UNA NOTA DE HERNAN LEONEL

No solamente, los argentinos, marcamos la historia del mundo al inventar el sifón de soda, el dulce de leche, la lapicera, el helicóptero, los alfajores y tantas otras cosas más que nos hicieron inflar el pecho en más de una ocasión sino que además somos los primeros en incursionar en los viajes en el tiempo.
¿Cómo?
Si, salgan al balcón, a las calles, al patio y griten fuerte: “Argentina, Argentina, Argentina”.
En nuestro país, único en el mundo, se puede trazar una línea temporal más fuerte y con más energía que un agujero negro y transportarnos a cualquier década en la historia.
Por ejemplo, más de una vez fuimos y vinimos a tiempos inmemorables como los ´70.
Todavía hoy, nos damos una vuelta por aquella época de montoneros y los avivamos a viva vos mientras una lágrima se nos cae atesorando esos mágicos recuerdos.
Aún se puede vislumbrar y escuchar una cátedra de Hebe de Bonafini en la Plaza de Mayo y automáticamente retrotraerse a aquellos años donde la democracia era una epopeya teñida de botas largas y bastones.
El pueblo se despertó y antes de un estallido social aún peor, dijo adiós y nunca más a un gobierno de facto.
Pero de vez en cuando, nos da nostalgia y queremos retomar esas vivencias y nos volvemos algo que detestamos del pasado para retroalimentarlo en el presente.
Hoy vemos que Hebe ha girado en el aire y se convirtió en una militante autoritaria (todo aquello por lo que justamente peleó).
Se ha convertido en una mujer que permanentemente provoca, que usa temas democráticos con una actitud extorsiva.
Ella tuvo una actitud mussoliniana de hacer juicios políticos y de hacer juicios públicos a periodistas en la Plaza de Mayo. Como verán, saltamos en el tiempo y retornamos a los ejes de la Segunda Guerra Mundial en menos de un minuto.
Los años 70 necesitan de una revisión, sin melancolía. En un mundo donde el futuro está, al mismo tiempo, cargado de trances y de oportunidades, la nostalgia setentista no es ni buena ni mala; es irremediablemente antigua.
Allá por el año 1962, Tato Bores escribió “el monólogo del dólar” en el cual decía lo siguiente:
“Cuando digo que estamos viviendo un gran momento de expansión monetaria, sé lo que estoy diciendo. Fíjense que nosotros en vez de pagar el dólar 30, 40, 50, 70, 80 o 90 mangos, lo estamos pagando a 135. Y si nos mojan la oreja, lo vamos a pagar a 200 porque somos tipos ricos” […] “Todos compramos. Todos juntamos. Y el día que tengamos muchos dólares podemos pegar un golpe fantástico. Yo le voy a explicar: resulta que el dólar es la moneda norteamericana. El día que tengamos todos los dólares del mundo iremos a Estados Unidos con la guita de ellos y nos van a tener que entregar el país” […]
“Yo pienso que todos de golpe nos hemos vuelto financistas por una razón muy especial. Fíjense que antes cuando un tipo tenía un ahorrito ponía un tallercito, abría una fabriquita, compraba un campito para criar gallinas o plantar tomates. Esas cosas que hace la gente en los países pobres”.
“En cambio acá es distinto. Usted va por la calle San Martín, donde están las casas de cambio, y está todo el país parado en frente a las pizarras. Hay obreros, albañiles, peones, sastres, músicos, artistas, de todo.
Hay tipos que antes trabajaban como locos y ahora se han vuelvo economistas. Cada uno está parado ahí con un paquetito de dinero y en cuanto se mueve la cotización de la pizarra entran todos en patota. Uno dice ‘deme tres dólares’, otro dice ‘deme cuatro dólares’, otro dice ‘deme ocho dólares’ y salen corriendo. Y van a otra casa de cambio. Y antes de que muevan la pizarra se meten y los venden.
Y así se pasan todo el día: vendiendo y comprando. Comprando y vendiendo. Y cuando llega la noche entra a la casa molido, deshecho, cae muerto arriba de un sillón, desempaquetan, cuentan la guita, llaman a la mujer y dicen: “¡Vieja, vieja, vení! Hoy me gané 14 mangos y no hice nada”.
1962-2019 y poco o casi nada ha cambiado.
Es que si hacemos un programa igual, con el mismo guion pero le cambiamos el formato y lo modernizamos un poco obtenemos el mismo producto.
Es más, si se aviva algún productor, sale al aire mañana mismo y nadie se daría cuenta que fue escrito hace más de cuarenta años.
Ni que hablar de Unitarios y Federales aunque ahora se llaman Kirchneristas y Macristas con el cual se pueden llenar horas de espacios televisivos hablando más sobre lo mismo.
Y si a eso le agregamos el clásico ¿Yo corrupto? Nos metemos de lleno en Netflix con una suscripción gratis de por vida para todos los argentinos.
Dólar, inflación, cepo, corrupción, atraso cambiario, montoneros, militares, represores, setentistas, división, los unos o los otros, River-Boca, capitalismo, imperio, plan social, lucha social, trabajadores, lucha, revolución, golpista, FMI, etc, etc, etc, son algunos latiguillos que no hacen más que estancarnos en una línea del tiempo en la cual nos gusta estar y por la cual no hacemos nada en post de querer modificar para avanzar, para dar el salto de calidad, para sepultar todo aquello que nos hizo mal, que nos imposibilitó crecer, que nos marginó y que nos supo crecer como sociedad ni como país.
No digo que borremos la historia, pero sí que la tratemos como lo que es, simple y llanamente… Historia.