UNA NOTA DE DANIEL MARIO TORRES

Una vez más y con verdadero placer emprendo mi viaje a Luján y como siempre con buena fe. Hoy me estoy desplazando bien temprano desde mi hogar en Olivos, hasta Puente Saavedra y justo allí en esa esquina donde me enamoran los autos espero el 57, que en unos pocos minutos arriba a ese lugar. Saludos muy afectuosos de parte del conductor y pasando suavecito la sube que garantiza mi viajecito o pasaje.
La llegada seguro será en hora y pico, a la querida Luján, que según me cuentan sigue esperando por su nueva terminal. Por no exagerar, el calor está a paso firme y aunque pausado diviso a mi amigo Juan que se encuentra en la otra esquina para ir juntos al café donde hacemos nuestra cita, café con leche y medialunas y el cortadito en jarrito.
Le quiero contar rapidito algo de lo que fue ese encuentro del G20 que salió bien redondito con amor y sacrificio y una vez más las mujeres se destacaron en unas pocas visitas, ya que el tiempo no sobraba, sin embargo, las señoras con Juliana a la cabeza, sin molestar ni un poquito hicieron muy buen papel y se retiraron conformes a cumplir otras reuniones del programa establecido y le quiero destacar la “frutilla” presentación que fue en el Teatro Colón, que le juró amigo Juan que a través de la televisión más de uno se le escapó un lagrimón y para que hablar del Presidente, que había corrido como nunca todo el día, se detuvo en un palco donde estaban todos los capos del mundo mirando atentos y muy vivaces lo que expusieron los artistas de las más diversas provincias y como si fuese la última vez, ya que dejaron todo, bailaron y demostraron lo mejor de cada uno y no me quisiera olvidar de ninguno en especial, pero salta a mi memoria el baile de la Sra. Mora Godoy, del bailarín Julio Boca y para que seguir nombrando si todos fueron extraordinarios.
El amor y sentimiento mostrando unos cuadros que decían nuestro país y que en unos pocos minutos dejaron a todas las autoridades con la boca abierta y como si esto fuese poco le salió de muy adentro un grito que no estaba programado ¡Argentina!, ¡Argentina!, que yo creo hasta el momento debe seguir retumbando en ese hermoso teatro.
Para que contarle Juan lo que llegó después, hubo actividad durante todo el día y si bien la vigilancia fue muy estricta, le puedo decir que fue todo un éxito, ya que, al menos por un día los que salen a marchar se portaron de lo mejor y no dañaron paredes, ni rompieron maceteros, pero yo sé muy bien Don Juan que el tema que me convoca es Nochebuena, que fue cambiando y aún sigue con esos cambios de acuerdo con las familias. Ocurre que el festejo en mi caso particular y de esto han pasado años no quisiera que de ninguna forma Usted crea fui ejemplo, ya que en mi casa con mi madre viuda yo chiquito y mi hermano jovencito, sería ya por el año 1950 la Nochebuena, era una mesa muy prolija, con mantel bordado por mi vieja y adorno con cinta roja alrededor de las copas y de las fuentes.
Además, una mesita en un costado servía para contener un hermoso pan dulce, turrones, el mantecol, los higos turcos, las nueces y la ensalada de frutas, como tampoco faltaba en un rincón del comedor, el arbolito de Navidad con algunas lucecitas y al costado y no sé cómo un juguete para mí, una camisa para mi hermano y un par de chancletas para mamá.
Además si bien estaba prendida la luz, había una hermosa vela encendida durante toda la cena, la que comenzaba previo Padre Nuestro, de los tres y algo que a mí me llamaba la atención, había todo lo necesario sobre un costado, plato, cubierto, copa y vaso porque así decía mi vieja que estaba presente mi papá. La heladerita de madera tenía una refrescola, soda, un vino Toro y una sidra con un hermoso pedazo de una barra de hielo. Y mientras mi hermano me distraía con estrellitas, después me fui dando cuenta, mi vieja ponía a Papa Noel y sacaba la cartita, le juro vecino Juan, han pasado muchos años pero que lindo lo vivido y cuanto uno se imaginaba y para que contarle o decirle de los globos encendidos que se perdían en el cielo y luego algo muy especial, algunos vecinos que después de las 12 de la noche nos venían a saludar y siempre ligaba algún regalito. Y no le digo que la radio que era nuestro reloj en esa Nochebuena, nos brindaba la animación musical.
