UNA NOTA DE HERNAN LEONEL

En una entrevista realizada a los integrantes de “barrios en lucha”, en la pasada edición del Heraldo del Oeste, escribí sobre el deterioro de los mismos, ergo localidades, ergo salitas, ergo entes, ergo establecimientos. Una mamá me comentaba que si un día viese terminadas las obras, ese día “sería Navidad”. ¿Tenemos conciencia de la magnitud de tal frase? ¿Los funcionarios del gobierno municipal tienen idea de lo que significa que cumplan con su palabra? Hurgando entre mis notas recordé una editorial que escribí en Junio del 2017 para éste mismo medio de comunicación y que trajo un montón de réplicas, enojos y caras largas por parte de algunos funcionarios municipales. (Si gustan la pueden buscar en la página web del diario)
En ese entonces redacté: Es de amplio conocimiento que el clavo se golpea con un martillo, pero más de uno no ha sabido superar este simple acto. Tal vez porque el clavo es de esos finito, casi invisible, sí, de esos que no tienen cabeza y los ferreteros venden por gramo. Son tan chiquitos que demandan una cierta firmeza para darle un buen martillazo. Pues, en este relato, el clavito bien podría representar a Luján y el martillo, grande y pesado, sería la política; la cual bien ejecutada daría en el clavo.
Ahora bien, ninguno de los funcionarios del actual gobierno, ni del anterior, ni del que pasó, logró darle un golpe seco y preciso para encaminar la cuestión. Ni ateos ni devotos. Todos quisieron ser más papistas que el Papa y pecaron de sus errores. Más de uno le dio de refilón y el clavo obviamente se dobló. Fueron más las veces que el mazo dio contra los dedos, provocando que estos se tornen morados y cansados de dolor, que las acertadas.
En aquel 2017 haya lejos y distante tiempo de caminos de barro, de oscuridad infinita, de zonas inundadas y lagunas artificiales, los vecinos del barrio Ameghino, adoloridos de tantas pifiadas, afligidos de tanta desidia y cansados de frases de campaña tenían ganas de exponer sus vivencias. Así lo hizo Rumilda Garay Vega, quien tenía y tiene una “laguna natural” frente a su casa en vez de una vereda. Repasemos sus dichos de aquel entonces: “Desde que se inundó esta parte del barrio (detrás de las canchitas de fútbol “El Vagón”) fue que se formó esta laguna y jamás se secó”, comentaba indignada y añadió agrandando sus ojos al divisar el agua: “Si te fijas, hay un ecosistema donde podes sacar toda clase de bichos, víboras, sapos, etc. “Y ni que hablar de las enfermedades que esto atrae”, comentó a la pasada Nora Funes vecina del barrio. “Las ratas ya son parte del vecindario; son como mascotas”, acotó mientras tiró muerta de la cola a una de ellas que se encontraba en el porche de su casa.
Repasemos también otros testimonios que no caben en una serie de Netflix.
“¿Qué pensamos de los políticos?, que aparecen días antes de las elecciones y después ni la cara les ves”, concuerdan ambas. Y agregan a coro ante la pregunta: “El Intendente (actual) nunca camino por acá”. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia. Al caminar un par de cuadras más, por Suipacha y Rojas, un vecino con la camiseta de Independiente saluda afectuoso y pregunta cuál era mi labor. “ah, escribí que esto es un desastre, que nos tienen marginados”. Él, como tantos otros, es un humilde laburante a quien le encantaría poder tener el frente de su casa en otras condiciones pero “lamentablemente es imposible, para que voy a pintar si el agua negra (haciendo alusión a que cuando llueve el barro sacude el frente) se encargará de arruinarlo”. “Mira lo que es la calle, ni una ambulancia puede pasar. ¿Qué hacemos en caso de una emergencia?, lo que mejor sabemos hacer. Sobrevivir”. Por aquel entonces, las ambulancias no podían acceder al barrio. Aunque ahora tampoco pueden acceder… te esperan en la esquina del domicilio más cercano sobre la calle asfaltada; algo es algo.
Me despido y sigo hasta toparme con una familia que a viva vos agradecen la difusión. “¿Sabes cómo nos facilitaría las cosas si estas cuadras son asfaltadas?, el colectivo haría su recorrido, la policía y las ambulancias pasarían ante una emergencia, los ancianos que andan con bastones y la gente que usa silla de ruedas podrían dejar de estar presas”, sí, leyó bien. Es gente que realmente está presa en sus casas. Literal. “A que van a salir, si no pueden hacer pie en el barro”, afirman. Hoy más o menos todo sigue igual.
Enrique Fresia, padre y sostén de su familia, nos contó que “para salir a trabajar y llevar los chicos a la escuela es una odisea cada día y ni te cuento cuando llueve seguido ya que hay que levantarnos antes de lo debido para ver si podemos cruzar el barrio, porque luego de unas horas de lluvia quedamos aislados”.
A los pocos días de la caminata, volví al barrio y observé maquinas municipales que en el transcurso de la semana estuvieron realizando trabajos de limpieza de cunetas, colocación de caños, nivelado y abovedado, entoscado y perfilado de zanjas. Al llegar a casa, en Junio del 2017, recibí un mail de la Dirección de Prensa donde expresaban que “se continuarán realizando mejoras para una mejor circulación y escurrimiento de agua en los próximos días”. Es Junio del 2019, a días del cierre de lista, y todo sigue igual, todo sigue igual que ayer.
La conclusión de aquel lejano año fue: Tantos Gobiernos han pasado y están transcurriendo su mandato y ninguno pudo lograr lo que David; derribar al gigante. Y eso que en este caso es al contrario, el gigante debería ser el bueno.