etapas sucesivas de un mismo camino.
Lo que no pueden confundir los políticos es el tiempo de la reflexión con el de la acción, el de la pausa con el de la iniciativa vehemente que toma por sorpresa a los adversarios. Lo peor es actuar sin pensar.
El péndulo va y viene, los platillos de la balanza suben y bajan, las puertas se abren y se cierran, el sol sale y se esconde cada día. Igual ocurre en la política, donde confrontan inesperadamente el halago con el agravio, la reflexión inteligente con la descalificación necia e irresponsable, la suerte con la falta de ella.
Estos ingredientes no son ajenos ni a las decisiones más simples, ni a las medidas tomadas en situaciones complejas, ni tampoco a los más trascedentes resultados electorales. Sólo que no son suficientes para alcanzar, por sí solos, el éxito o el fracaso.
Los grandes aciertos y los grandes errores no son productos de la ruleta, sino del pensamiento sólidamente construido o del irreflexivamente equivocado.
Claro que pensar acertadamente, sobre todo cuando se trata de pensar el futuro, no es fácil. Tal vez exige madurar las ideas, informarse, generar consensos, planificar, saber diferenciar lo esencial de lo que no lo es, lo urgente de lo importante, lo necesario de lo prescindible.
Y también desterrar egoísmos frustrantes, dar muestras de generosidad, ser leales a los principios, son modos de actuar cada vez más valorados por la gente que se interesa en el mundo de la política.
Tal vez por algunas de estas cosas, 2011 marcó un hito en la historia política local, al abrirle paso a un gran acuerdo entre dos fuerzas que, históricamente, no sólo habían competido entre sí, sino que en gran medida se habían neutralizado en la obtención de adhesiones provenientes de sectores sociales comunes, de pensamientos parecidos.
Lo que al entender de muchos fue el hecho político más significativo y trascendente de la política lugareña, el nacimiento del Frente Cívico Vecinal –conformado por la Unión Vecinal y la Unión Cívica Radical, como fuerzas principales- salió al ruedo como una opción electoral fuerte y competitiva, capaz de enfrentar con éxito al repetido y frustrante protagonismo del justicialismo.
Y efectivamente, en la primera oportunidad en que confrontó en las urnas, salió victorioso y accedió al gobierno municipal, consagrando Intendente a Oscar Luciani y propinando una severa derrota al por entonces invencible Miguel Prince.
Cumplido su primer mandato, la competencia volvió a plantearse en 2015, año en el que Luciani fue por la reelección como candidato de ese Frente, pero esta vez enfrentando a Leonardo Boto, quien aparecía como el nuevo conductor del peronismo –al menos estaba en sus pretensiones- reconocido dirigente kirchnerista, con solvencia económica y con el explícito apoyo de “La Cámpora”.
Otra vez la alternativa política que ofrecía el Frente local fue la opción elegida por la gente. Y Luciani fue electo por segunda vez como jefe comunal, derrotando claramente a Boto, alcanzando otro contundente triunfo sobre el justicialismo.
Dos años después –precisamente en octubre pasado- tuvo lugar una nueva batalla electoral entre ambas fuerzas mayoritarias. Esta vez intentó terciar el “massismo”, sin éxito como era previsible. El dato político más significativo fue la participación como candidato a concejal por el justicialismo kirchnerista, del varias veces Intendente Miguel Angel Prince, liderando la lista de ese sector, tras derrotar a Boto en las elecciones primarias. Por el otro lado, encabezaba la nómina de candidatos del oficialismo gobernante el radical Fernando Casset.
Si bien los pronósticos anunciaban la victoria de la fuerza gobernante en Luján, siempre está presente una porción de incertidumbre que hacía apasionante la elección, sobre todo por los cálculos matemáticos que permitían especular con la distribución de las bancas en el Concejo Deliberante.
El resultado fue contundente. El ya consolidado Frente vecinal-radical, al que se sumó el Pro, derrotó ampliamente al veterano dirigente justicialista Miguel Prince, alcanzando –a juicio de muchos- una victoria histórica, que ratifica la vigencia, fortaleza y proyección de un Frente electoral que, hoy por hoy –para satisfacción de unos y desdicha de otros- domina el panorama político local.
