Escribe : Mario Daniel Torres

A veces creo que muchos vecinos de diversos barrios, lugares y ciudades, especialmente del conurbano deberían recibir una tarjeta tipo felicitación de fin de año en sus domicilios, de parte de las autoridades municipales de cada lugar, y no para recordarles vencimientos de impuestos o aumento de los mismos, sino pedido de disculpas por las diversas fallas y carencias en los servicios: recolección de residuos, barrido de calles, falta de iluminación, rotura de pavimento, veredas en mal estado (aunque sean del frentista si éste no las arregla debería hacerla el municipio), árboles faltantes, rotos o con tamaño peligroso, bajada de cordones para lisiados, abandono de las plazas, seguridad, tránsito y no quisiera seguir enumerando lo que a simple vista se puede observar en cada lugar.
Quizás los señores intendentes o sus funcionarios, dada sus ocupaciones no se den cuenta de lo que deprimente, fastidioso y cruel que le resulta al vecino, vecino que ve y sufre todos los días del año, que a veces, son por años, de nada valen sus quejas, reclamos, notas, pues todo ello, parece no ser suficiente y si bien no es generalizado el reclamo no escapan que son parte de las fallas y faltas enumeradas. Lo peor que puede pasar es que se ignoren estas cosas que malogran la calidad de vida de mucha gente, vecinos que solo desean vivir normalmente y para ello realizan diversos sacrificios, pues con lo cotidiano no les alcanza.
Ellos son los que hacen la patria, los que levantan a un barrio, quieren prosperar y disfrutan del crecimiento de sus comunidades y lugares donde habitan.
Quizás mi comentario parezca solo reclamar, más puedo asegurar que la verdadera intención es acompañar al sentimiento del vecino que no tiene la oportunidad de manifestar sus falencias y entonces yo aprovechando fechas de recordación de usuarios y consumidores me atrevo a expresar sus deseos que seguramente estarán en los planes de gobierno de cualquier intendente, que a veces, no puede avanzar como desearía por diversos factores: económicos, políticos y sociales. Solo que evaluando costos lo pensé bien y es mejor destinar el costo de la tarjeta “disculpa” en mejorar las luces de las paradas de micros, el trámite de arreglar algunas calles para que el próximo invierno no malogren aún más la entrada a los barrios por si tiene que acudir la ambulancia o la policía.
Ahora pensando en los vecinos también, estoy seguro que su ánimo está pensar en los festejos para el 25 de Mayo que cae en día viernes y será un lindo fin de semana.
En cuanto a ser consumidores, como sufren pese al título, el por qué, muy fácil, no quisiera atreverme en vida ajena pero los bautizaría como simples compradores, puesto que en mayoría comprar al día y por lo tanto lo de consumidores diría con dolor es un título muy grande.
Les pasó a enumerar los pequeños inconvenientes que tienen todos los días, salvo aquellos que tienen la fortuna de ser asalariados mensuales. Y entonces pueden hacer la compra una o dos veces al mes beneficiándose. Y allí sin percibirlo pasan a la categoría de consumidores.
Tal vez, no me entiendan más les aclaro que de ninguna forma intento disminuir o degradar, solo que al realizar una compra grande se puede elegir marca, peso y calidad, dado que el comerciante no es tonto y no querrá perder la venta de lo que fuere, casi siempre comestibles.
En cambio y por necesidad si bien se puede elegir el producto, a veces y por el precio, se disimula marca, siendo esto una desgracia, que no debería ocurrir.
Pero por desgracia algunos comerciantes saben disfrazar muy bien los productos y allí el “consumidor” sale casi estafado en su buena fe, es verdad aunque usted no lo crea.
Otra de las barbaridades que sufren mis iguales, son los cambios de precios, que sin saber el por qué, se siguen produciendo y aún comprando en los supermercados y buscando el día de ofertas no alcanza.
Nosotros los ciudadanos sufrimos y mucho más cuando se vive y se cobra al día, por el bendito trabajo en negro y solo ensayamos defensas para que alcance y no privar en demasía lo que nuestras familias requieren. Así algunos días, no compramos frutas, ni hablar de algún aperitivo y las gaseosas o con la oferta o ya con las segundas marcas.
Pero igual soñamos, aún con todas las agresiones en que se convierten nuestras privaciones, y rogando no toquen el precio de la leche y el pan. Y aunque no tenemos todos sangre italiana nos hemos volcado al consumo de pastas, la carne picada y muy de tanto en tanto, una tirita de asado y un chorizo para cada integrante de la familia. Y que la “patrona” siga amasando esas pizzas, que por cierto cada sábado le salen mejor y eso que el queso fresco era barato y no se derretía como a ella le gusta, pero en fin, después de esta catarsis, le pido disculpas si dije cosas que más vale nadie se entere y ¡Feliz Día del Consumidor! porque usted como yo creemos que la familia coma lo necesario y sean felices, aplicando aquel lema de antaño que decía “ la familia es el pilar fundamental de esta nación”. Solo les aconsejo caminar, caminar y buscar precios, aún podemos.