UNA NOTA DE: HERNÁN LEONEL

Hay sin lugar a dudas más adjetivos con connotación negativa que positiva sobre lo que viene pasando al costado del río. Cada vez está peor. Da pena ver la situación pornográfica en la cual se encuentra uno de los mayores y bellos lugares que supo tener la ciudad. Esos momentos de familia, de picnic y de jolgorio popular se han ido desvaneciendo como arena entre los dedos. Aún queda algún rastro de arenilla entre las uñas que nos traigan en demasía aquellos relatos que en mi caso mis abuelos me supieron contar sobre lo lindo que era y lo gratificante que a uno lo hacía sentir cada vez que se paseaba por allí cuando los primeros soles de la primavera florecían junto a esplendor de las flores y el cantar de los pájaros. Aunque me esfuerce y trate de imaginar esos momentos, se me es imposible retratarlos al divisar la situación calamitosa en la que se encuentra hoy. Es horrible, denigrante y lo peor es que hace años que esto es así. Lo peor es que cada vez y valga la redundancia está peor.
Como si a nadie le interesara. Como si de golpe nos diéramos cuenta de que esa parte también es sinónimo de Luján. Duele la vista observar la degradación que las impericias de los gobiernos municipales han estado haciendo durante éste tiempo. Da pena el olvido y da pudor el decir... “Sí, ésta parte de acá, también nos representa”. Acéfala se encuentra la rivera, a la espera de que alguien la socorra, la mime, la pinte, la limpie y la ordene para que vuelva a ser, a brillar y a ser parte de una ciudad que pide a gritos una mejora en toda la zona histórica basilical. Para colmo, te cobran para estar sentado en un banco del año 40 y para apoyar un equipo de mate de la misma década. Mugre por doquier, trapitos que se aprovechan de turista y nadie les dice nada. Te cobran dependiendo del día y no te ofrecen nada a cambio. Nos queremos comparar con Tigre... que lejos estamos de la realidad. Tampoco que es una cosa descomunal lo que sucede en aquella ciudad pero al menos está ordenado y un toque de color tiene. Acá el único color es el de la mie… que se divisa flotando en el río. El gris opaco, insulso y penetrante que transmite la parte que bordea al río, a la terminal y al museo que gracias a unos vecinos hoy a mejorado considerablemente. Vergüenza debería darles a todos los que ocupan, y ocuparon un lugar en la Municipalidad. Ninguno hizo o hace nada para revertir una situación que da risa pero que en realidad nos da pena. ¿Para qué se piensan que votamos a nuestros representantes? Intendentes, concejales. ¿Para ir a tomar mate con rosca todos los días a la sede de San Martín al 400? Creo que no. Creo que es hora de actuar, que es hora de gestionar, de dejar que si no tienen voluntad de hacerlo, al menos le dejen a quienes sí la tienen. Que no jodan a los vecinos que amablemente y sin buscar medalla alguna se rompen el alma (para no decir otra cosa y suene grosero) haciendo lo que ellos en sus bancas no pueden, no quieren o peor aún, no les interesa.