UNA NOTA DE: HERNÁN LEONEL

Pablo Petraglia (57), el ex boxeador y ex entrenador de nuestra ciudad, nos abrió gentilmente las puertas de su casa, la cual construyó con sus propias manos y nos invitó a zambullirnos en su rica historia desde dentro y fuera del ring.
A los 18 y bajo la tutela del entrenador Marcelo Cortez, fue que Pablo empezó a incursionar el boxeo en la liga lujanense, ubicada en Alem al 1754.
Su Primera impresión fue muy buena. “Me encantó desde el primer momento porque lo que yo quería era aprender, aparte tenía estilo y condiciones naturales”, comenta Pablo quien a esa edad trabajaba en una fabrica de plásticos.
Mientras iba entrenando, se empezó a correr el rumor del grupo de boxeadores que se había formado. En esa época Neli Gen era promotora y además era quien se encargaba de organizar los festivales de boxeo. “Ella tenía buenos contactos y de a poco me fue consiguiendo peleas a nivel amateur porque me vio condiciones”, asegura. Tal es así que a los nueve meses de haber empezado a entrenar, debutó en una pelea oficial en la liga. Al tiempo Neli se convertiría en su primer y única manager.
“Mi primer pelea no me la olvido más. Imagínate que no sabía lo que era un ring. Nadie me había dicho que era de goma espuma y al estar acostumbrado a pisar en suelo firme… (Sic). Una cosa es pegarle a una bolsa en un gimnasio y otra muy diferente es que te tiren golpes y uno más grandote. Fue una pelea de mucho cambio de golpe y al final perdí por puntos”, analiza Pablo Petraglia quien luego pelearía en Jáuregui, en el Club Platense y hasta se dio el gusto de pelear en la Federación de Box, donde disputó un torneo del cual salió sub-campeón.
Disputó un total de 42 peleas de las cuales solo cinco fueron las que le tocó perder. Entre sus mayores logros, se destaca el haberle ganado por K.O a Scicaglia, campeón Argentino y Sudamericano de los medio pesados, en la Asociación Argentina de Box
Lamentablemente Neli Gen, quien había apoyado desde el primer momento a Pablo, muere y a partir de ahí las cosas cambiarían. “Yo seguí mi carrera en la Federación para pulirme y acá en Luján usaba el gimnasio como un complemento, de todas maneras el haber perdido a Neli fue algo que me dolió mucho”.
- Pero no bajaste los brazos.
- Para nada. Si bien tras su pérdida me costó mucho más, seguí para adelante. Salía de trabajar, agarraba mi bolsito y me iba a capital a entrenar dos veces por semana. Llegaba a Buenos Aires a las cuatro de la tarde, me bañaba para relajar los músculos, hacía un poco de soga y ejercicios de brazo, y mucho guante.
- ¿A que hora volvías a tu casa?
- Y… a eso de las nueve y al otro día me levantaba a las cuatro para ir a trabajar. Me hubiese gustado ir más de dos veces por semana pero no me alcanzaba el dinero, por eso complementaba los entrenamientos en Luján.
- ¿Peleabas en ambos lados?
- Fui peleando en la Federación, acá en Luján y también me iban buscando peleas en diferentes ciudades: Entre Ríos, Pilar, Zarate y San pedro, entre otras. De esta manera continúe peleando hasta que me hice profesional a los 25.
- ¿Cómo se logra pasar del amateurismo al profesionalismo?
- Se logra cuando se obtiene una gran cantidad de peleas y años en el boxeo. Además ya podes acceder a cobrar algo más de dinero.
- ¿En que pensabas en esos momentos?
- Que iba a ser campeón del mundo. Siempre le decía a mi señora que era lo que quería, y la gente de mí alrededor me transmitía esa confianza, pero la realidad era otra. No había directores técnicos responsables. Salía una pelea cada cuatro meses y la mayoría de las veces, las buscaba yo por teléfono.
- ¿Qué te faltó para lograr tu meta?
