UNA NOTA DE MARGARITA ELIAS

La cruda realidad es ésta: 8 de cada 10 mujeres fueron (son, me atrevo a corregir) víctimas de acoso callejero, según la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires.
Diversos tipos de violencia que se disfrazan cotidianamente en un “piropo” obsceno, un roce inapropiado, hasta acorralamientos, fueron naturalizados desde que el ser humano perdió el respeto por el otro y al sexo femenino se lo cosificó.
Hoy por hoy los paradigmas están cambiando, sí, pero no logra ser lo suficiente para erradicar definitivamente este problema. Así que día tras día salimos con miedo y con la sensación de que algo malo nos puede llegar a pasar: que nos toquen, que nos miren libidinosamente, que nos rapten, violen y maten.
Ante ese problema, han surgido distintas variables de protección: el gas lacrimógeno para la cartera de la dama, el botón anti pánico en el celular, la línea telefónica asesora 144… En lo particular, voy por la vida pensando: “¡¿Hasta qué punto hemos llegado?! ¿No salir a determinada hora, no ponerme una pollera, no poder salir a tomar algo con alguien…? ¿Por qué tengo que ser yo la que se amolde a esta realidad cuando el foco de atención debe ponerse en el otro?”.
Mientras me planteaba estas cosas, me detuve a leer una publicación en Facebook sobre unas clases de “Defensa Personal Femenina” y quise averiguar sobre el tema. Daniel Mora es instructor de Aikido Aikikai 2do. DAN, además de estar especializado en Aikido Policial y Defensa Personal Urbana. Desde hace unos pocos meses brinda una vez al mes clases gratuitas para que las mujeres adquieran las técnicas básicas de este arte marcial y así poder aplicarlas en caso de sufrir algún ataque ante un hecho de violencia física.
Para entender de qué se trata, primero debemos saber que el Aikido “es un arte marcial japonés que combina técnicas de proyección, derribo, palancas y movilizaciones”. “AI” quiere decir “armonía”, “KI” quiere decir “energía” y “DO” quiere decir “arte” o “camino”. Es la re dirección de la armonía”, explicaba Mora.
Las técnicas no se aplican porque sí, si no ante un ataque que recibimos. “Primero y principal, lo que se enseña en una clase de esta índole, es poder escaparse de una situación: un agarre de brazo, una estrangulación de atrás, un agarre de pierna, un tirón de pelo, un tirón de la cartera. De ahí partís con una posibilidad de escaparte de esa situación por medio de conectar un golpe o una palanca en un determinado lugar y poder huir. Se enseñan maniobras básicas para defenderse de un ataque que puede provocar luxaciones, fracturas, golpes en zonas vitales, donde con un solo golpe conectas el centro del dolor e inhibís a una persona”, profundizó.Para que se entienda aún más, el profesor decía: “Cuando vos tenes dos fuerzas que chocan, una va hacia la derecha y la otra hacia la izquierda; si las dos fuerzas chocan, va a ganar la que tenga más fuerza. El Aikido re direcciona. Por ejemplo, si vos me estás empujando, venís hacia mí y yo trato de repeler esa actitud tuya empujándote yo a vos, va a ganar el que tenga más fuerza. Ahora, si vos me empujas y a la fuerza que vos traes de empuje yo le sumo mi fuerza y te saco para el mismo lado que vos venís, la utilizo para mi beneficio”. Sin embargo, el mismo instructor advirtió: “Tampoco es la certeza o la seguridad de nada, pero sí te da la posibilidad de tener una posibilidad de escape”. Así fue que contó el caso de Mariana, una de sus alumnas, quien sufrió un intento de robo por parte de dos hombres que iban en moto: “No conectó ninguna técnica pero sí le dio una mirada periférica a la situación, o sea que ella estaba ante la situación de lo que le estaba pasando y tenía una vista de 180º. Eso se aprende en el entrenamiento. Porque en un momento de nervios o situación extrema, uno se anula. La gran mayoría de las chicas se anulan. Lo único que hacen es gritar y correr. Y hay veces que no pueden gritar y no pueden correr. Entonces lo fundamental en esos casos, es entrenarse”.Movilizadas por un hecho vivido, por prevención o mismo por curiosidad, la primera vez que se realizó esta clase intensiva de Defensa Personal Femenina, asistieron 25 mujeres de distintas edades, y para el último encuentro el grupo aumentó a 40. Fueron cuatro decenas de mujeres las que aprendieron además a conectarse consigo mismas, en cuerpo y mente, y a terminar con el estereotipo de que somos el “sexo débil”. “El Aikido hace que vos conozcas lo que sos capaz de hacer con tu cuerpo. Cuando quedas con la posibilidad de poder agarrar una mano y sentir la presión que vos estás haciendo en una articulación y ver delante tuyo cómo el tipo se “derrite” y se cae al piso a los gritos, eso te da la certeza del poder que tiene el Aikido en la técnica de reducción”.
Daniel Mora brinda estas clases mensuales en el 1er. Piso de Club Huracán, ubicado en la calle Mitre 1918 en donde tiene su Escuela “Lujan AikikaiDojo”. “Estaría bueno que todas las mujeres se acerquen, porque van a ver cosas muy simples, y en donde van a pensar “¡Uh, una vez me pasó eso y mirá si hubiera hecho eso hubiese zafado!”.
Entonces las invito a conocer algo que no conocen”, invitó el instructor. No quise terminar la charla sin antes pedirle a modo de cierre una reflexión sobre cómo ve la situación que nos toca vivir en la vida cotidiana: “Hoy la mujer está muy desprotegida. Hoy se ve al cuerpo de Anita, de Clarita, cuando ya pasó a ser un cuerpo inerte. Más de una vez ha tenido oportunidad de manifestar que el marido le pegaba en la casa, que el novio le pegó un sopapo, y a lo mejor lo manifestó de alguna manera y no lo escucharon. Entonces, creo que cualquier hombre que le pegue a una mujer es un cobarde”.