De los diez concejales que se elegían para renovar parcialmente el Concejo Deliberante, la mitad le correspondió al sector político gobernante, que –como quedó demostrado en las urnas- recibió un amplio respaldo popular.
¿Qué llevó a la gente a ratificar el apoyo al gobierno municipal? No sólo lo hecho, lo que se está haciendo y lo que se anuncia por hacer. Claro que las obras se ven y se valoran, pero también se aprecia el esfuerzo por revertir un estado de deterioro en el que se hallaba el Municipio, equipándolo, pagando deudas cuantiosas, etc. Y también viendo qué funcionarios acompañan al Intendente.
Por supuesto que en seis años de dificultosa gestión la administración de Luciani ha cometido errores, pero ¿qué alternativa ofrecía su adversario político? No la mejor, precisamente.
La vuelta de Prince atrasa el reloj de la política. Nadie puede ni debe desconocer que tiene derecho a elegir y ser elegido, pero tampoco olvidar cómo fueron sus sucesivos gobiernos al frente de la Comuna, los funcionarios que lo rodeaban y los resultados de su gestión.
¿Ahora vuelve a ofrecer las soluciones que no aportó cuando gobernaba? ¿Otra vez lo rodean personajes cuestionados y poco recomendables? Sus palabras de campaña sólo revelaron el retraso de su mismo discurso de siempre, sus mismos modos de hablar sin decir, de las generalidades ambiciosas y las magras concreciones.
El desgastado caudillo jugó su capital a una ficha. Y perdió. ¿No tuvo suerte, o tal vez no entendió que el mundo dejó atrás el setentismo romántico y demanda resultados concretos? Quienes parecen haberlo entendido fueron los votantes, que decidieron no desandar un camino de progreso para volver a un pasado de frustraciones.
La voluntad popular abre una nueva etapa política, otorgando a la fuerza que conduce los destinos del gobierno local, una mayor representación en el Concejo Deliberante.
Ese respaldo también le significa una enorme responsabilidad. No sólo en relación a las decisiones que se tomen, sino a la complementación y consolidación de un sector político fuerte y con proyección futura. Ideas y proyectos deberán acompañar la acción política, la gente lo espera.
Cada vez menos se toleran las peleas, las disputas inútiles, los agravios y las descalificaciones, porque a nada conducen. Los vecinos esperan servicios, mejor calidad de vida, bienestar para su familia, espacios verdes.
La historia reciente demuestra que veinticinco años de gobierno justicialista llevaron a la Municipalidad a la quiebra, en tanto que el Frente que lidera Oscar Luciani logró –en gran medida- revertir, en seis años, la catástrofe que Prince y Rosso alimentaron.
Así de simple es la visión de la gente. No hacen falta tecnicismos que no se entienden ni promesas de dudoso cumplimiento. La verdad se aprecia por los sentidos.
Ya no hay lugar para falsos profetas, para hacedores de discursos demagógicos y vacíos de contenido.
Para los dirigentes políticos es tiempo de pensar. Para la gente, también. Porque no sólo se eligen propuestas, sino a quiénes pueden llevarlas a cabo. No debe olvidarse que dentro de dos años se vota otra vez para Intendente, Gobernador y Presidente.
Y, aunque no sea éste el momento de definir candidaturas para el 2019, sí son tiempos de estar alertas para detectar intereses personales, ambiciones y, en definitiva, quiénes se estarían postulando para el gobierno local.
Dos fuerzas se llevan todas las expectativas. El Frente gobernante, en el que el actual Jefe comunal deberá decidir si va por la reelección, y el justicialismo –que enfrenta una disgregación de sectores internos- cuyo liderazgo, disputas mediante, hoy parece detentar Miguel Prince.
2019 está muy lejos, pero ya hay especulaciones en uno y otro sector, y se barajan precandidaturas provenientes de distintas fuerzas.
Deberá pensarse muy bien la postulación que se resuelva, para que el candidato se vea fortalecido por el respaldo y el consenso.
Hay quienes aseguran que Luciani cuenta con un fuerte capital político para volver a ganar las apuestas, cómodamente, en tanto que su oponente –el ex –Intendente Prince- apenas puede reunir, con esfuerzo, una exigua cantidad de patacones.