Es tan antiguo como la civilización el ejercicio de la política. Pero, al mismo tiempo, la práctica de una actividad vital para las sociedades modernas, se ha visto distorsionada por conductas reprochables de sus protagonistas.
Así nació una primigenia división –en el lenguaje popular- entre la buena y la mala política, que no resultaba otra cosa que la distinción entre el buen obrar de los dirigentes y el accionar malicioso, especulativo, traicionero.
En esa valoración generalizada, se funda también la lamentable definición de la política como el sucio quehacerde hombres esencialmente engañosos.
Y, en alguna medida, la vida social y la política permiten observar con frecuencia hechos censurables, conductas lamentables, pretensiosas incapacidades, fracasos rotundos, desprestigios crecientes, y otros malos ejemplos que parecen confirmar el juicio de valor de los ciudadanos de a pie y nada bien le hacen a la política.
Sin embargo, las conductas reñidas con la ética siguen encaramadas en el entramado público, sin la más mínima reflexión sobre los errores cometidos y los fracasos llevados a cuesta.
Felizmente, cada vez los votantes piensan mejor sus elecciones y se preocupan, en mayor medida, por la trayectoria de cada candidato.
Luján forma parte del mismo panorama que la mayoría de los distritos, y también puede mostrar los malos ejemplos de la mala política.
Lo peor es que, por su torpeza y escaso vuelo imaginativo, algunas conductas pueden preverse sin mayores dificultades.
Para esperar sorpresas - que, obviamente, no lo son- 2018 es un año propicio, por las necesidades políticas de algunos dirigentes que no pueden salir del fracaso y que piensan que un golpe de efecto podrá relanzarlos a un pedestal del que se cayeron hace rato.
El panorama político local permite visualizar, por un lado un gobierno municipal que cuenta con el respaldo de un frente local muy fuerte, que parece haber aprendido a convivir, hoy vinculado en forma directa a los gobiernos de la Provincia de Buenos Aires y de la Nación.
Pero el núcleo que consolida el acuerdo político más trascendente de la historia local de las últimas décadas, es esencialmente la concordancia lograda entre la Unión Vecinal y la Unión Cívica Radical, aunque le pese a otras fuerzas que -teniendo proyección nacional - sólo acompañan, como autitos a piolín, a los dos socios mayoritarios y fundadores del originario Frente Cívico Vecinal.
Del otro lado - por la vereda de la oposición- se aprecia un justicialismo partido en varios pedazos - algunos irreconciliables - y una disgregación de fuerzas de menor envergadura que ni siquiera alcanzan el piso electoral para tener una mínima representación política.
Lo interesante es visualizar la situación del peronismo local, que en otros tiempos dominaba el panorama político de Luján y ejercía las funciones de gobierno municipal, dada su seguidilla de resultados electorales exitosos.
Sin embargo, el fracaso – precisamente - de esos gobiernos, los resultados evidentemente catastróficos que mostraron las sucesivas gestiones como Intendente del actual Concejal Miguel Angel Prince, arrastraron al sector político que integraba, a los estruendosos reveses electorales de 2007 – en manos de la Dra. Graciela Zulema Rosso - y de 2011 y 2015 – derrotado contundentemente por el Dr. Oscar Ernesto Luciani.
Pese a su regreso a una banca del Concejo Deliberante en diciembre de 2017-ese año encabezó lista de concejales “k” y volvió a perder las elecciones- su cosecha es tan magra que no hace sino confirmar una caída en sus niveles de reconocimiento y adhesión de la ciudadanía.
Para muchos dirigentes del mismo sector, Prince viene de fracaso en fracaso y es hora de que lo reconozca.
No pocos también hablan de las malas compañías que lo rodean.
Y señalan que no puede desprenderse de ellas porque las necesita. Sin dudas quien fuera líder de la fuerza políticamente mayoritaria en nuestro territorio, ha dejado de serlo, pasando a dar la imagen de un dirigente lleno de errores, sin propuestas, y decidido a dañar a quien no pudo vencer, que no es otro que el actual Intendente Municipal.
Por eso, los observadores y analistas políticos de los distintos partidos –lo que incluye a las fuerzas gobernantes del Municipio- pronosticaron, hace meses, que este año debían esperarse “ataques” provenientes del seno del princismo, de todo calibre, y algunos de la más baja estofa, que sólo podrían ser acompañados por algunos concejales que no logran gravitar por propio protagonismo y se muestran genuflexos ante el alicaído caudillo que los maneja como a títeres.
Y por estos días se confirmó el pronóstico. Tras desprestigiarse aún más negando el quórum para que el Concejo Deliberante sesionara con normalidad, Prince y sus allegados comenzaron a elaborar una lista de acciones políticas que, sin límites éticos o morales, estuviera dirigida a deteriorar la imagen del Intendente Luciani, de sus colaboradores y de los partidos que integran el Frente político gobernante.
La formulación de una denuncia penal contra el Intendente, su Secretario de Infraestructura, Obras y Servicios Públicos ingeniero Marcelo Gutiérrez y el Director de Planeamiento arquitecto CarlosPatetta, relacionada al controvertido tema de la usina termoeléctrica que busca la autorización para instalarse en Luján, es una muestra de lo que se viene.
Porque, si bien debe admitirse que cada ciudadano tenga su parecer, su opinión, o sus reservas en torno al tema, lo que pasa todos los límites es que la denuncia indica la existencia –o busca instalar la sospecha- de hechos de corrupción atribuidos al Intendente Municipal.
La impresión recogida en torno a la denuncia hecha por el princismo, es claramente negativa para sus promotores, ya que casi la totalidad de los preguntados reconocen que al gobierno municipal se le pueden criticar muchas cosas, menos que el Intendente sea un corrupto.
Allí está el exceso que desnuda la intencionalidad política de los denunciantes, que no son otros que la ex concejal Erica Pereyra y los actuales concejales Miguel Angel Prince y César Siror.
Según fuentes extraoficiales del ámbito judicial, la presentación del princismo, es una recolección de artículos periodísticos, algunos documentos que forman parte de los expedientes municipales en trámite y hasta comentarios de pasillo –aludidos en la denuncia- que acompañan un novelado relato de un supuesto hecho de corrupción gigantesco.
La trama “revelada” por Prince y sus colaboradores, incursiona también por los más altos niveles de la política, involucrando –o pretendiendo hacerlo, arrojando sospechas sobre ellos- al Presidente Mauricio Macri, a sus ministros Caputo y Aranguren.
Es evidente que la intención oculta de la denuncia es la de envolver a Luciani y su gestión al frente del Municipio, en un manto de sospechas.
Una muestra de la más baja política, otra vez renaciendo de la mano de Miguel Prince, parte del Concejo Deliberante y atado a viejas prácticas sin propuestas ni proyectos de progreso.
En un camino sin retorno, el ex Jefe Comunal pasó del fracaso a la denuncia judicial, pero en lugar de ganar puntos en la consideración pública, se desliza raudo por la pendiente de la política que lo llevará –en su indetenible caída- al peor escenario, ser blanco final del fuego amigo.