UNA NOTA DE DANIEL MARIO TORRES

Siguiendo la rutina de cada quince días en que viajo para Lujan para realizar tareas afines con el “Heraldo del Oeste” hoy ya estoy viajando en mi línea el 57. En el horario acostumbrado de las mañanas ahora ya mucho más claritas y con reflejos de sol ya que se nota mucho el cambio de estación hemos dejado atrás las frías y oscuras mañanas en esta esquina en Saavedra y sentadito y confortable emprendo mi viaje a Luján.
La marcha es pareja lo cual me dice que en horario yo llegare y así ya se lo estoy contando a mi amigo Juan que me espera en la Terminal, la cual no muestra nada de nuevo y con los baches de pavimento que parecen custodiarla voy cruzando junto al amigo a tomar el cafecito y el su consabido café con leche y ya le paso a contar lo que tanto le interesa, el final de una gran fiesta que viví sábados atrás, que fue algo distinto y hermoso, nada que ver cuando terminó esa fiesta porque allí caí la lluvia muy copiosa que durante el día nos había amenazado pero que se desató a las 20, no cesó durante la noche y justo a las 2 de la madrugada cuando emprendía mi regreso se desató como nunca.
Después de haber sentido mucha alegría, emoción y adrenalina experimentada en un momento cuando viví la Gran Fiesta, ojalá se vuelva a repetir el certamen del “Negrito Manuel”. En el Salón de Luz y Fuerza que estaba muy bien presentado y con más de doscientos invitados se hacían los reconocimientos a los programas de Radio y TV y algo que me impactó a los Ex Combatientes de Malvinas, a vecinos honorables que se dedican a limpiar el Río Luján, para evitar inundaciones, a los que están dejando de lujo el Museo Histórico como dejaron de lujo a la Exposición de Autos Antiguos y sabe querido Juan que toda esa gente que trabaja lo hacen como vecinos y sin cobrar un solo peso por eso me sentí muy cómodo cuando fueron reconocidos por APRENEM, o sea, la señora Rosa, la cual me presentó por ser nuevo en la Gran Familia de ese querido certamen, que reúne a tanta gente de todo el país el país y de la provincia de Buenos Aires, porque allí estaban todos los nuevos, los ya conocidos, pero programas de lo mejor, amigo yo voy a pedir otro café y usted me imagino que lo mismo.
Bueno se la sigo y digo que nos faltaba nadie a esa hermosa reunión, ya que el Cura Rector de la Basílica Nacional concurrió y también bendijo a todos los premios y reconocimientos y que alegrón que nos dieron cuando a la par de la bendición todos bien parados y con ganas cantamos nuestra canción patria el Himno Nacional. Le digo que no faltó detalle para pasarla muy bien, había clima de alegría, no se podía ocultar, para que le cuento la comida y la gente que atendía a toda la concurrencia y así llegamos al fin, llovía que daba miedo menos mal que me salvé pues me vinieron a buscar y emprendimos el regreso a mi querido Olivos, pero le digo Juan que mi hijo, que es buen chofer muy fulera fue la salida hacia la ruta todos íbamos rezando porque llovía copiosamente y no se podía ver ni la línea blanca de división marcando el camino, ni hablar de las señales de indicación que no son visibles cuando llueve, pues no son fosforescentes, se juntaba todo y en contra, charcos de agua en varios lugares, la luz que tiene una altura que no ilumina el camino, o sea, que nos costó mucho el avanzar por faltas que resultan muy reprochables, no para la autoridad del lugar, sino para los de Vialidad, que con muy poco ellos podrían mejorar como también evitar males mayores y posibles accidentes, lo cual no sería demasiado oneroso y de que esa obra es muy digna para un lugar como Luján, ya que es un lugar turístico y con un hermoso atractivo, venerado y muy querido, la Basílica de Luján, o sea, que yo recuerdo haberla pasado bien, más me queda la experiencia de la falta de luz, de marcación y señales de aviso, para salir del lugar.
Le cuento a usted Don Juan, que no me quedé a dormir porque un hotel me costaba por una noche en Luján más caro que en Miami y no le estoy exagerando, bueno esperemos que alguien haga las obras y yo después de estos ricos cafecitos y habiéndole contado mi noche inolvidable del “Negrito Manuel”, ya me voy para la triste y querida Terminal de los micros en Luján.