- Apoyo y alguien que me pudiera sponsorear. Me habían ofrecido irme a Ramos Mejía para hacer la carrera en el gimnasio Flecha de Oro, pero como trabajaba y tenía una familia por quien responder, no pude jugármela y dedicarme de lleno.
- ¿Fue por eso que decidiste dejar de competir profesionalmente?
- Y lamentablemente sí. Ir a Buenos Aires se me hacía cada vez más difícil y a parte al no contar con un manager, era imposible conseguir una pelea. Con 28 años y con el carnet de profesional me retiré de las competencias pero nunca del gimnasio ni de los entrenamientos.
- ¿Cada cuánto entrenabas?
- Cuatro o cinco veces a la semana iba al gimnasio porque quería seguir manteniéndome en forma. Eso me llevó a que a los 31 años intentase volver, pero era tarde. No para mí, sino que la Federación no me quiso renovar la licencia.
- ¿Por?
- Me dijeron que, como había pasado tres años sin pelear no podían habilitarme de nuevo la licencia de boxeador profesional. A partir de esa negativa, en el 2003, fue que decido hacer el curso de entrenador en la Federación Argentina de Boxeo, y luego de haber estudiado mucho, logré el titulo.
- Una vez obtenido el certificado empezaste a enseñar en el polideportivo, ¿no?
- Eso fue antes. En el poli enseñaba pero sin licencia, igualmente estuve poco tiempo porque me robaron los materiales y nadie me pagaba un centavo. Yo no tenía drama de que no me pagaran porque lo hacía de vocación pero de ahí a que se roben mis cosas… ya era mucho.
- ¿Luego la municipalidad abrió una comisión en la liga?
- Eso fue en el 2004 y ya contaba con el certificado que me avala como entrenador. Me invitaron a participar de dicha comisión para entrenar y formar boxeadores lujanenses. Algo que de movida era hermoso, porque de esa manera muchos chicos pudieron conocer esta disciplina.
- Pero estuvieron poco tiempo.
- Por diversas razones, en el 2005, la comisión se disolvió y conseguí poder seguir brindando las clases los ex galpones del ferrocarril Sarmiento ubicados en Belgrano y Las Heras.
- ¿En que estado se encontraban?
- Deplorables, lleno de mugre y telas de arañas. No me importó. Con mis manos lo acomodé, hice la instalación de luz, me llevé la bolsa, guantes, me armé un puchiman y conseguí un ring.
- ¿Cuántos chicos tenías entrenando?
- Tuve un grupo de cinco excelentes boxeadores más otros chicos que iban a entrenar para aprender defensa personal.
- Ahí estuviste…
- Hasta el 2007. Fueron dos años maravillosos en los cuales tuve la suerte de conocer a muchos chicos que compartían la misma pasión que yo. Lastima que al tiempo la municipalidad nos exigió el lugar y tuvimos que cerrar el gimnasio.
- ¿Desde ese entonces no volviste a enseñar?
- Le enseño a algún que otro chico en mi casa, pero la idea es tener mi propio lugar. Busqué por todos lados a alguien que me pudiera dar una mano, pero resulta imposible que te ayuden.
- ¿Qué puede transmitir el boxeo como enseñanza?
- Amistades, valores, salud, es un deporte que te ejercita la mente.
- ¿Por qué crees que la gente de Luján no se pone de acuerdo para armar algo así?
- A lo mejor, nunca presentaron un proyecto como el mío porque realmente no les interesa ayudar a los demás y solamente ven a este deporte como algo materialista.
A mediados de Agosto de éste año y después de 15 años como entrenador de boxeo Pablo ‘Picapiedra’ Petraglia se retiró. Familiares, amigos y colegas lo homenajearon en la Sociedad de Fomento del Barrio Lanusse donde dió clases durante los últimos 9 años. Uno de los momentos más emotivos fue el reencuentro con su entrenador Víctor Stivala, que viajó desde Mar del Plata para acompañarlo. El gimnasio de la entidad barrial desde ahora y para siempre llevará su nombre. “Para mí, es el mejor y más grato honor, que un espacio de entrenamiento lleve mi nombre ya que el boxeo me enseñó los códigos de la vida”, finaliza Pablo.