Los deplorables ejemplos que se dan en democracia no son culpa de la democracia, sino de algunos que se proclaman demócratas y que distan mucho de serlo.
Aun cuando haya aclaraciones que no son necesarias, suelen ser convenientes para que no se confunda la verdadera realidad con un incierto relato de la realidad mentida.
Porque parece que en política todo es posible. Lo bueno y lo malo conviven, casi naturalmente, sostenidos por valiosos dirigentes –en el primer caso- y por falsos profetas–en el segundo.
Y el confuso “todo vale” se aferra a la ética fingida tanto como a la moral auténtica, pues los grises disimulan las verdaderas identidades de actores impresentables, que persiguen ocultos propósitos, tan inmostrables como algunos hechos de su propio pasado.
Por cierto nadie se sorprende por el comportamiento público de algunos políticos, sino que –en todo caso- el asombro tiene lugar por la osadía, por la audacia y por la irresponsabilidad de ciertas conductas, imaginables tal vez en trasnochadas sobremesas, pero nunca realizables. Y sin embargo, los acontecimientos muestran que aquellas ideas que no superarían un control de alcoholemia son llevadas a cabo sin que sus protagonistas se pongan colorados.
Si las comunidades, a veces, son meros conglomerados de humanos viviendo en el mismo territorio, pero con formaciones culturales y valores absolutamente diferentes, por qué sus líderes deberían coincidir en el respeto, en la aceptación de las reglas de convivencia, o en la madurez de sus decisiones que –en todo caso- adoptan en nombre de sus representados.
Sin embargo, casi nada de eso ocurre. Los intereses personales prevalecen, luego vienen las mezquindades políticas y, finalmente, la postergada visión social, falsamente proclamada, que no supera los estándares de la más primitiva demagogia.
¿O no es lo que el ciudadano de a pie percibe en los debates parlamentarios, en las disputas televisivas o en las más modestas mesas de café? ¿O puede haber dirigentes que se crean lo que dicen cuando sus palabras y sus hechos son distintos y ambos son insostenibles?
No se trata de censurar la opinión pública, sino todo lo contrario. Tampoco de que los oficialismos pretendan una oposición complaciente.
Lo que debería preocupar a unos y a otros, es alcanzar niveles aceptables en la confrontación de ideas, argumentaciones que sirvan para enriquecer las posiciones de todos los sectores, y mucho más.
Lamentablemente eso casi nunca ocurre. Y la prueba más cercana y evidente está instalada en el Concejo Deliberante local, donde se han traspasado todos los límites de la tolerancia cívica, instalando las peores muestras de barbarie, no sólo por las expresiones agraviantes y fuera de lugar por parte del público asistente, sino –lo que es peor- por las prácticas instaladas desde algunas bancas ocupadas por concejales de la oposición al actual gobierno municipal.
Una muestra vergonzosa de quienes entienden a la democracia como el mejor sistema en tanto puedan alcanzar el número para imponer su voluntad, pero que se transforma en un mecanismo perverso cuando pierden las votaciones.
Entonces, los dirigentes -sentados en sus bancas gracias a la democracia que vapulean con sus actos- no eligen el camino del consenso, ni del debate de principios, cualquiera fuese el resultado alcanzado, sino que prefieren romper las reglas, quebrar el sistema, erigirse en líderes democráticos que, en franca contradicción entre lo que dicen y lo que hacen, pisotean la democracia.
La deplorable decisión elegida por los concejales de la oposición política –alineados tras el liderazgo del ex destituido Intendente Miguel Angel Prince- ha sido la de impedir el funcionamiento de las instituciones, en este caso del Concejo Deliberante, no asistiendo o retirándose de las sesiones convocadas para tratar el temario de cuestiones a resolver.
No concurrir a cumplir con su función –o sea, con su trabajo- es la brillante idea que parece haber nacido de la esforzada labor de diez mentes nada ejemplares. Pero “es lo que hay” –sostiene un conocido y antiguo empleado del Concejo, que ha visto pasar por las bancas a diferentes políticos, pero a pocos como los actuales opositores.
Aun los que se diferenciaban del kirchnerismo, hoy se mezclan y se confunden entre sí. Prince y Guibaud, Martini y Siror, y todos los demás ¿cuál es la diferencia? ¿O acaso no van todos juntos, siguiendo a quien ejerce el liderazgo, como una manada, por el peor camino?
Pero todos los límites pueden pasarse una vez, no todas las veces. Y hace pocas horas los concejales oficialistas -privados de sesionar por la falta de quórum provocado por la inasistencia de la oposición- dispusieron que los que no se presentasen a sesionar fueran llevados por la fuerza pública, es decir por la policía.
El panorama comienza a cambiar. Al menos así lo percibe el gran y silencioso público, no el séquito de ruidosos seguidores que insultan desde la barra del Concejo Deliberante.
¿Cómo sigue la historia? Se verá en los próximos días. Los grises se irán desvaneciendo hasta apreciar el blanco y el negro. Y cada uno eligiendo dónde ubicarse.
Claro que no es el único episodio que descoloca a los opositores modelo de antidemocracia. Otro hecho trascendente ocurrió el viernes 28 de junio. Ese día se conoció la sentencia recaída en una causa penal que fogonearon conocidos opositores al oficialismo, contra el contador Héctor Artero, reconocido dirigente vecinalista que ocupa la primera banca de concejal y reemplaza al Intendente Luciani en caso de ausencia de éste.
El reconocido dirigente fue Secretario de Economía del Municipio durante el primer mandato de Oscar Luciani. Tanto el personal municipal como todo el abanico político conoce su honestidad y capacidad, no pudiendo creer que se lo denunciara por supuestas negociaciones incompatibles con la función pública.
“Se trata, sin dudas, de una cuestión política” – habría expresado Artero ante la Jueza de la causa, en relación a la denuncia.
Finalmente, la Sentencia lo absolvió por no haberse comprobado delito alguno. Otro fracaso para enceguecidos opositores que, tras el revés ¿esperarán un contraataque judicial?
Algo que, en breve tiempo, dejará de ser una incógnita.
Lo importante –sostienen algunos analistas políticos- es que no se trata de hechos aislados, sino de una decisión opositora direccionada a lastimar la imagen del gobierno municipal, destruir el frente político gobernante –la Unión Vecinal, la Unión Cívica Radical y el Pro- como el único camino que encuentran para intentar una hipotética vuelta al poder quienes dejaron un Municipio en ruinas al cabo de más de veinticinco años de gobernar Luján.
El único detalle es que ese resultado se logra sólo a través de las urnas, no por el sinuoso sendero que, hoy por hoy, han preferido.