UNA NOTA DE: SANTIAGO TALAVERA NUÑEZ
Faltan pocos minutos para que la histórica banda local Rerum Novarum salga a escena. Los más de treinta integrantes repasan los últimos acordes antes de presentarse.
Algunos limpian sus instrumentos, otros leen las partituras y ahí están ellos: los “pequeños gigantes”.
El grupo de los más chiquitos lo integran Vicky, Juana, Lourdes, Micaela, Alexis, Julieta y Naiara, que tienen tan solo entre 10 y 12 años de edad. Oriundos de las localidades de Olivera, Jáuregui, Pueblo Nuevo y Luján, hace poco más de cuatro años que conforman oficialmente el equipo juvenil de la banda.
En la actualidad se desempeñan en instrumentos de viento como la trompeta, el clarinete, la flauta traversa y el saxo, y de percusión como el tambor, este último como herramienta de aprendizaje básico en la escuela que tiene la misma Rerum Novarum.
Es decir, todos dan sus primeros pasos tocando percusión. Con el tiempo, son ellos mismos quienes tienen vía libre para desarrollarse con algún otro instrumento de su agrado. Es más, aún hoy se conservan elementos musicales de la época de aquel primer conjunto de la fábrica algodonera de Don Julio Steverlynck.
Si bien los chicos copan la escena actual, no siempre fue así. Originalmente eran conocidos como las “Mascotas”, que eran los hijos de los obreros o alumnos de la institución educativa San Luis Gonzaga, quienes se vestían iguales a los más grandes y marchaban junto a ellos pero sin poder tocar. Recién en la década de los ’90 sucedió que la Rerum Novarum modificó sus “reglas” y permitió la participación de los chicos en la banda, esta vez sí como músicos.
Sin embargo, aún luego de esta “apertura de abanico” todavía se sigue conservando la tradición familiar de heredar la música generación tras generación.
El grupo que alguna vez llegó a un mínimo de nueve personas, hoy se encuentra en su mayor esplendor y habiendo triplicado ese número de convocatoria, reuniendo a personas que van desde los 10 a los 70 años, compartiendo un único amor: la música.
No obstante, hasta para los más “peques”, las marchas militares son sus temas preferidos de tocar. Raro, ¿no? Aunque su repertorio incluya reggaeton o cumbias, géneros que tal vez van acorde a su generación y a lo que se está escuchando, ellos eligen ser más tradicionalistas.
Afirman que su canción preferida es “Repican Las Campanas”, un tema navideño que se escuchó para despedir al 2018.
Para ellos, las kabbalahs no existen. Sólo el trabajo arduo y responsable. Ensayan religiosamente los días sábados aunque llueva, haya sol o nieve.
Lo primordial es generar el hábito. Si tienen que levantarse un fin de semana a las 7 de la mañana para presentarse, ellos con una sonrisa lo hacen. Y siempre acompañados por sus familias, que son quienes los respaldan en cada vivencia y “salidas”.
En todo esto no están solos. Ellos tienen a su guía y educador: el Maestro Miguel Álvarez (36) quien hace más de dos décadas integra la Rerum Novarum y también se desempeña como Bastón Mayor en Gendarmería.
Lo curioso es que él fue uno de los primeros “mini músicos” que ingresó en la banda allá por el año 1993 cuando tenía la edad de 11, la misma que tienen los protagonistas de esta nota.
Su crecimiento y aprendizaje también fue el mismo: tocó el tambor, los platillos, estuvo de Bastón Mayor y hasta tocó el saxo.
Reunirlos fue un trabajo fácil porque esta gran familia siempre permanece unida, así que, antes de su gran presentación, los “chiquitos” hablaron con “Heraldo del Oeste” entre risas sobre su participación en la banda, gustos musicales y sueños.
-STN: ¿Qué opinan sus familias sobre lo que hacen?
-CHICOS: Dicen que está bueno, que nos va a ayudar para el futuro.
-STN: ¿Cómo se sienten antes y después de cada presentación? Al maestro, ¿Qué anécdotas recuerda que les haya pasado en alguna previa?
-CHICOS: Antes de salir a escena estamos muy nerviosos y después mucho más tranquilos.
-MAESTRO: Después de tantos años nos ha pasado tanta cantidad de cosas… ¡tuvimos de todo! Muchas veces los nervios te pueden llevar a generar algún mareo, pero más que eso no. A la edad que ellos tienen sucede que la adrenalina le genera poder salir a tocar sin problema por el pueblo, mientras los vecinos los miran, en lugares donde hay mucha gente. Pero sí, los nervios los han llevado desde olvidarse el instrumento, la gorra.
-STN: ¿Qué les hace sentir el reconocimiento de la gente cuando salen a tocar?
-CHICOS: Emoción, felicidad. Sentir que generamos algo lindo en otra persona. Eso es único.
-STN: ¿En los próximos años les gustaría seguir tocando en la Rerum o tener su propia banda?
-CHICOS: Queremos seguir tocando acá.
-STN: ¿QUÉ REQUISITOS HAY PARA ENTRAR A LA BANDA?
-MAESTRO: Primero, hay que ser buena persona. Después, para ser músico se aprende. A ser buena persona, no. Entonces, algo primordial que inculca la banda es a ser buenas personas. El resto se aprende solito.
-STN: ¿Sueñan con tocar en algún lugar importante como, por ejemplo, el teatro Colón?
-CHICOS: No específicamente, mientras toquemos en algún lugar grande… pero sí, ¡nos gustaría!
-STN: La banda ha recibido al Papa Juan Pablo II Cuando vino a la Argentina En 1982. Ahora que tenemos un papa argentino, ¿Se imaginan tocar para él?
-MAESTRO: Si llega a venir, nosotros vamos a buscar la manera para poderle tocar. De eso estamos seguros.
-STN: Maestro, ¿Qué le aporta la frescura y la sabiduría de un niño a una banda con tanta trayectoria?
-MAESTRO: Los niños nos han cambiado el panorama porque, por ejemplo, la rigidez que por ahí tiene una banda militar o la misma que antes tenía la Rerum Novarum, se convirtió en dulzura. Y eso también se ve reflejado en nosotros. Más allá del cariño nuestro, del “papá baboso” que está hablando, no hay nada más precioso que un hijo siga tus pasos en todos los aspectos. La frescura, pero más que nada la dulzura que tienen los chicos, a uno lo hacen venir a hacer las cosas con ganas. El pilar fundamental son nuestros hijos. Por ahí uno tiene un millón de cosas en la cabeza y un montón de problemas y ellos generan en nosotros que acá te relajes, que el ámbito sea otro.
-STN: Si bien falta más de una década, van camino al centenario. ¿Cómo se imaginan ese festejo?
-CHICOS: Ocupando el lugar en el que hoy están los más grandes, tocando otros instrumentos como pasar del clarinete al saxo… Nos imaginamos una gran fiesta con invitados, con gente importante y cantando el “Feliz Cumpleaños” con una torta gigante.