UN CRIADERO DE HUEVOS QUE SE COME LA GALLINA

Escribe: Hernán Leonel

En esta editorial no voy a plantear la eterna discusión de si primero estuvo el huevo o la gallina. Lo que sí trataré de explicar la metáfora del título. Tal vez ayude comenzar por el trastorno del perro que se come el rabo. Pues verá. Estimado lector. Estimada lectora. El  Gobierno es como un perro que habita un patio vacío y que cuyo dueño lo ve solamente cuando se despierta, lo saluda, le tira un poco de café y algo de pan y recién vuelve a verlo entrando la noche. En todas esas horas, el perro duerme, rompe cosas, se fastidia, extraña, recorre el patio una y otra vez. La frustración, el aburrimiento, el estrés y la ansiedad son otras emociones que pueden llevar al perro a morderse el rabo e incluso a convertirse en un trastorno obsesivo. De confirmarse lo último, el problema nos indica una mala adaptación del canino a su entorno, y por tanto, sugiere que su bienestar está comprometido. Bien, si no se le ayuda, con paseos y juegos, además de agua y comida, el perro no tendrá más remedio que comerse la cola por la sola razón de llamar la atención. ¿A qué viene todo esto? A que algunos de los dirigentes del actual gobierno tienen un trastorno obsesivo que, de no ser curados, terminarán por comerse los dedos. Primero empezarán por las uñas y luego será tan grande la locura que creerán que es cordura y de ahí a comerse un dedo hay solo un paso. ¿Por qué nadie los quiere sacar a pasear? Bueno, eso ya es otra historia. Todos sabemos quién tiene el collar de ahorque en sus manos y por qué de vez en cuando les da un poco más de soga. Como se la dio al Presidente y a su comitiva en el “tan necesario” viaje a Europa. ¿Consiguieron vacunas? ¿Arreglaron la deuda? ¿Hicieron algún tipo de acuerdo para poder exportar nuestras riquezas a cambio de dólares? No, al contrario. Vinieron con una idea genial. Dejar de exportar carne. Yo sé que ver la Torre Eiffel te vuela la cabeza, ergo el Coliseo. Que caminar por París en primavera es un cuento principesco,  pero ojo que “le Champagne” se te sube a la cabeza y las burbujas te hacen pensar cualquier cosa y te lleva a un estadio difícil de transitar. Pero de ahí a prohibir exportar carne cuando lo que más necesitamos es justamente exportar lo que sea para generar que las divisas verdes entren al país… es bien distinto. Ni el mejor equipo de los últimos 30 años se animó a tal burrada.

   Faltan pocas horas para que un nuevo DNU entre en vigencia y nos acorten aún más las libertades. Y hablando de Roma, justamente la libertad es lo único en lo que piensa la Vicepresidente. Ya en los memorables años de la década ganada, ella buscaba equilibrar la balanza de la Justicia; para su lado, claro está. En el 2013, avanzaba con la idea de la democratización de la Justicia. La idea presidencial era presentar las iniciativas por etapas. “Tenemos varios proyectos en mente y los daremos a conocer oportunamente”, había anticipado Cristina en un acto en la Casa Rosada en aquel año. En ese mismo acto, la Presidente aprovechó su discurso para renovar sus críticas al Poder Judicial y anticipó que avanzará con cambios en la selección de los magistrados. También había propuesto un nuevo sistema para el juzgamiento de los jueces por mal desempeño. ¿Se acuerdan? Y pensar que algunos buenos tipos como Alberto creyeron que había cambiado. Ahora, Cristina va a fondo. Todo dependerá de las elecciones de medio término. Para ese entonces, un par de meses, las escuelas estarán abiertas, no para que los chicos vayan a estudiar pero sí para que se pueda ir a votar. Ojo, por ahora nos dejarán ir a votar. Hay que ser agradecidos. Otra que el trastorno del perro que se come el rabo si no nos dejan.

    Así también deben de estar los trabajadores del sector privado. Sufriendo el trastorno canino. Ni que contarles del trabajador informal que espera que lo llamen para ir a hacer lo que sea. Es tal la devastación económica que dan ganas de llorar. El país entró a la pandemia con una profunda crisis. La economía se contrajo casi un 10 por ciento en 2020, lo que marcó el tercer año consecutivo de recesión. Lo peor es que extrañaremos el pasado año. El poco o nulo éxito en el manejo de la pandemia ha acelerado un éxodo de la inversión extranjera, lo que ha hecho disminuir el valor del peso argentino. Eso ha incrementado los costos de importaciones y ha mantenido la tasa de inflación por encima del 40 por ciento.   Más de cuatro de cada diez argentinos están sumidos en la pobreza. Con las finanzas públicas agotadas por la impresión de papelitos de colores, Argentina debe acordar un nuevo plazo de repago por los 45.000 millones de dólares en deudas al FMI. Esa carga es el resultado del rescate financiero más reciente del fondo y el más grande en la historia de la institución (un paquete de préstamos extendidos a Argentina en 2018 por 57.000 millones de dólares). Y vuelvo a insistir. La única idea es no exportar. Genios de las finanzas, ¿de qué planeta vinieron? Hasta mi abuela que no terminó la primaria hubiese tenido un mejor plan. Pobre Guzmán. Demasiado está haciendo el muchacho. Para colmo tiene al Instituto Patria en el patio de la casa. Otra vez, la figura del perro se me cruzó por la cabeza. “Vení Guzmán vamos a pasear”, le dijo Alberto y se lo llevó a ver al Papa. 

    Por lo pronto y en futuro más cercano, vamos volver a importar gas. Vamos a seguir imprimiendo billetes fuera del país porque las maquinitas no dan más. ¿Se le podría prestar una a Amado Boudou no?, digo, se me ocurre. Estamos enfrentando la peor crisis sanitaria de la historia pero para la plana mayor, lo único importante es la realización de la Copa América y que se hagan las elecciones. Mientras todo esto sucede, Argentina poco a poco se va convirtiendo en un gran criadero de huevos que lentamente se va comiendo las gallinas.