El calendario electoral avanza rápidamente. Ya quedaron atrás las expectativas de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias, y los distintos candidatos políticos se lanzan a la competencia decisiva, que ya comienza.
Hoy por hoy todos miran a octubre, tanto quienes fueron bendecidos por el éxito en la compulsa de agosto, como aquellos que, nerviosamente, intentan disimular el sabor de una derrota.
El clima político se percibe a partir de las P.A.S.O. con mucha claridad. La gente, en general, apoya un cambio que deje atrás la historia de fracasos sucesivos, tanto recientes como de antigua data.
Esa sumatoria de desaciertos y corrupción, nos llevó hasta este presente de desigualdades, miserias, atrasos y deterioro. Y la mayoría del pueblo no quiere más vivir en esas condiciones.
La lucha contra las mafias suma un impacto épico a la gestión del gobierno, y en ese sentido cabe una reflexión sencilla: todos sabíamos que había corrupción policial desde antaño, juego clandestino que viene de tiempos inmemoriales, una estructura sindical cuestionada y cuestionable, y tantas otras situaciones toleradas, admitidas o compartidas por el poder político de turno.
La intención y las acciones emprendidas para terminar con esos focos de ilegalidad son, al menos, plausibles. Y eso parece haber gravitado fuertemente en la decisión popular revelada por las urnas de agosto.
En el contexto de una pelea legítima por causas justas, la catarata de obra pública encarada por el Estado, contribuye a abrir la cabeza de muchos militantes de otras fuerzas que, casi sin darse cuenta, adherían a supuestos líderes salvadores a los que ahora valoran como deshilachados dirigentes políticos llenos de ambiciones personales y artífices del fracaso.
Los intentos de retorno no caen bien, sobre todo después de haberse teñido de sospechas, repudios, y mucho más.
La situación se replica en Luján, como en muchas otras comunidades. El cambio parece, por fin, haber llegado.
Obras públicas como jamás se vieron, equipamiento, recuperación de una administración quebrada, cumplimiento de obligaciones pendientes, muestran un gobierno municipal decidido a transitar un camino de progreso, aun plagado de dificultades, pero mirando el futuro.
Y la gente parece haberlo comprendido, con un generoso respaldo a la gestión Luciani el mes pasado.
Cambiemos superó a ambos candidatos del kirchnerismo sumados, es decir al agua y el aceite –Miguen Angel Prince y Leonardo Boto- que disputaron la primacía del sector en sendas listas.
El veterano ex –Intendente triunfó claramente sobre su competidor interno. Pero, lejos de clarificarse el camino de sus pretensiones, Prince ve complicada la suerte de su participación electoral en octubre.
¿Se sumarán matemáticamente los votos de Boto a los de Prince? No pocos dirigentes cercanos a ambos líderes sostienen enfáticamente –aunque en voz baja- que eso no será posible luego de los agravios cruzados que se regalaron ambos durante la campaña.
A esa dificultad, Prince suma el riesgo de su exposición pública –que, al mismo tiempo, necesita para descontar la ventaja que le lleva la lista encabezada por el concejal Fernando Casset- ya que, para muchos, mostraría una figura desgastada, sobreviviente de un rotundo fracaso en manos de Oscar Luciani en la confrontación electoral por la intendencia, en 2011, que consagró Jefe Comunal al actual Intendente.
Su conocida confrontación política desnudó el estado en el que Prince dejó la Municipalidad al culminar su último mandato, cuantiosas deudas, un parque automotor destruido, atraso en el pago de sus haberes a los trabajadores municipales, y tantas otras consecuencias que –hoy por hoy- empañan su imagen.
Por otra parte –se reiteran cercanas voces críticas- se le atribuye rodearse de los mismos dirigentes de siempre, que lo arrastraron a los malos resultados, muchos de los cuales no sólo no le arriman adhesiones sino que las espantan.
De allí que Prince –se afirma- procurará reforzar su campaña en la búsqueda de votantes de otros sectores, tanto interno –como los seguidores de Leonardo Boto- como de fuerzas relativamente cercanas –intentando obtener sufragios de los militantes locales del “massismo”.
Precisamente, el sector que lidera la familia Guibaud se presenta como el más amenazado y candidato a ser víctima de una marcada polarización entre la lista del Frente Cambiemos –que lleva a Casset como primer candidato- y la del kirchnerismo, encabezada por Prince.
Otra presa para el festín electoral de octubre es el caudal de adhesiones a Florencio Randazzo, que –obviamente- no tiene ninguna chance de éxito en las urnas.
Cuatro mil votos –entre los blancos y los nulos- tampoco son nada despreciables. Y mucho menos, tratar de captar las voluntades de quienes no concurrieron a votar en las P.A.S.O.
En este clima los participantes definen estrategias y comienzan a delinear sus campañas electorales.
Sonríen algunos, aprietan los dientes otros, se esfuerzan por encontrar soluciones los terceros. Lo que resulta atractivo para la ciudadanía en general, puede ser una tortura para quienes no hallan la fórmula que les permita el éxito.
No hay dudas de que confrontarán – con enorme claridad- el pasado y el futuro, el fracaso y la esperanza, el deterioro y el desarrollo.
Luján decidirá, asimismo, si respalda la actual gestión de gobierno que encabeza Oscar Luciani, o prefiere volver al estilo componedor pero que evidentemente produjo pésimos resultados, impuesto por Prince.
La verdadera competencia recién empieza, aunque la gente ya adelantó su opinión en agosto. Por eso, el clima de optimismo que reina en el Frente gobernante, se debe a que sus dirigentes saben que no hay mejor campaña que los resultados obtenidos por la gestión.
En tanto, sus opositores parecen atrapados en una encrucijada. No pueden mostrar logros equivalentes, por un lado, y por otro si intentan deteriorar la imagen del gobierno municipal despiertan un rechazo generalizado de la comunidad, cansada de agravios.
Es hora de prepararse, se escuchan los sonidos de confusos preparativos electorales.