UNA NOTA DE: HERNAN LEONEL

El artista plástico de 85 años repasa y comparte fragmentos de una vida… pintada en acuarelas. Su mundo junto a su familia, los amigos, los que ya no están. Momentos de risas y llantos. Ganas de vivir. Los recuerdos de su mamá, de su padre y su abuela. Sus obras. Su legado. El mate, Perón, el tango, las ganas de vivir sin temerle a la muerte y su legado máximo: la pintura y los pinceles.
Al llegar, divisé a Horacio tras la ventana y noté la mirada ansiosa cual niño espera que lo pasen a buscar para hacer algo divertido. Ahí estaba él, con los ojitos observando todo el panorama y con el mate listo para acompañar la charla. Horacio, vestía cómodo, si me apuran diría que sus harapos eran de artista. Los lentes apoyados sobre su nariz lo hacían parecer sabio. Luego, me di cuenta de que no parecía, lo era. La casa es un recóndito de su vida donde hay un sinfín de cuadros, retratos y fotografías que decoran la misma y le dan un toque mágico a cada sala, a cada espacio, a cada rincón. Como buen anfitrión, invita mate y sin respuesta alguna comienza la tradición. “Esto es lo que más nos une y nos representa a los argentinos”, comenta mientras acomoda los elementos para disfrutar de la infusión.
En la década del ´50 y con 17 años, Horacio trabajaba en una panadería y sobre aquella época recuerda que: “Había mucha pobreza pero con la llegada de Perón mejoró”, agrega y finaliza: “La gran lucha social y el apoyo a los trabajadores fue un gran avance para forjar la Nación”.
-¿Se hablaba mucho de política en esos año?
-Con el Dentista Randazzo hablábamos de política. Mi familia era peronista de la primera hora.
-¿Participaste en política?
-Me gustaba el Socialismo pero nunca milite con nadie.
-¿Te hubiese gustado?
-No quería. Me buscaron en su momento pero no quise saber nada. Yo no tengo estudios, fui hasta sexto grado. Hay que dejar el lugar para gente más capacitada. Va, ese es mi punto de vista (agrega con una leve sonrisa pícara que se le dibuja en la comisura de sus labios).
-¿Cómo notas la situación actual?
-La gente está triste y desilusionada con el gobierno actual. Pero hace años que la política va por mal camino. Mucho palabrerío y poca acción.
-¿Estás al tanto de las noticias?
-Me informo pero no estoy día a día tras las noticias.
-¿Recordas lo primero que pintaste?
-Lo primero que pinté fue una acuarela, pero la perdí en la inundación del ’76. La primera pintura fue en el ‘55 mientras estudiaba en la Escuela Industrial. Pinté un florero y se lo regalé a mi suegra (risas).
-¿Cuánto tiempo te llevó?
-No recuerdo cuanto tardé en pintarlo pero si atesoro esos primeros momentos junto al pincel
-Estudiaste con uno de los grandes…
-Sí, tuve el privilegio de tener como profesor a Carlos Clement en Capital Federal.
-¿Tu mejor muestra?
-En el ‘94 hice un reconocimiento al cine nacional con más de 100 cuadros. Fue una muestra impactante y que me llenó el corazón con una gran satisfacción.
-¿A tu mujer la conquístate con algo de arte?
-Algo parecido (risas). Con ella (Ana Fontán), nos vimos por vez primera en el teatro de la basílica y fue amor a primera vista. Después vinieron Fabiana y Yolanda (hijas) y los nietos (Enzo y Ana).
-¿Un color para pintar tu vida?
-Todos, trabajo mucho con paisajes. El otoño es el mejor porque cambian los colores, se renuevan las plantas.
-¿Un artista favorito?
-Leonardo Faber, fue uno de los grandes que usaba muchos colores. Quinquela era otro artista que me gustaba, pero era un viejo que rezongaba mucho (risas). Era la manera de ser de él
-En Luján tuvimos varios artistas consagrados
-Sí, Julio Fernández, Paladino, Scarnato, Napoli, entre otros. Todos excelentes artistas y mejores personas.
-¿Escuchas música mientras pintas?
-Mientras pinto escucho tango, también me encanta el Jazz.
-¿Pausas?
-Tomar mate, es un descanso para la vista y para pensar.
-Imagino que cuando pintas se acaba el mundo
-Si (dice abriendo los ojos como plato). Me compenetro de manera tal que luego me cuesta volver en sí.
-¿Se está perdiendo la pasión por el arte?
-La gran promoción de la fotocopia y los grandes avances tecnológicos hacen que un poco se pierda esa pasión
-¿Cómo haces para enseñarles arte a los chicos que vienen?
-Trato de entusiasmarlos, los voy induciendo y siempre fomentando que ellos pueden ir mejorando clase a clase
-¿Te hubiese gustado trabajar en alguna Escuela?
-Sí, pero me dediqué mucho a trabajar en el campo de la pintura y no tanto en la transmisión de la enseñanza.
-¿Qué es el amor para vos?
-Es una gran parte de la vida. Si no hay amor… (Pausa) como la comprensión, la cultura, la educación… ¿Qué hay? Debemos vivir amalgamado con todo ello porque sino en la vida si uno no tiene amor por algo nunca se avanza. Sin amor uno queda en un vacío, en un yo eterno que no puede compartir nada
-¿Cuál es tu obra favorita?
-Una pintura de Venecia. Ojalá hubiese ido… Tengo muchos paisajes que me gustan como quedaron.
-¿Un recuerdo?
-Cuando mi mamá cantó el Ave María. Una emoción bárbara; aún me pasa (cuenta con la garganta entre nudos mientras el silencio se adueña del lugar y las lágrimas pesadas caen sobre las manos)
-¿Sos creyente?
-Sí, alguna creencia debemos tener sino… la vida cómo sería, ¿no? Hay que tener fe, ganas de trabajar y de hacer cosas.
-¿Tenes miedo a la muerte?
-Se podría decir que no, es algo natural y hay que tomarla como tal.
-¿Cómo te ves en unos años?
-Me veo viejito, caminando con el bastón y después Dios dirá. Pero siempre con el pincel y la pintura
-Para viejito falta mucho.
-(Risas)
-¿Y en el futuro más cercano?
- Tengo ganas de presentar algo para Mayo y hacer una última muestra. La última vez que hice una muestra fue hace más de 10 años.
-¿En dónde?
-En la biblioteca Ameghino de la cual soy socio.
El agua del mate notaba que las horas habían pasado y que el sol ya no estaba para iluminar las pinturas que cuelgan de las paredes esperando por la próxima salida que les devuelva su brillo y todo su esplendor al unísono que esperan que los ojos de Luján puedan divisarlas una vez más para quedar inmortalizadas en las retinas que avivan su llegada al compás de un tango y de una jornada que seguramente será mágica. Haciendo hincapié en esto último y hablando sobre el tiempo, Horacio Isola comenta:
“El tiempo pasa y ya no le puedo seguir el ritmo, solo atino a retractarlo y plasmarlo en una pintura”.