UNA NOTA DE:MARGARITA ELIAS

Qué son las manchas sino huellas que pueden ser permanentes, intransferibles, indivisibles… o todo lo contrario. Pueden estar en todos lados, hasta en lugares recónditos. Y este joven artista las sabe ver. Él ha manchado desde paredes, hasta sus manos y su vida. Como todos. Porque las manchas tienen historia, y la historia hace al mismo hombre.
Nicolás es discípulo del eximio pintor local Horacio Scarnato desde hace una década y admira el trabajo de Salvador Dalí, aunque afirma: “A veces me cierro mucho con esa idea de surrealismo”. Con solo la edad de 27, Filippoli ha llevado sus cuadros para exponer en clubes, bares, espacio público, colectivas además de concursos de pintura y salones, como sucedió recientemente en la localidad de Lanús.
Hincha de Luján y Racing Club, gustoso de las obras de Charly García y la música clásica, también es cocinero, lo que le permite bromear con un dicho de Dalí: “Soy un gran cocinero de la pintura al óleo”. Después de varios años de estudio autodidacta, aprendiendo y analizando las teorías de sus filósofos de cabecera Karl Marx, Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Friedrich Engels, Nicolás decidió comenzar la carrera de Filosofía de las Artes en la Universidad de Buenos Aires (UBA), algo que lo lleva a pensar que, a veces, “no tendría que usar el pincel”.
Actualmente, el joven pintor se encuentra presentando su nueva exhibición titulada “Historiar: Lo que fue y será”, su segunda exposición individual formal, que podrá verse desde el 13 al 28 de abril en la Sala Casals del Museo Municipal de Bellas Artes “Fernán Félix de Amador” (9 de julio 863). Allí se pondrá en valor 17 obras de arte al óleo realizadas entre 2015 a la actualidad. “Hubo obras que no exhibí, que las voy a retener, pero por decir no quedó nada, por ahora. Cuando cambien las manchas de la impresión se puede seguir hablando”, comenta respecto de si había quedado algo “fuera del tintero”.
“Como alguna vez se planteó llevar el arte fuera del museo, es parte nuestra también mostrar el ensayo de la actuación del hombre frente a esa impronta de intervenir en el espacio público. Un aspecto que tiene el arte es mostrar la belleza en la historia, creencia y progreso al cual tenemos acceso ilimitado”, afirma Filippoli, y es por esto que invita a los artistas de hoy a modificar la “objetualidad” del espacio público, a modificar “algunas manchas que hay fuera de la ciudad”, no solo con la acción de “graffitear”.
HDO: ¿Qué historia contas en esta muestra?, ¿tiene un hilo conductor?
NF: Hay gente que cuando quiere contarte una historia, la escribe. Bueno, yo la pinto. Como los amigos: no hace falta que nos veamos todos los días, sino con una historia que esté reflejada en la obra se puede dialogar a través de esa materia la importancia que tenemos cada uno entre nosotros. Las historias se van trillando una a una todos los días. Uno piensa por ahí que es un método muy antiguo la pintura, pero es necesario que alguien se encargue de traer las historias desde la calle, quizás desde el muralismo y la aventura de conocer la ciudad, al museo mismo. Es hora volver, en cierto aspecto, al museo para seguir retroalimentando la historia del arte.
HDO: ¿Por qué crees que hay un reiterado esfuerzo por reivindicar la cultura?
NF: Porque la cultura alimenta mucho al hombre, al corazón, al sentimiento. Pero hay veces que yo tampoco creo que haga falta el arte. Hay veces que estoy a favor de la destrucción y del fin del arte como propuesta filosófica. Pero uno siempre llega al punto de que es necesario reproducirla materialmente esa obra para, por lo menos, destruirla aunque sea un instante. De diferentes medios, no solo pictórico. Puede ser sonoro, o puede ser visual o puede ser escultórico. Creo que hay cosas que pasan en el día a día que llegan a ser historias pero no nos damos cuenta que suceden y que el arte se encarga de ponerle un nombre, y eso es lo axiológico que yo considero que le sirve al arte, que retroalimenta la cultura. Ese es el punto en el que, por ahí, es el paso de la calle al museo. En una construcción. Quizás hablo mucho de nihilismo, que es el desmadre. En un principio, una parte de la Tierra se fue de la roca, digamos, de la esencia, y se hizo la misma Tierra. Esa es la concepción que tengo yo de la nihilización, con el tema del hombre basura, con todo el conflicto. Además del tema “basura municipal”, que estuve haciendo un ciclo lectivo que se trataba justamente de eso, del arte informalista, del nuevo informal, que también es una forma de conocernos. O sea, es el ‘in-off’, un nuevo modo de comunicarnos que trato de restablecer.