El tiempo siguió avanzando y entonces yo comprendí que la fiesta era el Nacimiento del Niño Jesús, el Pesebre y toda austeridad. Sin embargo, me di cuenta que el festejo se iba agrandando de acuerdo a la cantidad de integrantes en la familia y al decir familia, los abuelos, los matrimonios de aquellos y los hijos de los nuevos matrimonios aunque estuviesen casados hacia muy poco. Las reuniones eran y son muy grandes y así también uno se enteraba de que en dichos encuentros surgía algún que otro encontronazo y los padres haciendo un esfuerzo decían que era una Fiesta de Paz y Alegría.
Más también yo fui observando que el vecino más austero sacaba a relucir sus dotes de parrillero y allí el motivo no solo era el de festejar cada 24 la llegada de Jesús si no una gran fiesta gastronómica adornaba con diversos platos y gustos y para que decir de las bebidas, que llegaban a sorprender dada la cantidad.
También observé que el Papá Noel traía regalos no solo para los chicos sino para otros de los integrantes de la familia y así todos quedaban contentos salvo el Papá Noel que pagaba con su tarjeta. En esos festejos también se comenzó hablar de la pirotecnia que aumentaba año tras año y que nadie valorizaba el daño que les producía a algunas personas enfermas como así también a los animalitos que quedaban aturdidos por las explosiones.
A lo mejor usted amigo Juan me estaba esperando con otra definición de la fecha de Nochebuena, pero voy a tratar de contarle el final de la mía que no será la mejor historia pero es la que me pertenece y mientras Usted pida asegurar otra vuelta de cortado en jarrito le diré que ya de grandecito llegué a revivir esa hermosa historia de Belén y hasta fui parte del Pesebre Viviente que los vecinos con el apoyo de la Iglesia de Fátima en Villa Soldati, realizaban esa noche. Fátima en Villa Soldati, realizaban esa noche y el que apoyaba muchísimo esta fiesta de los creyentes llegó a pedirnos cuando era bebé al hoy Diputado César Ángel, para que en la cuna de madera y paja allá por el año 71 representara al Niño Jesús. Y yo haciendo de José el Carpintero.
Lejos estábamos de pensar que con los años seríamos vecinos y partícipes de la zona como lo fuimos a partir del año 78, o sea, que Dios Todopoderoso tiene preparado para cada uno de nosotros para cumplir en silencio, le puedo asegurar vecino que era lindo y si bien se hacía de forma espontánea atraía a mucha gente humilde, la cual se dedicaba varias horas a la oración ante el pesebre y luego escuchaba la misa a campo abierto que oficiaba Leoncio con el marco de los grandes edificios del Complejo Soldati, pues en aquel entonces no había jardines, sino piso de tierra.
No quiero pecar, más le puedo asegurar que lo recuerdo con cariño y estoy agradecido a mucha gente que me enseñó lo que a través de los años y en compañía de otros vecinos llevamos a cabo, en el barrio no solo con el pesebre, si no también emulando al Papá Noel con ayuda subiendo y bajando escaleras en muchos edificios calcularía que la mitad del Barrio y que cansaba bastante, pero el solo observar las caritas de los pibes cuando al golpear su puerta se les entregaba el juguete que había sido seleccionado y comprado por los padres, ver reflejada la impresión en sus rostros que se repartía entre risas y llantos de emoción, valía la pena.
Y luego de esa tarea quedaba que la volvería a realizar si me lo propusieran aunque les cuento quedaba cansado por el esfuerzo y la emoción que me hacían vivir, ya que esa tarea comenzaba tipo 22 horas y terminba a la una de la mañana aproximado. Y al llegar a casa los besos y abrazos de la familia que eran algo lindo y que a lo mejor hoy sería difícil de realizar, pero que bueno que por unas horas un grupo de amigos, vecinos, sin distingos, sin antinomias, sin más deseos de que al otro le vaya bien y que esa estrella de Belén los guie a todos, esa era la forma de la Nochebuena, aunque durara solo esa noche, nos hacía sentir hermanos, vecinos y humanos.
Bueno vecino Juan, hoy sí que me pasé del horario y sí me quedo perderé el 57, así que será hasta la próxima semana.