HDO: ¿Vos haces arte o el arte te hace a vos?
NF: Uno a veces dice: “¿Nace artista o se hace artista?”. No sé. El arte es parte de la vida misma, las historias. Mientras uno esté en este momento acá y ahora, va a seguir existiendo y eso forma parte del arte también. El arte depende de qué lado se lo mire. Porque en un momento se creó que la perfección, la verdad y la bondad pura, que lo sigue siendo, es Dios. Pero uno por ahí puede cambiar mucho la concepción del arte de un momento a otro. No hay nada que sea constante en el arte, salvo por ahí las artesanías, y eso viene a que el arte directamente es conciencia, y a partir de ahí creo sí que el arte me hace a mí.
HDO: ¿Qué te ha dado el arte en todos estos años?
NF: Nunca lo analicé. Es una sustancia. Creo que la misma esencia que uno tiene en su persona, lo que lo hace sentir bien, lo que lo hace enojar, lo que lo hace amar, lo que lo hace crear, lo que lo hace encender la mirada… Eso es lo que me ha dejado. La mirada, la forma de ver la realidad.
HDO: ¿Crees que “el arte sana”?
NF: No. Es como pedirle la cura a un médico. ¿Qué cura te van a dar? Entonces, ¿qué arte va a sanar? Uno cuando hace arte siente. Pero no todo el mundo vino a estar feliz. Eso te lo condiciona materialmente el hombre.
HDO: ¿A un artista hay que entenderlo?
NF: Sí, es lo que más me fascina. Que entiendan a uno, que sepan porqué pasó cada cosa, porqué es cada aspecto, cada mancha que se observa bien, porque es el interior de cada persona. Eso es lo que lo enriquece al hombre, tener una certeza a cerca de lo que está mirando.
HDO: ¿Podrías hacer tu propio autorretrato?
NF: Eso es narcisismo.
HDO: ¿Y está mal ser un poco narcisista?
NF: No, es narcisismo pero uno lo desfigura en el sueño. Uno se encuentra verdaderamente con su alma cuando sueña o cuando vive en sí, pero uno reconoce su propia forma cuando sueña. Quizás, uno cierra los ojos, ve todo oscuro y ve las estrellas. Ve la infinidad de las estrellas, el silencio pobre y se asemeja tal vez a otra dualidad que es el propio arte que es el retrato de uno mismo, que es todo. Es una forma de pintar dioses también. Hubo una época en la que no usaba espejos ni nada. Pero el tema del autorretrato creo que sería nada constante, nada que sea una objetualidad. Por ejemplo, no me imagino el Sol, no me imagino la luna. Me imagino el momento real, o sea, las capas de carne y lo que uno tiene, lo que es en realidad… un simple hombre. La coincidencia de estar ahora acá mismo. Así como hace cincuenta millones que existe la tierra, y tenemos la posibilidad de estar acá en este momento por la forma de construirse que tiene el hombre, de las divisiones de trabajo entre el hombre y la mujer. No en el acto político, sino en la creación misma del hombre, en el hecho de quién tomó de la primera forma en el mundo y se convirtió en hombre y quién en mujer. Y esa es la diferencia que nos atrae todo el día. Si me tuviera que retratar, me gustaría autorretratarme como un trabajador.
HDO: Si tuvieses que retratarlo a Dios, ¿cómo lo harías?
NF: Ahí viene el tema de pintar el Sol, también. Y el material. La pintura no sé si es pura en algún aspecto salvo la real y la dialéctica de algunos tiempos porque, ¿qué es puro hoy, además de Dios?, ¿la pintura puede ser pura? Puramente espiritual, puramente material, puramente no trasciende de hombre contemporáneamente.
HDO: ¿Y al diablo?
NF: Já (pausa). Tuve un sueño un día, no lo voy a contar porque se hace un pozo en mi memoria después, pero me gustaría venir a buscarlo otra vez. Muchos dicen que “hay diablos”, que somos los propios hombres. Pero el diablo, en fin, no veo nada malo ni nada bueno. Es otra idea impura. Es a partir de eso que se construye la visión que prosigue de la estructuración de hombre. De lo que denomino en el arte pobre la “Masa Rose Pop”, que sería la discriminación y todas esas cosas que configuran a que uno esté mal. Pero creo que al diablo me lo imagino desnudo y con un par de medias.